El 20 de agosto de 1900 nació en Guanabacoa una mujer para la que aparentemente no era suficiente una sola definición. Rita Montaner fue cantante, pianista, actriz de teatro, figura de la radio, estrella del cine y posteriormente de la televisión. Transitó desde la música lírica hasta las expresiones más populares y afrocubanas con una naturalidad que terminó convirtiéndose en una de las características esenciales de su carrera.
Su importancia no radica únicamente en haber triunfado en muchos medios. Rita apareció en momentos decisivos de la transformación del espectáculo cubano durante la primera mitad del siglo XX y logró mantenerse vigente mientras cambiaban los escenarios, los públicos y hasta las tecnologías de comunicación.
De Guanabacoa al conservatorio
Rita Aurelia Montaner Facenda nació en Guanabacoa, uno de los territorios de mayor riqueza cultural de La Habana. Allí convivían tradiciones musicales, religiosas y populares de diferentes orígenes, especialmente aquellas vinculadas a la herencia africana que dejaron una profunda huella en la identidad cultural de la localidad.
Su formación, sin embargo, fue rigurosamente académica. Estudió en el Conservatorio Peyrellade y se graduó como pianista en 1917 después de estudiar solfeo, teoría musical, armonía, piano y canto.
Rita tenía condiciones para desarrollar una carrera alrededor del piano, pero terminó encontrando en su voz, su capacidad interpretativa y su presencia escénica un territorio mucho mayor.

Una artista que llegó junto con la radio
Cuando la radio comercial comenzaba a cambiar la sociedad cubana, Rita Montaner ya estaba allí. El 10 de octubre de 1922 participó en la transmisión inaugural de la emisora PWX, considerada un acontecimiento fundamental en el nacimiento de la radiodifusión comercial en Cuba.
Durante las décadas siguientes, la radio se convirtió en uno de los grandes escenarios de Rita, pero nunca fue el único. Su carrera abarcó teatro, zarzuela, cabaré, cine y posteriormente televisión. También actuó fuera de Cuba y desarrolló una trayectoria internacional que la llevó a escenarios de ciudades como París, Nueva York y Ciudad de México.
Aquella versatilidad era una de sus mayores fortalezas. Rita podía interpretar repertorio lírico y, poco después, entrar de lleno en la música popular cubana sin que ninguna de las dos facetas pareciera artificial.
Rita Montaner y la primera grabación de “El manisero”
Uno de los capítulos más importantes de su carrera está relacionado con una canción que terminaría recorriendo el planeta: “El manisero”, de Moisés Simons.
Rita Montaner realizó en La Habana, en 1927, la primera grabación conocida de la pieza. Tres años después, Don Azpiazú y su Havana Casino Orchestra grabaron en Nueva York la versión que provocaría una auténtica explosión internacional y contribuiría al fenómeno conocido como “rumbamanía” en Estados Unidos.
La importancia histórica de aquellas grabaciones fue reconocida décadas después por la Library of Congress, que incorporó las versiones de Rita y de Azpiazú al National Recording Registry de Estados Unidos.
Rita estuvo así en el comienzo de la historia internacional de una de las canciones cubanas más famosas de todos los tiempos.
Entre la academia, la calle y las raíces afrocubanas
Para comprender completamente a Rita también hay que comprender Guanabacoa. La localidad fue durante generaciones uno de los grandes espacios de conservación y desarrollo de religiones y tradiciones de origen africano, incluyendo la Regla de Ocha o santería, Palo Monte y expresiones vinculadas a las sociedades abakuá.
Rita creció cerca de ese universo cultural y poseía un profundo conocimiento de sus cantos y ritmos. Testimonios conservados sobre su trayectoria muestran incluso cómo podía reconocer variantes de cantos religiosos aprendidos en Guanabacoa y llevar a músicos y compositores a escuchar determinados rituales.
Aquello ayuda a explicar una parte esencial de su capacidad artística. Su interpretación de lo afrocubano no procedía únicamente de una partitura o de una formación académica: estaba relacionada con un ambiente cultural que conocía desde su propia experiencia.
Rita podía entender el conservatorio y entender el solar. Y podía transformar ambos mundos en espectáculo.
Una lengua que también causaba problemas
Rita Montaner tampoco construyó su fama permaneciendo en silencio. Tenía carácter, utilizaba el humor y convirtió la radio en espacio para la sátira social y política.
A comienzos de los años cuarenta interpretaba a La Chismosa en RHC Cadena Azul. El programa terminó siendo suspendido en 1942 por disposición del gobierno de Fulgencio Batista. Años después regresaría con otro espacio, “Mejor que me calle”, donde interpretaba a Lengualisa y volvía a utilizar el humor para burlarse de situaciones de la vida pública.
Su personalidad artística estaba ligada precisamente a esa libertad. Rita podía ser sofisticada sobre un escenario y al mismo tiempo utilizar el lenguaje popular para conectar directamente con el público.
Rita y Bola de Nieve
Otro encuentro extraordinario de la música cubana ocurrió cuando un joven Ignacio Villa comenzó a acompañar a Rita al piano. Aquel muchacho terminaría siendo conocido mundialmente como Bola de Nieve.
Villa acompañó a Montaner y viajó con ella a México. Allí comenzó a abrirse camino como artista independiente hasta desarrollar posteriormente una de las carreras más singulares de la música cubana.
La relación entre ambos permite comprender también el lugar que Rita ocupaba entonces: no era simplemente una cantante popular, sino una figura suficientemente importante como para convertirse en plataforma internacional para otros talentos.

Una carrera imposible de encerrar en una sola categoría
La trayectoria de Rita continuó adaptándose a cada nueva época. Hizo cine en México, participó en producciones junto a figuras como Pedro Infante y regresó una y otra vez al teatro. Cuando apareció la televisión cubana, también encontró allí un nuevo escenario.
En 1956 protagonizó “La Medium”, de Gian Carlo Menotti, interpretando a Madame Flora. Después de décadas de música popular, radio, personajes humorísticos, cine y cabaré, Rita todavía podía regresar al escenario lírico y obtener reconocimiento.
Esa capacidad de movimiento explica mejor que cualquier enumeración por qué resultaba tan difícil definirla.
Rita Montaner no pertenecía completamente a un género porque había conseguido apropiarse de muchos.
¿Por qué “La Única”?
Rita Montaner murió en La Habana el 17 de abril de 1958, a los 57 años. Antes de su fallecimiento, importantes medios cubanos organizaron un homenaje en el que participaron numerosos artistas, y su entierro se convirtió en una manifestación multitudinaria.
Habían pasado más de tres décadas desde sus primeras grandes apariciones y Cuba continuaba reconociéndola como una de sus figuras esenciales.
Porque Rita consiguió algo extraordinariamente difícil: podía entrar en ambientes completamente diferentes sin dejar de ser ella misma.
Fue la única que podía pasar de la ópera al solar sin perder la clase. La única que podía moverse entre lo culto y lo popular sin perder su esencia. La única que no se dejó encasillar y una de esas figuras que, incluso después de morir, permanecen más presentes que muchas vivas.
Cuba ha tenido y seguirá teniendo extraordinarias artistas. Mejores pueden existir muchas.
Pero “La Única” solo hubo una.
Y fue Rita Montaner.







