Hay nombres que aparecen una y otra vez cuando hablamos de la historia de Cuba y otros que, pese a haber acumulado una trayectoria extraordinaria, permanecen prácticamente desconocidos. Francisco Rafael Argilagos Ginferrer pertenece a ese segundo grupo.
Médico, oftalmólogo, investigador, escritor, periodista, estudioso de las culturas indígenas y combatiente independentista, Argilagos desarrolló una vida que pasó por París, la manigua cubana, el Caribe y Colombia. Su mayor contribución científica estuvo relacionada con una técnica de iluminación para examinar el interior del ojo que sigue teniendo un principio vigente en la oftalmología moderna.
De Camagüey a las aulas de Francia
Francisco Argilagos nació el 4 de septiembre de 1838 en Camagüey, entonces Puerto Príncipe, según las referencias biográficas más utilizadas. Durante su juventud estudió con José de la Luz y Caballero en el Colegio El Salvador, una de las instituciones educativas más importantes de la Cuba del siglo XIX.
Su formación continuó en Francia. Allí obtuvo el bachillerato en 1855 y se graduó en 1860 como médico cirujano y oculista. La medicina de los ojos, que con el tiempo se consolidaría como la oftalmología moderna, se convirtió en una de sus grandes especialidades.
Argilagos llegó así a desenvolverse en el ambiente científico europeo cuando todavía era un hombre muy joven. No se limitó al ejercicio de la medicina, sino que investigó y escribió sobre las nuevas posibilidades que ofrecía el oftalmoscopio, un instrumento que había revolucionado la posibilidad de observar el interior del ojo.
El cubano detrás de la luz libre de rojo
Uno de los capítulos más interesantes de su carrera ocurrió en París en 1861. Argilagos experimentó con un filtro que impedía el paso de los rayos rojos durante el examen del fondo del ojo.
Dicho de una manera sencilla, buscaba que el médico pudiera distinguir con mayor claridad determinadas estructuras del interior del ojo. Al eliminar parte de la luz roja, algunos detalles que normalmente tenían poco contraste podían apreciarse mejor. Es lo que se conoce como luz aneritra o luz libre de rojo.
La investigación histórica sobre la medicina cubana atribuye a Argilagos la introducción de este procedimiento mediante una lente con filtro de óxido de uranio. Sus contemporáneos llegaron a referirse a ella como la “lentilla Argilagos”. El principio de utilizar luz libre de rojo continuó posteriormente en la exploración oftalmológica y está presente en equipos modernos.
Su presencia en la comunidad científica parisina tampoco fue menor. Existe constancia bibliográfica de un folleto publicado en Versalles en 1861 relacionado con la sesión inaugural y el informe de la Société Universelle d’Ophtalmologie de París, vinculado directamente a Argilagos.
Estamos hablando de un cubano que participaba en el desarrollo de la oftalmología europea cuando Cuba todavía era una colonia española.

De la medicina a la manigua
La carrera científica de Argilagos pudo haber continuado en Europa, pero su vida tomó otro camino.
Al comenzar la Guerra de los Diez Años en 1868 se incorporó al Ejército Libertador cubano. No abandonó sus conocimientos médicos: los puso al servicio de la insurrección. Pero tampoco permaneció exclusivamente detrás de una mesa de operaciones. Fue médico y combatiente, y alcanzó el grado de coronel. La historiografía médica lo recuerda como el primer oftalmólogo mambí.
En 1869 cayó prisionero. Las fuentes biográficas señalan que posteriormente tuvo que abandonar Cuba, comenzando otra etapa de su vida que lo llevaría por distintos lugares de América.
Su compromiso independentista, además, no quedó limitado a la guerra iniciada en 1868. Cuando la lucha volvió a comenzar en 1895, Argilagos estuvo nuevamente vinculado a la causa cubana. Fue detenido por las autoridades españolas y deportado a España antes de trasladarse nuevamente a Colombia.
Un médico cubano recorriendo América
El exilio convirtió a Argilagos en una figura mucho más internacional. Pasó por diferentes territorios del Caribe, Venezuela y Colombia, ejerciendo la medicina durante buena parte de ese recorrido. La literatura médica cubana sitúa esta etapa aproximadamente entre 1872 y 1899.
En Santo Tomás, entonces parte de las Indias Occidentales Danesas, llegó incluso a enfrentarse a las restricciones que impedían ejercer a médicos que no poseyeran diplomas daneses. Posteriormente estuvo en Venezuela y residió durante años en Colombia.
Pero Argilagos tenía una curiosidad intelectual que iba mucho más allá de la medicina.
El médico que también estudiaba pueblos indígenas
Durante su estancia en Colombia se interesó profundamente por las poblaciones indígenas, sus lenguas y sus costumbres. Investigaciones posteriores lo han presentado como uno de los pioneros cubanos de la antropología y de la lingüística antropológica en América.
No era solamente un estudioso que escribía desde un escritorio. Se le atribuye trabajo de campo entre comunidades indígenas y estudios lingüísticos, entre ellos un diccionario políglota relacionado con la lengua goajira.
Esta faceta resulta especialmente interesante porque demuestra la amplitud intelectual del personaje. El mismo hombre que investigaba cómo observar mejor el interior del ojo también estudiaba lenguas, culturas y sociedades americanas.
Su producción escrita fue extensa y abarcó medicina, política, historia, periodismo y estudios americanistas. Entre las obras asociadas a su legado aparecen títulos como Patria. Páginas para la historia de Cuba. 1868-1895 y Prosas selectas. Estudios americanistas.
El regreso a Cuba y el Hospital de Santiago
Terminada la Guerra de Independencia, Argilagos regresó definitivamente a Cuba.
En 1900 fue nombrado director del Hospital Civil de Santiago de Cuba. Este dato resulta especialmente simbólico: después de décadas de medicina, investigación, guerra, prisión y exilio, terminó nuevamente ejerciendo responsabilidades sanitarias en la isla por cuya independencia había combatido.
Francisco Argilagos murió el 9 de noviembre de 1908 en El Caney, Oriente. Décadas después, el propio Ministerio de Salud Pública cubano dedicaría un volumen de sus Cuadernos de Historia de la Salud Pública a estudiar su vida y su obra. La publicación apareció en 1965 y superaba las cien páginas.
Una familia ligada a la independencia
La historia de los Argilagos estuvo estrechamente vinculada al independentismo cubano. Francisco era hermano de Rafael Argilagos Ginferrer, otro médico de trayectoria extraordinaria, quien ejerció como médico y militar en México al servicio de la República de Benito Juárez durante la intervención francesa. La historiografía médica cubana considera a Rafael, y no a Francisco, candidato a ser el primer médico combatiente internacionalista cubano.
Francisco, por su parte, estaba emparentado con numerosos combatientes independentistas. Entre ellos aparece una mujer fundamental en la historia camagüeyana: Amalia Simoni. Las fuentes médicas identifican a Amalia como sobrina de Francisco Argilagos.
De esta manera, su historia también queda conectada familiarmente con Ignacio Agramonte.
Un nombre mucho menos conocido que su obra
Resulta difícil encerrar a Francisco Argilagos Ginferrer dentro de una sola profesión. Si lo presentamos únicamente como médico, dejamos fuera al mambí. Si hablamos solamente del combatiente, desaparece el científico. Si lo reducimos al oftalmólogo, olvidamos al escritor y al estudioso de las culturas indígenas americanas.
Su contribución más reconocible continúa siendo aquella investigación realizada en París sobre la luz libre de rojo. Un artículo de la Revista Cubana de Oftalmología publicado en 2017 volvió precisamente sobre este legado y destacó que su trabajo seguía siendo poco conocido a pesar de sus aportes a la especialidad.
Y quizás ahí está una de las mayores paradojas de su historia. Francisco Argilagos Ginferrer fue un cubano que alcanzó reconocimiento científico en Europa, puso sus conocimientos médicos al servicio de la independencia, recorrió América ejerciendo su profesión, investigó las culturas indígenas y dejó una amplia obra escrita.
Sin embargo, más de un siglo después de su muerte, para muchos cubanos su nombre todavía necesita presentación.







