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El baile de Mantua donde estuvo Antonio Maceo

El 23 de enero de 1896, Mantua dejó de ser un pequeño pueblo apartado de Pinar del Río para convertirse, por unas horas, en el centro simbólico de la guerra de independencia cubana. Hasta allí había llegado Antonio Maceo con la columna invasora, después de atravesar la isla de oriente a occidente en una de las campañas militares más audaces del siglo XIX cubano. La llegada no era un simple movimiento de tropas. Era la demostración de que la guerra ya no estaba encerrada en el oriente de Cuba, sino que había alcanzado el último confín occidental de la isla.

Mantua lo recibió como se recibe a una figura que ya pertenece a la leyenda. Según la memoria local, las autoridades que permanecían en el pueblo decidieron agasajarlo. Se adornaron calles, se levantaron kioscos, se vendieron bebidas y comidas de la época, y se preparó un baile en el antiguo Casino Español, fundado apenas un año antes. La escena tenía algo de paradoja histórica: un local con nombre español convertido, por una noche, en espacio de homenaje al jefe mambí que acababa de desafiar el dominio colonial.

Antes del baile hubo también un gesto simbólico: el cuadro del rey Alfonso XIII habría sido retirado del salón y en su lugar se colocó una bandera cubana. Ese detalle, transmitido por la tradición local, ayuda a entender la carga política de aquella noche. No era solamente una fiesta. Era un acto público de reconocimiento a la causa independentista en un territorio que, hasta hacía muy poco, estaba bajo vigilancia española.


Maceo entra al salón

A las nueve de la noche, Maceo entró al Casino Español acompañado por su Estado Mayor. La imagen debió ser impactante: el Titán de Bronce, afrodescendiente, general victorioso, vestido con elegancia militar, recibido entre aplausos por vecinos de un pueblo humilde. El Smithsonian recuerda a Maceo como una de las figuras más populares de la independencia cubana y un hombre que defendió la abolición de la esclavitud y el fin de los privilegios raciales.

La música comenzó. La primera pieza, según la tradición mantuana, la bailó con Julia López. Pero luego le presentaron a Nieves Catá Urquiola, una joven descrita como rubia, alta, esbelta y de ojos azules. Desde ese momento, la anécdota se volvió leyenda: Maceo habría bailado con ella no una, sino varias piezas, hasta convertirla en la figura femenina más recordada de aquella noche.

Nieves no era una joven cualquiera dentro de la historia local. Estaba comprometida con Maximiliano Quintana, un joven de ideas patrióticas que más tarde se vincularía a las fuerzas mambisas. Ese detalle alimentó con los años todo tipo de interpretaciones: la admiración, el gesto galante, la diferencia racial, los celos posibles, la mirada del pueblo y la tensión política del momento.


Lo que ocurrió después

La historia no terminó con la música. Cuando las tropas mambisas abandonaron Mantua, la situación cambió. El Ejército Libertador no podía ocupar permanentemente los pueblos, y cuando los españoles regresaban, las represalias podían caer sobre quienes hubieran mostrado simpatía por los insurrectos. Según el testimonio local que compartiste, la familia de Nieves temió por su seguridad y la sacó de Mantua de noche, en una volanta, rumbo al puerto de Los Arroyos. Desde allí habría sido embarcada en una goleta hacia La Habana.

Ese punto es clave: la salida de Nieves no debe entenderse solo como una reacción romántica o moral por haber bailado con Maceo. El contexto era mucho más grave. Haber estado cerca del jefe mambí, haber participado en un baile público en su honor o simplemente haber sido vista como simpatizante de la causa cubana podía bastar para quedar bajo sospecha.

También se cuenta que, al despedirse, Maceo entregó un pañuelo para que se lo hicieran llegar a Nieves Catá. La tradición afirma además que meses después volvió a Mantua y preguntó por ella, pero aquí conviene ser cuidadoso: el propio testimonio local aclara que ese regreso de Maceo tenía una razón militar, relacionada con pertrechos de una expedición, y no necesariamente con la joven.


Entre la historia y la leyenda

Lo más interesante de esta anécdota no es presentar a Maceo como protagonista de una historia romántica, sino entender cómo una noche de baile revela las tensiones de una época. Allí se cruzan la guerra, el prestigio militar, el miedo a España, el racismo posible, la vigilancia social sobre una mujer joven y la fuerza simbólica de un líder independentista.

Maceo no necesitó disparar un tiro aquella noche para estremecer a Mantua. Bastó su presencia. Bastó que entrara al salón. Bastó que bailara con una joven rubia de ojos azules para que el gesto quedara atrapado entre la memoria popular y la historia local.

Y quizás por eso el episodio ha sobrevivido: porque no habla solamente de un baile. Habla de un país en guerra, de un pueblo que se atrevió a celebrar al jefe mambí, y de una joven que, por una noche de contradanza, terminó convertida en parte de la leyenda de Antonio Maceo.

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