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Respuesta de Gómez a Martí que terminó marcando la historia de Cuba

En septiembre de 1892, José Martí llegó a República Dominicana inmerso de lleno en la organización de una nueva guerra por la independencia de Cuba. El Partido Revolucionario Cubano ya había sido creado y comenzaba a articular los esfuerzos revolucionarios dentro y fuera de la isla, pero todavía faltaba resolver una cuestión fundamental: quién asumiría la máxima responsabilidad en la preparación y conducción militar de aquella futura contienda.

Martí sabía perfectamente a quién quería. Su elección era Máximo Gómez, el experimentado general dominicano que había combatido durante años en la Guerra de los Diez Años y que, terminada aquella contienda, había regresado a República Dominicana. Gómez conocía la guerra en Cuba, había dirigido tropas mambisas y conservaba un enorme prestigio entre muchos de los veteranos independentistas.

El encuentro en la finca La Reforma

Martí llegó a Montecristi el 9 de septiembre de 1892 y dos días después, el 11, viajó hasta la finca La Reforma, cerca de Laguna Salada, donde se había establecido Máximo Gómez. Aquella visita tenía un propósito muy concreto: Martí quería incorporar nuevamente al viejo general a la causa cubana y convencerlo de que asumiera la responsabilidad militar del movimiento que estaba organizando.

Durante el encuentro ambos conversaron sobre los planes revolucionarios y la necesidad de preparar una nueva guerra. Martí no estaba buscando simplemente el apoyo simbólico de uno de los grandes veteranos del 68. Quería que Gómez tuviera un papel central en la organización militar y que pusiera nuevamente toda su experiencia al servicio de la independencia de Cuba.

La conversación de La Reforma abrió el camino, pero la propuesta quedaría formalizada por escrito apenas dos días después.

La carta de Martí a Gómez

El 13 de septiembre, ya en Santiago de los Caballeros, Martí escribió a Gómez en nombre del Partido Revolucionario Cubano. En aquella carta le proponía asumir como “encargado supremo del ramo de la guerra”, una responsabilidad que lo colocaba en el centro de la preparación militar de la futura contienda.

Martí sabía perfectamente lo que estaba pidiendo. No podía ofrecerle riquezas, seguridad ni grandes recompensas personales. Lo que tenía delante era una empresa llena de peligros e incertidumbres y así se lo hizo saber. En aquella carta dejó escrita una de las expresiones más fuertes de toda esta historia:

«No tengo más remuneración que brindarle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres.»

La frase resume con bastante claridad la naturaleza de aquella propuesta. Martí estaba pidiendo sacrificio para una guerra que todavía debía organizarse y cuyo desenlace nadie podía conocer. Gómez tenía ahora que decidir si estaba dispuesto a asumir nuevamente una responsabilidad enorme por la independencia de una tierra que ni siquiera era la de su nacimiento.

La respuesta de Máximo Gómez

La respuesta llegó el 15 de septiembre de 1892. Gómez contestó a Martí aceptando aquella responsabilidad y dejando claro que estaba dispuesto a incorporarse al nuevo proyecto revolucionario. Entre las palabras de su carta quedó una expresión sencilla que terminaría adquiriendo un enorme significado por todo lo que ocurrió después:

«Desde ahora puede usted contar con mis servicios.»

Detrás de aquella frase había mucho más que una aceptación formal. Gómez estaba poniendo nuevamente su experiencia militar al servicio de la causa cubana después de haber dedicado buena parte de su vida adulta a ella. Lo que en septiembre de 1892 era todavía un proyecto revolucionario terminaría convirtiéndose pocos años después en una nueva guerra.

De aquellas cartas al Manifiesto de Montecristi

Durante los años siguientes, Martí continuó trabajando en la organización política y revolucionaria mientras Gómez desempeñó un papel fundamental en los preparativos militares. Finalmente, el 24 de febrero de 1895 comenzó en Cuba la nueva insurrección independentista que Martí había denominado la Guerra Necesaria.

Un mes después, el 25 de marzo de 1895, Martí y Gómez volvieron a quedar unidos en otro documento fundamental de la historia cubana: el Manifiesto de Montecristi. Firmado en República Dominicana, el texto exponía los propósitos de la guerra que acababa de comenzar y se convirtió en una de las principales declaraciones políticas de aquella revolución.

Pocas semanas después, Gómez partió hacia Cuba y se incorporó directamente a la contienda como General en Jefe del Ejército Libertador. Desde entonces encabezaría algunas de las operaciones militares más importantes de la guerra y tendría un papel decisivo en la estrategia que llevó las acciones independentistas desde Oriente hacia el occidente de la isla.

Y vaya si cumplió el viejo general

Por eso la respuesta del 15 de septiembre de 1892 adquiere una dimensión diferente cuando se conoce todo lo que ocurrió después. Gómez no estaba pronunciando una frase para la posteridad ni haciendo una promesa cuyo significado pudiera conocer de antemano. Simplemente estaba respondiendo a Martí y aceptando una responsabilidad.

«Desde ahora puede usted contar con mis servicios.»

Y vaya si cumplió el viejo general. Aquellas palabras terminaron convirtiéndose en años de preparación, campaña militar y entrega a la causa independentista cubana. Por eso, más de un siglo después, resulta prácticamente imposible contar la historia de las guerras por la independencia de Cuba sin mencionar el nombre de Máximo Gómez.

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