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Kid Chocolate: leyenda del boxeo mundial

El 8 de agosto de 1988 fallecía en La Habana Eligio Sardiñas Montalvo, el hombre que el mundo del boxeo conoció simplemente como Kid Chocolate. Habían pasado décadas desde sus noches de gloria en Nueva York, pero su nombre seguía asociado a una época en la que un joven cubano salido de uno de los sectores más humildes de La Habana consiguió convertirse en una celebridad internacional.

Su historia resulta extraordinaria no solamente por lo que consiguió dentro del ring. Kid Chocolate conoció prácticamente todos los extremos posibles: pobreza y riqueza, anonimato y fama, disciplina deportiva y excesos, grandes escenarios internacionales y unos últimos años muy alejados del esplendor que había conocido.

Un niño pobre de El Cerro

Eligio Sardiñas nació en El Cerro, en La Habana, en 1910, aunque existen discrepancias históricas sobre la fecha exacta de su nacimiento. Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas y por la muerte temprana de su padre.

Desde muy joven tuvo que trabajar. Fue limpiabotas, vendedor de periódicos y realizó diferentes labores para ayudar a sostenerse. El muchacho que años después sería recibido por multitudes comenzó con muy poco y encontró en el boxeo una posibilidad para transformar su vida.

Alrededor de aquellos primeros años existen numerosas historias que con el tiempo han pasado a formar parte de la leyenda de Kid Chocolate. Se cuenta que llegó a dormir cerca o debajo del ring para mantenerse vinculado al gimnasio y que en ocasiones entrenaba o combatía después de haber comido muy poco.

También se ha repetido durante décadas la historia de los combates relacionados con la venta de periódicos, donde ganar significaba recibir ejemplares que después podía vender en las calles. Más allá de cuánto haya sido adornado posteriormente por la memoria popular, el contexto que rodeó su infancia está claro: Kid Chocolate surgió de un ambiente de pobreza y tuvo que trabajar desde pequeño.

El boxeo como salida

Chocolate comenzó a llamar la atención desde muy joven. Las fuentes históricas discrepan sobre la cantidad exacta de peleas que disputó durante su etapa amateur, y algunas estadísticas difundidas durante su carrera parecen haber sido exageradas con fines promocionales. Sin embargo, no existe demasiada discusión sobre lo esencial: desde sus primeros años mostró unas condiciones extraordinarias para boxear.

No era simplemente un hombre que golpeaba fuerte. Su principal ventaja estaba en la combinación de velocidad, movimientos, reflejos, coordinación e inteligencia.

Además, hacía algo sorprendentemente moderno para aquellos años: estudiaba películas de otros grandes boxeadores. Observaba sus movimientos, analizaba determinados recursos técnicos y después intentaba incorporarlos a su propio repertorio.

Aquello convirtió a Kid Chocolate en algo más que un peleador naturalmente talentoso. Era también un estudiante del boxeo.

Nueva York descubre al cubano

En 1928 viajó a Estados Unidos y comenzó una etapa que transformaría definitivamente su vida.

Nueva York era entonces uno de los grandes centros mundiales del boxeo profesional, y el cubano comenzó rápidamente a llamar la atención. En cuestión de meses dejó de ser aquel muchacho desconocido procedente de El Cerro para convertirse en una importante atracción de taquilla.

Uno de los mejores ejemplos ocurrió en 1929. Una de sus presentaciones en el Polo Grounds reunió a más de 66.000 espectadores y produjo una recaudación superior a los 215.000 dólares, cantidades extraordinarias para la época.

Kid Chocolate ya no era simplemente un buen boxeador cubano. Se había convertido en espectáculo.

Su consagración definitiva llegaría en 1931, cuando derrotó a Benny Bass y conquistó el campeonato mundial junior ligero. Posteriormente también alcanzaría reconocimiento mundial en la división pluma.

El niño que había vendido periódicos en La Habana estaba peleando en algunos de los escenarios más importantes del planeta.

Una velocidad convertida en leyenda

Quienes estudiaron su estilo destacaron especialmente su velocidad. Kid Chocolate podía desplazarse, esquivar, entrar y salir de la distancia y lanzar combinaciones con una fluidez extraordinaria para su época.

Su rapidez terminó incluso produciendo una de las historias más curiosas asociadas a su carrera.

Antiguos boxeadores de Harlem contaron años después que Chocolate llegó a utilizar guantes blancos para facilitar que los jueces pudieran distinguir sus rapidísimos golpes.

La anécdota existe y fue recogida posteriormente por la fotógrafa Martine Barrat, pero debe tratarse como lo que es: un relato transmitido por personas que conocieron aquella época, no como prueba de que los guantes blancos fueran inventados específicamente para Kid Chocolate.

Precisamente esa mezcla entre realidad y leyenda demuestra hasta dónde llegó su fama.

Kid Chocolate fuera del ring

La personalidad de Eligio Sardiñas tampoco terminaba cuando sonaba la campana.

La riqueza transformó radicalmente la vida del muchacho pobre de El Cerro. Nueva York le ofreció dinero, ropa, fiestas, mujeres y una vida nocturna que disfrutó intensamente.

Su elegancia se convirtió en parte de su personaje. Fotografías de aquellos años muestran a un Kid Chocolate extraordinariamente cuidadoso con su apariencia, vestido siguiendo las tendencias de una época en la que los grandes deportistas comenzaban a convertirse también en celebridades sociales.

Ya no representaba solamente el éxito deportivo. Kid Chocolate proyectaba una imagen de sofisticación, riqueza y triunfo que contrastaba completamente con sus orígenes.

Pero aquella vida tuvo un costo.

Cuando comenzó la caída

A comienzos de la década de 1930 empezaron a aparecer señales de deterioro. Su disciplina fuera del ring no siempre acompañó a su extraordinario talento y las noches de fiesta terminaron mezclándose con problemas de salud.

Entre las enfermedades que sufrió estuvo la sífilis, una infección particularmente seria en una época anterior a la utilización generalizada de la penicilina como tratamiento.

Para 1933 su carrera había comenzado a descender. Continuó peleando durante algunos años e incluso consiguió numerosas victorias, pero ya no era exactamente aquel Kid Chocolate que había maravillado al público estadounidense.

Su última etapa como boxeador llegó hasta 1938.

Había pasado aproximadamente una década desde que aquel joven cubano desembarcó en Estados Unidos buscando una oportunidad.

Del dinero a una vida mucho más modesta

Las enormes cantidades de dinero que generó durante sus mejores años no garantizaron una vejez rodeada del mismo lujo.

Parte de sus ganancias desaparecieron entre gastos, fiestas y una vida extraordinariamente intensa. Tras abandonar el boxeo regresó a Cuba y su realidad económica terminó siendo mucho más modesta que la que había disfrutado durante sus años de gloria.

Sin embargo, había algo que el dinero perdido no podía borrar: su lugar dentro de la historia del deporte.

Kid Chocolate había abierto un camino.

Su influencia trascendió incluso a Cuba. Su manera de desplazarse, su elegancia y su concepción técnica del boxeo fueron admiradas por generaciones posteriores de peleadores.

La muerte de Kid Chocolate

Eligio Sardiñas falleció en La Habana el 8 de agosto de 1988, a los 77 años según la fecha de nacimiento de 1910 aceptada por numerosas fuentes.

Su muerte cerró físicamente una historia que había comenzado décadas antes en las calles de El Cerro, pero para entonces Kid Chocolate ya pertenecía a otro territorio: el de las leyendas deportivas.

Tres años después de su fallecimiento, en 1991, fue incorporado al International Boxing Hall of Fame.

El reconocimiento resultaba lógico. Más allá de las diferencias existentes entre los registros estadísticos de su carrera, las fuentes coinciden en algo mucho más importante: Kid Chocolate fue uno de los grandes artistas del ring de su generación.

“El boxeo soy yo”

Kid Chocolate solía resumir su confianza con una frase que terminó identificándolo: “El boxeo soy yo”.

Puede parecer arrogante hasta que se observa la dimensión de lo que consiguió.

Un muchacho pobre de El Cerro, vendedor de periódicos y limpiabotas, consiguió viajar a Estados Unidos, llenar grandes escenarios, ganar campeonatos mundiales y convertirse en una celebridad internacional en una época en la que alcanzar semejante reconocimiento era todavía más difícil para un deportista negro y latinoamericano.

Su vida también tuvo contradicciones. El mismo hombre capaz de estudiar meticulosamente películas de sus rivales podía entregarse después a una vida de excesos. Ganó cantidades extraordinarias de dinero y terminó viviendo con mucha mayor modestia. Conoció la cima y también el descenso.

Quizás precisamente por eso su historia continúa siendo fascinante.

Kid Chocolate no fue solamente un campeón cubano. Fue uno de esos personajes que consiguieron convertir el deporte en espectáculo y su propia vida en leyenda

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