La historia de Juan Rius Rivera resulta difícil de encerrar dentro de las fronteras de un solo país. Nació puertorriqueño, dedicó buena parte de su juventud y madurez a la independencia de Cuba, alcanzó uno de los grados más altos del Ejército Libertador, participó en la resistencia de Baraguá, combatió junto a Antonio Maceo, asumió responsabilidades militares en Pinar del Río después de la muerte del Titán de Bronce y, cuando terminó la guerra, cambió el campo de batalla por la política y participó en la construcción institucional de la nueva República cubana.
Su historia tampoco terminó en Cuba. Después de abandonar definitivamente la isla se estableció en Honduras, donde llegó a convertirse en una figura importante del mundo empresarial y financiero. Su vida terminó así conectando de una manera poco común a Puerto Rico, Cuba y Honduras.
De Mayagüez a la revolución
Juan Rius Rivera nació el 26 de agosto de 1848 en Río Cañas Abajo, Mayagüez, Puerto Rico. Era hijo de Eusebio Rius y Ramona Rivera y creció en una familia vinculada a la producción cafetalera. Su situación económica le permitió recibir una educación que no estaba al alcance de la mayoría de los jóvenes puertorriqueños de su época. Estudió en Barcelona y posteriormente comenzó la carrera de Derecho en Madrid, aunque no llegaría a terminarla.
Pero aquellos fueron también años de enorme agitación política en las últimas posesiones españolas de América. En Puerto Rico había comenzado a desarrollarse un movimiento independentista influido por figuras como Ramón Emeterio Betances, y Rius Rivera terminó involucrándose en esas ideas.
Su nombre quedó relacionado con el Grito de Lares del 23 de septiembre de 1868, el intento revolucionario que buscó proclamar la independencia de Puerto Rico de España. Algunas fuentes lo identifican como integrante de la célula revolucionaria de Mayagüez conocida como Capa Prieto, vinculada a Matías Brugman.
La insurrección fue derrotada rápidamente, pero para Rius Rivera aquello no significó el abandono de la causa independentista. La revolución que había fracasado en Puerto Rico estaba comenzando prácticamente al mismo tiempo en otra isla del Caribe.
Cuba.

La independencia que no pudo buscar en Puerto Rico la buscó en Cuba
Apenas unas semanas después del Grito de Lares, el 10 de octubre de 1868 comenzó en Cuba la Guerra de los Diez Años. Rius Rivera terminaría trasladándose a la isla en 1870 para incorporarse al Ejército Libertador.
No llegó a Cuba convertido en una gran figura militar. Fue construyendo su prestigio dentro de la propia guerra. Inicialmente estuvo vinculado a las fuerzas de José Inclán Risco y posteriormente pasó a combatir bajo las órdenes de Calixto García.
La confianza que consiguió ganar puede medirse por las responsabilidades que comenzaron a entregarle. Calixto García le confió el mando del Primer Regimiento Holguín y para 1874 Rius Rivera dirigía el Regimiento de Caballería Céspedes.
También combatió bajo las órdenes de Máximo Gómez y resultó herido durante las operaciones desarrolladas en Las Villas.
Su historia comenzaba a convertirse en algo extraordinario: aquel joven que había participado en el movimiento independentista puertorriqueño estaba haciendo carrera militar dentro de la revolución cubana.
Rius Rivera y la Protesta de Baraguá
Uno de los capítulos más importantes de su primera etapa cubana llegó en 1878.
Después de casi diez años de guerra, buena parte del movimiento independentista aceptó el Pacto del Zanjón. España ofrecía determinadas reformas y el fin de las hostilidades, pero Cuba no obtenía la independencia por la que se había iniciado la guerra.
Antonio Maceo se negó a aceptar aquellas condiciones.
El 15 de marzo de 1878 ocurrió la histórica Protesta de Baraguá, cuando Maceo comunicó personalmente al general español Arsenio Martínez Campos su rechazo a una paz que no reconociera la independencia.
Juan Rius Rivera estuvo allí.
Los testimonios históricos sobre aquella jornada lo incluyen entre los oficiales que acompañaron a Maceo. Después de la protesta, cuando se reorganizaron las fuerzas dispuestas a continuar combatiendo, Rius Rivera quedó al frente de las fuerzas correspondientes a Holguín.
Su participación fue incluso más allá del terreno militar. Su nombre aparece entre los cinco integrantes de la comisión asociada a la redacción de la llamada Constitución de Baraguá, un brevísimo documento de seis artículos que organizaba políticamente la continuación de la resistencia.
De esta manera, décadas antes de convertirse en vicepresidente de la Asamblea Constituyente de 1901, Rius Rivera ya había participado en otro momento constitucional de la historia independentista cubana.
La resistencia posterior a Baraguá, sin embargo, no podía mantenerse indefinidamente. Escaseaban los hombres, las armas y las municiones. Rius Rivera terminó abandonando Cuba y, después de pasar por Europa, se estableció durante un tiempo en Honduras.
Parecía el final de su vida como mambí.
No lo fue.
Casi veinte años después volvió a la guerra
Cuando comenzó la Guerra de Independencia de 1895, Juan Rius Rivera ya no era aquel joven revolucionario de veinte años relacionado con Lares. Habían pasado décadas y había construido una vida fuera de Cuba.
Aun así decidió regresar a la lucha.
En 1896 fue enviado hacia la región más occidental de Cuba, donde Antonio Maceo desarrollaba una durísima campaña contra las fuerzas españolas.
Rius Rivera llegó a Pinar del Río el 8 de septiembre de 1896 en una expedición transportada por el vapor Three Friends. No se trataba solamente de llevar nuevos combatientes. La expedición transportaba un importante cargamento de armas y municiones destinado al Ejército Libertador.
Las fuentes describen centenares de fusiles Remington, Mauser y Lee, aproximadamente medio millón de cartuchos, explosivos y otros pertrechos militares.
El desembarco se realizó por María la Gorda, cerca del cabo de San Antonio.
Rius Rivera se incorporó entonces a las fuerzas de Antonio Maceo y participó en numerosos combates de la campaña pinareña, entre ellos acciones en Montezuelo, Tumbas de Estorino, Isabel María, Ceja del Negro, Soroa, El Rosario y otros puntos de la provincia.
El puertorriqueño que ocupó el lugar dejado por Maceo
La muerte de Antonio Maceo el 7 de diciembre de 1896 creó uno de los mayores vacíos militares de toda la Guerra de Independencia.
Rius Rivera quedó entonces estrechamente vinculado al mando de las fuerzas que operaban en Pinar del Río. Su ascenso dentro de la jerarquía mambisa fue rapidísimo durante aquellas semanas finales de 1896.
El Consejo de Gobierno lo ascendió a General de División el 16 de diciembre, reconociéndole antigüedad desde septiembre, y el 31 de diciembre alcanzó el grado de Mayor General.
Era el grado militar más alto alcanzado por un puertorriqueño dentro del Ejército Libertador cubano.
Aquello resume la dimensión que había alcanzado su figura. El hombre que había comenzado su actividad revolucionaria intentando liberar Puerto Rico se había convertido en uno de los máximos jefes militares de la revolución cubana.
Herido y capturado por España
Su etapa al frente de las fuerzas occidentales sería relativamente breve.
El 28 de marzo de 1897 resultó gravemente herido durante una acción militar en Pinar del Río y cayó prisionero de las fuerzas españolas.
Su captura adquirió repercusión internacional. Investigaciones biográficas posteriores sostienen que el exilio cubano desarrolló una campaña para evitar que fuera ejecutado y que Gonzalo de Quesada realizó gestiones diplomáticas para salvarle la vida.
Rius Rivera sobrevivió.
Primero estuvo encarcelado en La Cabaña y posteriormente fue deportado. Las fuentes secundarias no coinciden completamente al reconstruir todos sus lugares de reclusión: algunas destacan Barcelona, mientras investigaciones posteriores señalan que, tras ser condenado a cadena perpetua, terminó recluido en Ceuta.
Lo importante es que permaneció bajo control español prácticamente hasta el final de la guerra y recuperó la libertad después del desenlace del conflicto en 1898.
Pero resulta curioso lo que ocurrió después.
El militar que había pasado décadas intentando destruir el sistema colonial español terminó participando en la creación del sistema político que debía sustituirlo.
De la manigua a la Constitución de 1901
Terminada la dominación española, Cuba quedó bajo ocupación militar estadounidense mientras se organizaba la futura República.
En 1900 Rius Rivera fue elegido delegado por Pinar del Río para participar en la Convención Constituyente.
Su posición dentro de aquella asamblea demuestra nuevamente el prestigio que conservaba entre los cubanos: Juan Rius Rivera fue elegido primer vicepresidente de la Convención, presidida por Domingo Méndez Capote.
El texto de la Constitución cubana aprobado el 21 de febrero de 1901 conserva su nombre inmediatamente después del presidente de la Convención.
Resulta difícil encontrar una síntesis mejor de su trayectoria. El mismo hombre cuyo nombre aparecía vinculado a la Constitución revolucionaria de Baraguá de 1878 aparecía ahora entre los responsables de la Constitución que debía organizar la República de Cuba.
Rius Rivera y la Enmienda Platt
La creación de la República estuvo marcada por un conflicto fundamental: Estados Unidos condicionó el fin de la ocupación militar a que Cuba aceptara las disposiciones conocidas como Enmienda Platt.
Rius Rivera se opuso políticamente a aquella imposición, pero aquí existe una precisión histórica importante.
A veces se afirma simplemente que votó contra la Enmienda Platt. El registro de la votación definitiva del 12 de junio de 1901 muestra una situación diferente.
La Enmienda fue aprobada por 16 votos contra 11, mientras cuatro delegados no votaron por encontrarse ausentes. Entre esos ausentes aparece Juan Rius Rivera.
Por tanto, es más exacto afirmar que Rius Rivera estuvo enfrentado a la imposición de la Enmienda Platt, pero no figura entre los once delegados que emitieron formalmente el voto negativo en aquella votación final.
La diferencia puede parecer pequeña, pero es fundamental cuando se intenta reconstruir su historia con precisión documental.
Del Ejército Libertador al gobierno
Durante la ocupación estadounidense y los primeros años republicanos, Rius Rivera desempeñó diferentes responsabilidades públicas. Las fuentes lo relacionan con el gobierno civil de La Habana y con funciones administrativas vinculadas a Agricultura y Comercio.
Una publicación de la Biblioteca Nacional José Martí que reproduce la composición del primer gabinete durante la ocupación estadounidense lo identifica al frente de Agricultura y Comercio.
Posteriormente también desempeñó responsabilidades durante la etapa de Tomás Estrada Palma y aparece mencionado en diversas biografías en funciones relacionadas con Hacienda, Tesorería y representación diplomática.
Su trayectoria había recorrido prácticamente todo el proceso histórico cubano: conspirador independentista, soldado, oficial, general, prisionero de guerra, constituyente y funcionario público.
Sin embargo, la República que había ayudado a crear tampoco terminaría siendo el final que probablemente imaginó durante sus años en la manigua.
La segunda intervención y su salida definitiva de Cuba
La crisis política provocada por la reelección de Tomás Estrada Palma desembocó en 1906 en una nueva intervención estadounidense.
Para muchos veteranos de las guerras de independencia aquello representó una enorme frustración. Después de décadas combatiendo para terminar con el dominio español, Cuba volvía a quedar administrada temporalmente por una potencia extranjera.
Rius Rivera decidió no incorporarse al nuevo orden político surgido de aquella intervención.
En 1907 abandonó definitivamente Cuba y regresó a Honduras, país donde anteriormente había desarrollado negocios y donde tenía importantes vínculos familiares.
Comenzaba entonces una etapa de su vida completamente diferente.
El general mambí que se convirtió en empresario y banquero
La historia hondureña de Juan Rius Rivera es mucho menos conocida que su trayectoria militar cubana, pero resulta igualmente sorprendente.
Se estableció en La Ceiba, una ciudad que experimentaba una creciente actividad comercial vinculada a la costa caribeña hondureña. Allí participó en negocios relacionados con la exportación y posteriormente entró en el mundo financiero.
La documentación histórica del Banco Atlántida demuestra que Rius Rivera formó parte de su primera estructura directiva. Cuando se organizó la junta provisional de la institución en 1913, Carmelo D’Antoni apareció como presidente y Juan Rius Rivera como vicepresidente.
No fue, por tanto, simplemente un viejo general retirado viviendo sus últimos años en Centroamérica. Participó activamente en la formación de una institución financiera que tendría una larga importancia en la economía hondureña.
Investigaciones sobre su vida también lo relacionan con proyectos empresariales, agroindustriales y sociales desarrollados en La Ceiba.
El antiguo mambí se había convertido en empresario y banquero.
Tres países en una misma vida
Juan Rius Rivera murió en La Ceiba, Honduras, el 20 de septiembre de 1924, aproximadamente un mes después de cumplir 76 años.
Pero su historia tuvo un último regreso a Cuba.
En abril de 1958 sus restos fueron trasladados a La Habana y depositados en el Cementerio de Colón.
Habían pasado casi noventa años desde que aquel joven puertorriqueño llegara por primera vez a territorio cubano para incorporarse a una guerra que, en principio, no era la de su país natal.
Sin embargo, terminó haciendo de aquella causa una parte fundamental de su propia vida.
Había comenzado relacionado con el Grito de Lares en Puerto Rico. Después combatió durante la Guerra de los Diez Años en Cuba, estuvo junto a Maceo durante la resistencia de Baraguá, regresó para la guerra iniciada en 1895, alcanzó el grado de Mayor General, asumió responsabilidades militares en Pinar del Río después de la muerte del Titán de Bronce, cayó herido y prisionero, sobrevivió a las cárceles españolas y regresó para participar en la creación constitucional de la República.
Finalmente terminó sus días ayudando a desarrollar empresas e instituciones financieras en Honduras.
Por eso definir a Juan Rius Rivera únicamente como un general mambí deja fuera buena parte de lo que hizo.
Fue puertorriqueño de nacimiento, revolucionario antillano por convicción, Mayor General del Ejército Libertador cubano, constituyente de la República y empresario en Honduras.
Y quizá la mayor paradoja de su vida fue precisamente esa: comenzó luchando por una independencia que Puerto Rico no consiguió en 1868 y terminó dedicando décadas de su existencia a conseguir que otra isla del Caribe sí alcanzara la suya.







