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17 de mayo de 1959: Primera Ley de la Reforma Agraria en Cuba

Una firma lejos del Capitolio

La primera Ley de Reforma Agraria de Cuba no fue firmada en el Capitolio Nacional ni en un gran salón jurídico de La Habana rodeado de jueces, ministros y ceremonias republicanas. La escena ocurrió en plena Sierra Maestra, específicamente en La Plata, en medio de montañas, campesinos, rebeldes y periodistas que observaban cómo el nuevo poder revolucionario comenzaba a transformar radicalmente el país. Aquella imagen terminó convirtiéndose en uno de los momentos más simbólicos de la Revolución Cubana, porque apenas habían pasado cuatro meses desde la caída de Batista y ya el nuevo gobierno impulsaba una de las leyes más profundas y polémicas de toda la historia nacional.

Aunque oficialmente quien sancionó la ley fue el presidente Manuel Urrutia Lleó, tal como aparece en el propio documento legal —“El Consejo de Ministros ha aprobado y yo he sancionado…” —, en la práctica toda la fuerza política, mediática y revolucionaria recaía sobre Fidel Castro. Y eso ya empezaba a mostrar algo importante: el nuevo poder no se estaba legitimando únicamente a través de las instituciones tradicionales de la República, sino directamente mediante la autoridad revolucionaria nacida de la guerra en la Sierra Maestra.

El comienzo de un nuevo poder

En teoría, Cuba todavía mantenía estructuras institucionales. Existían ministros, tribunales y seguía vigente la referencia de la Constitución de 1940. Fidel Castro ni siquiera era todavía presidente de la República. Sin embargo, la Reforma Agraria dejó claro que la verdadera fuerza política ya no salía exclusivamente del aparato republicano, sino del liderazgo revolucionario. El hecho de firmar aquella ley en plena Sierra Maestra no fue casualidad. Era una declaración política y simbólica. El nuevo gobierno quería transmitir la idea de que la legitimidad nacía del triunfo armado y del apoyo popular, no de los viejos espacios institucionales asociados a la República anterior.

Por eso la escena fue cuidadosamente construida alrededor de campesinos, guerrilleros y hombres humildes del campo. La montaña servía como símbolo de la Revolución triunfante y también como contraste directo con la imagen tradicional del poder habanero. Muchos historiadores consideran que allí empezaron a verse con claridad las señales del enorme poder personal que Fidel Castro iría acumulando con el paso del tiempo.

La ley que prometía acabar con el latifundio

La Reforma Agraria fue presentada como una solución a uno de los problemas históricos del campo cubano: la enorme concentración de tierras en pocas manos. El propio texto legal denunciaba que miles de campesinos trabajaban tierras ajenas como arrendatarios, colonos o precaristas mientras una pequeña minoría poseía enormes extensiones improductivas. Según los datos citados dentro de la ley, apenas el 1.5% de los propietarios poseían más del 46% de las tierras agrícolas del país.

Por eso el Artículo 1 fue directo y contundente: “Se proscribe el latifundio.” A partir de ese momento ninguna persona natural o jurídica podría poseer más de treinta caballerías de tierra. Todo lo que excediera ese límite sería expropiado para redistribuirlo entre campesinos y obreros agrícolas. La medida golpeó directamente a grandes terratenientes cubanos, compañías azucareras y empresas estadounidenses que poseían enormes intereses agrícolas dentro de la isla.

Para muchos sectores humildes aquello representaba una medida de justicia social largamente esperada. Pero para otros significaba el inicio de una transformación económica extremadamente peligrosa que cambiaría por completo las relaciones de propiedad en Cuba.

Las expropiaciones y los bonos a 30 años

Uno de los puntos más polémicos de la ley fue el sistema de indemnización. Aunque el gobierno defendía públicamente que las tierras no serían confiscadas “sin pago”, la realidad es que las compensaciones no serían inmediatas en efectivo. El Artículo 31 establecía que las propiedades expropiadas serían pagadas mediante “Bonos de la Reforma Agraria”, emitidos por el Estado cubano a un plazo de treinta años y con intereses limitados.

Eso significaba que a muchos propietarios les quitaban las tierras en el presente mientras se les prometía un pago futuro mediante bonos estatales. Para el gobierno revolucionario aquello era una forma de financiar una transformación gigantesca sin disponer de grandes cantidades de dinero inmediato. Para los afectados, en cambio, aquello equivalía prácticamente a una confiscación disfrazada de indemnización.

Las tensiones comenzaron a crecer rápidamente, sobre todo porque muchas de las propiedades afectadas pertenecían a compañías estadounidenses vinculadas al azúcar. Por eso numerosos historiadores consideran que la Reforma Agraria fue uno de los momentos donde realmente comenzó el choque frontal entre Cuba y Estados Unidos.

El nacimiento del INRA

La ley no solo redistribuía tierras. También creó una nueva estructura con poderes enormes: el Instituto Nacional de Reforma Agraria, conocido como el INRA. El organismo tendría autoridad para administrar tierras, organizar cooperativas, supervisar créditos agrícolas, dirigir zonas de producción, coordinar censos y controlar prácticamente toda la transformación económica del campo cubano.

Poco tiempo después, Fidel Castro terminaría presidiendo el propio INRA, lo que convirtió a la institución en mucho más que un simple organismo agrícola. El INRA se transformó en uno de los grandes centros de poder político y económico de la Revolución.

Aquello también mostraba cómo el nuevo gobierno iba concentrando cada vez más funciones bajo estructuras revolucionarias propias, paralelas o superiores a muchas instituciones tradicionales de la República.

“La tierra para quien la trabaja”

Uno de los lemas más famosos de la Reforma Agraria fue la idea de entregar “la tierra para quien la trabaja”. Y durante los primeros años miles de campesinos sí recibieron parcelas, títulos y acceso a tierras que durante décadas habían trabajado sin poseer legalmente. La ley contemplaba incluso adjudicaciones gratuitas para muchos arrendatarios, colonos, aparceros y precaristas.

Para muchísimas familias rurales aquello significó un cambio real en sus vidas. Después de generaciones viviendo bajo dependencia económica, por primera vez podían acceder legalmente a una propiedad agrícola. Pero con el paso de los años el panorama comenzó a cambiar. Gran parte de la producción agrícola terminó concentrándose nuevamente, aunque esta vez bajo control estatal mediante cooperativas dirigidas por el gobierno, empresas agrícolas estatales y estructuras centralizadas.

Muchos campesinos dejaron de depender de grandes dueños privados… pero terminaron dependiendo del Estado.

Ese es uno de los debates históricos más fuertes sobre la Reforma Agraria cubana: si realmente creó una clase campesina independiente o si terminó sustituyendo el viejo poder económico privado por un sistema de control estatal mucho más amplio.

Rebeliones campesinas y represión

La Reforma Agraria también provocó fuertes resistencias en distintas zonas rurales. Algunos antiguos propietarios reaccionaron contra las expropiaciones, pero también surgieron campesinos que inicialmente habían apoyado la Revolución y que luego comenzaron a desconfiar del creciente control estatal sobre la agricultura y la vida rural.

En regiones montañosas como el Escambray aparecieron movimientos armados y focos de resistencia que terminaron enfrentándose directamente al gobierno revolucionario. La respuesta del Estado fue extremadamente dura. Hubo encarcelamientos, persecuciones y fusilamientos. Para el nuevo poder revolucionario, cualquier oposición en el campo representaba una amenaza política y militar que debía ser eliminada.

Con el tiempo, aquella ley que había sido presentada como un símbolo de libertad para el campesinado terminó convirtiéndose también en el inicio de una enorme centralización del poder económico y político sobre el campo cubano.

La firma que cambió la historia de Cuba

La imagen de Fidel Castro firmando documentos en una mesa improvisada en plena Sierra Maestra terminó convirtiéndose en una de las fotografías más importantes de la historia revolucionaria cubana. Pero aquella firma no fue solamente una reforma agrícola. Fue el comienzo de una transformación mucho más profunda que alteraría para siempre la estructura económica, política y social del país.

Ahí comenzó el desmantelamiento definitivo del viejo sistema de propiedad rural cubano. Ahí comenzó también el crecimiento del poder revolucionario por encima de muchas instituciones republicanas. Y para numerosos historiadores, ahí empezó el camino hacia el enfrentamiento irreversible entre Cuba y Estados Unidos.

Todo comenzó el 17 de mayo de 1959, con una firma realizada en medio de la Sierra Maestra.

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