La historia de La Chambelona parece comenzar con una simple canción popular, pero detrás de aquel estribillo se encuentra uno de los episodios políticos y militares más peculiares de los primeros años de la República de Cuba. Unas elecciones cuestionadas, denuncias de fraude, antiguos generales mambises enfrentados, unidades militares sublevadas y la presencia de buques estadounidenses terminaron formando parte de una crisis que estalló cuando el país todavía no había cumplido quince años como República.
Los dos grandes nombres que terminaron simbolizando aquella confrontación fueron Mario García Menocal y José Miguel Gómez. Ambos habían sido generales del Ejército Libertador y habían participado en la lucha contra España, pero después de la independencia siguieron caminos políticos diferentes. Menocal llegó a la presidencia en 1913, mientras que José Miguel Gómez ya había ocupado el mismo cargo entre 1909 y 1913. Pocos años después, aquellos antiguos compañeros de una causa común quedarían situados en lados opuestos de una rebelión.
Las elecciones presidenciales de 1916
Mario García Menocal llegó a las elecciones de 1916 como presidente y candidato a la reelección por el Partido Conservador. Frente a él estaba Alfredo Zayas, candidato del Partido Liberal, respaldado por importantes figuras de esa organización, entre ellas José Miguel Gómez. La elección general se celebró el 1 de noviembre de 1916, pero las irregularidades y denuncias impidieron que la disputa quedara resuelta de manera sencilla.
Las acusaciones de fraude, intimidación y manipulación electoral fueron parte fundamental de aquella crisis y no estuvieron limitadas exclusivamente a un partido. La documentación diplomática estadounidense de la época refleja denuncias y sospechas sobre las prácticas electorales de ambos bandos. La disputa llegó a las instituciones cubanas y se ordenaron nuevas votaciones en distritos donde los resultados habían sido cuestionados. Todavía en febrero de 1917 se estaban realizando elecciones complementarias en Santa Clara y quedaban pendientes las de Oriente.
Este detalle resulta fundamental para comprender lo que ocurrió después, porque la rebelión no comenzó meses después de haberse cerrado completamente el proceso electoral. Estalló mientras todavía existía una disputa sobre parte de los resultados y mientras los mecanismos legales intentaban resolverla. Washington seguía muy de cerca aquellos acontecimientos y defendía que las diferencias electorales se solucionaran mediante las instituciones y las elecciones complementarias previstas.
La Chambelona entra en la campaña política
En medio de aquella confrontación apareció una canción que terminaría sobreviviendo a prácticamente todos sus protagonistas. La Chambelona era una melodía popular que fue adoptada por los liberales durante la campaña electoral y cuyos versos podían adaptarse para elogiar candidatos o burlarse de sus adversarios. La música se convirtió así en una herramienta de propaganda política que podía escucharse en actos, comparsas y celebraciones.
Su relación con la política llegó a ser tan fuerte que durante el gobierno de Menocal se tomaron medidas para impedir su interpretación pública y restringir las comparsas asociadas con ella. La prohibición contribuyó a aumentar su simbolismo entre los adversarios del gobierno y convirtió una melodía festiva en una forma de identificación política.
Lo extraordinario es que aquella música no solamente sobrevivió en testimonios escritos. Existen grabaciones realizadas durante la propia campaña de 1916, entre ellas la del Coro Chambelona, registrada en La Habana el 25 de octubre, apenas una semana antes de las elecciones. Por eso hoy podemos escuchar un sonido directamente relacionado con aquella campaña y no simplemente una reconstrucción musical realizada décadas después.
De una crisis electoral a una rebelión
La tensión política terminó desbordando las instituciones en febrero de 1917. Sectores liberales se levantaron en armas y José Miguel Gómez asumió un papel central en la dirección militar del movimiento. Alfredo Zayas había sido el candidato presidencial liberal, pero fue Gómez, antiguo presidente y general del Ejército Libertador, quien quedó asociado directamente con la insurrección.
El levantamiento adquirió rápidamente una dimensión mayor de la que podría sugerir el nombre con el que posteriormente sería recordado. No se trató simplemente de civiles descontentos tomando las calles, porque hubo miembros de las fuerzas armadas que desertaron y se incorporaron a los rebeldes. El movimiento consiguió además establecer posiciones importantes en zonas de Camagüey y Oriente, mientras otros focos aparecían en Las Villas. Una investigación académica sobre la República cubana identifica precisamente La Chambelona como una rebelión del Partido Liberal contra Menocal en el contexto electoral de 1917.
La magnitud del levantamiento hizo que la canción utilizada durante la campaña adquiriera un significado completamente diferente. La Chambelona dejó de estar relacionada únicamente con mítines y propaganda electoral y terminó asociándose con los hombres que se habían levantado contra el gobierno. De ahí surgió el nombre popular con el que el conflicto quedaría en la memoria cubana: la Guerrita de La Chambelona, conocida también como la Guerrita de Febrero.
Una guerra más seria de lo que su nombre parece indicar
El diminutivo de “guerrita” puede transmitir una imagen equivocada de lo ocurrido. La rebelión llegó a controlar posiciones importantes y alteró comunicaciones, ferrocarriles, actividad económica y funcionamiento gubernamental en varias regiones. La preocupación más seria para Menocal era que la insurrección pudiera provocar nuevas deserciones dentro del ejército y transformarse en un levantamiento militar de mayores proporciones.
Menocal conservaba, sin embargo, una ventaja decisiva al controlar el gobierno central y mantener la lealtad de una parte importante de las fuerzas armadas. El gobierno pudo reorganizar tropas y trasladarlas hacia las regiones donde operaban los rebeldes, mientras la insurrección necesitaba extenderse y obtener nuevos apoyos antes de que las fuerzas gubernamentales consiguieran concentrarse contra ella.
Aquella situación recordaba inevitablemente otro episodio de la joven República. En 1906, una crisis provocada también por unas elecciones disputadas había terminado en una rebelión liberal y posteriormente en una intervención estadounidense. José Miguel Gómez había participado en aquel movimiento y los acontecimientos terminaron favoreciendo políticamente a los liberales. Once años después, el precedente de 1906 estaba presente tanto para los dirigentes cubanos como para Washington.
La crisis llega a Washington
Estados Unidos tenía una influencia extraordinaria sobre la República cubana de aquellos años. La Enmienda Platt seguía vigente y establecía un marco que permitía a Washington intervenir en determinadas circunstancias relacionadas con la independencia cubana, la estabilidad gubernamental y la protección de vidas y propiedades. Por eso cualquier insurrección de grandes dimensiones en Cuba inevitablemente provocaba una reacción estadounidense.
Washington dejó claro que no favorecería a un movimiento que pretendiera sustituir al gobierno mediante las armas y defendió que la disputa electoral continuara resolviéndose por los procedimientos institucionales. Resulta interesante que algunos partidarios de Zayas buscaron precisamente una intervención estadounidense, esperando posiblemente una solución parecida a la ocurrida después de la crisis de 1906. Estados Unidos rechazó esa posibilidad y mantuvo el reconocimiento del gobierno encabezado por Menocal.
Esa posición afectaba las posibilidades políticas de los insurrectos porque una eventual victoria militar no garantizaba que el nuevo poder fuera reconocido internacionalmente. Sin embargo, tampoco sería correcto afirmar que Estados Unidos permaneció completamente al margen de los acontecimientos, porque la crisis produjo movimientos militares estadounidenses alrededor de Cuba.
La Marina estadounidense aparece en aguas cubanas
Al agravarse la situación, Washington movilizó unidades navales hacia puntos estratégicos de la isla. Documentos oficiales del Departamento de Estado registran el envío de buques hacia La Habana y Santiago de Cuba, así como la presencia del USS Petrel en Santiago. Posteriormente fueron movilizados otros barcos, entre ellos el USS Machias y el USS Dixie. La documentación diplomática de 1917 forma parte del registro oficial de la política exterior estadounidense conocido como Foreign Relations of the United States.
La actuación estadounidense tuvo como justificación principal la protección de ciudadanos, propiedades e intereses de Estados Unidos y la seguridad de determinados puntos estratégicos. En Santiago, por ejemplo, el USS Petrel intervino ante el intento de bloquear la entrada del puerto mediante el hundimiento de embarcaciones. También se produjeron desembarcos limitados de fuerzas estadounidenses durante la crisis.
Por eso resulta necesario matizar la afirmación de que Estados Unidos “no intervino”. No ocurrió una ocupación general de Cuba comparable con la intervención de 1906 y Washington rechazó las peticiones de quienes querían que interviniera para resolver la disputa electoral en favor de los liberales. Al mismo tiempo, Estados Unidos ejerció presión diplomática, movilizó unidades navales y realizó acciones militares limitadas para proteger sus intereses durante el conflicto. La historiografía contemporánea de la propia época diferenciaba precisamente entre esa actuación y una intervención estadounidense destinada a decidir quién debía gobernar Cuba.
Menocal pasa al contraataque
Mientras los liberales intentaban mantener y ampliar la insurrección, el gobierno concentró sus fuerzas contra José Miguel Gómez. La posibilidad de que una parte considerable del ejército se pasara a los rebeldes fue disminuyendo y Menocal consiguió conservar suficientes unidades para lanzar una ofensiva contra los principales focos revolucionarios.
El gobierno tenía además una ventaja logística importante: podía utilizar parte de la infraestructura ferroviaria para mover rápidamente soldados entre provincias. Tropas gubernamentales, incluidas unidades de caballería, fueron desplazadas para enfrentarse a los hombres de Gómez. La rebelión que durante sus primeros días había parecido capaz de convertirse en una amenaza nacional comenzó a quedar cada vez más aislada.
La posición estadounidense también contribuía al problema de los rebeldes. La experiencia de 1906 podía haber alimentado la expectativa de que una gran crisis terminaría provocando una intervención que obligara a reorganizar el gobierno, pero en 1917 Washington tomó una posición diferente. Un análisis publicado entonces en The American Journal of International Law señalaba que Estados Unidos se negó a intervenir como solicitaban algunos partidarios de Zayas y que Menocal tomó medidas militares para aplastar el levantamiento.

La captura de José Miguel Gómez
El momento decisivo llegó el 8 de marzo de 1917. Las fuerzas gubernamentales consiguieron derrotar al contingente encabezado por José Miguel Gómez en la zona de Placetas. El antiguo presidente fue capturado junto con miembros de su estado mayor y numerosos seguidores, lo que significó un golpe enorme para la dirección y la capacidad militar de la rebelión.
La captura de Gómez no significó que absolutamente todos los rebeldes desaparecieran aquel mismo día. Algunos focos continuaron activos durante las semanas siguientes, especialmente en el este del país, pero el movimiento había perdido a su figura militar más importante y el gobierno fue recuperando progresivamente el control. La insurrección terminó siendo derrotada y las elecciones pendientes pudieron continuar dentro del marco institucional que Washington había defendido desde el comienzo de la crisis.
Menocal permaneció en la presidencia y comenzó su segundo mandato en mayo de 1917. José Miguel Gómez sobrevivió a la derrota y al encarcelamiento, y la crisis no desembocó en una eliminación física de la oposición liberal. La política cubana continuaría siendo intensamente conflictiva, pero la República había conseguido superar aquella insurrección sin repetir exactamente el desenlace de 1906, cuando una crisis electoral había terminado con una ocupación estadounidense.
Dos generales mambises enfrentados en una República joven
Quizás el aspecto más simbólico de La Chambelona sea quiénes estaban en los lados opuestos del conflicto. Mario García Menocal y José Miguel Gómez no eran solamente dos políticos disputándose el poder. Ambos pertenecían a la generación que había participado en las guerras por la independencia y ambos habían alcanzado el grado de general dentro del Ejército Libertador.
En 1917, sin embargo, uno estaba en el Palacio Presidencial intentando conservar el orden y defender la continuidad de su gobierno, mientras el otro recorría nuevamente los campos cubanos acompañado por hombres armados. La diferencia era enorme respecto a la guerra que habían conocido en su juventud, porque esta vez el adversario no era el ejército colonial español, sino otros cubanos surgidos de la misma República.
La situación revela una de las grandes dificultades de los primeros años republicanos. La generación que había aprendido a resolver la cuestión de la independencia mediante una guerra debía adaptarse ahora a un sistema en el que las disputas por el poder tenían que resolverse mediante elecciones, tribunales, Congreso y alternancia política. Cuando esos mecanismos perdían credibilidad o una parte consideraba que habían sido manipulados, la tentación de regresar a las armas seguía estando presente.
La Chambelona como retrato de una época
Reducir aquella historia a una simple rebelión de perdedores electorales tampoco permite comprenderla completamente. Existieron denuncias reales de irregularidades electorales y mecanismos institucionales que intentaron corregir resultados cuestionados. Al mismo tiempo, el recurso a una insurrección armada colocó nuevamente al país ante la posibilidad de que una disputa política terminara decidiéndose mediante la fuerza.
También estaba presente el problema de la soberanía. Cuba poseía su gobierno, su Constitución, sus partidos y sus fuerzas armadas, pero la Enmienda Platt otorgaba a Estados Unidos una influencia extraordinaria sobre la estabilidad política de la isla. La reacción de Washington podía modificar los cálculos tanto del gobierno como de los rebeldes, y los acontecimientos de 1917 demostraron que ningún actor importante de la política cubana podía ignorar esa realidad.
La Chambelona terminó convirtiéndose en una fotografía de todas esas contradicciones. En una misma historia aparecen elecciones y fraude, tribunales y fusiles, propaganda política y música popular, antiguos mambises convertidos en presidentes, militares que cambiaban de bando y buques estadounidenses acercándose a las costas cubanas. Incluso su nombre conserva esa contradicción, porque una melodía festiva terminó identificando una rebelión armada.
Cuando comenzaron los levantamientos de febrero de 1917 todavía no habían transcurrido quince años desde el establecimiento de la República el 20 de mayo de 1902. Hombres que habían combatido juntos para conseguir la independencia terminaron enfrentándose nuevamente con las armas para resolver una crisis nacida dentro del país que habían ayudado a crear. La Chambelona recuerda así que fundar una República podía ocurrir en una fecha determinada, pero construir instituciones capaces de sobrevivir a sus conflictos era una tarea mucho más larga.







