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La Matanzas de Yucaya: una historia antes de la fundación de la ciudad

Mucho antes de que existiera la ciudad de Matanzas, antes de sus calles, sus puentes y sus edificios, aquella enorme bahía de la costa norte de Cuba ya había quedado vinculada a uno de los episodios más dramáticos narrados por los primeros cronistas españoles.

La historia nos lleva a los primeros años del siglo XVI, cuando Cuba todavía no había sido conquistada por los españoles. La expedición de Diego Velázquez que iniciaría el proceso de conquista y colonización de la isla comenzaría en 1511, pero para entonces las aguas que rodeaban Cuba ya eran recorridas por embarcaciones españolas procedentes de otros territorios del Caribe.

Fue en ese escenario donde ocurrió un episodio que, con diferentes versiones y detalles, terminaría formando parte de la explicación tradicional del nombre de Matanzas.

Un barco que no tenía a Cuba como destino

Según el relato que años después dejó Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, una embarcación había salido de Santo Domingo con dirección a las islas Lucayas.

El propósito del viaje, según sus propias palabras, era ir a “buscar indios”, expresión que debe entenderse dentro del contexto de las expediciones esclavistas que desde los primeros centros españoles del Caribe se dirigían hacia otros territorios insulares.

Cuba no era necesariamente el destino de aquellos viajeros.

El mal tiempo habría cambiado completamente sus planes. La embarcación terminó llegando accidentadamente a la costa cubana y sus ocupantes quedaron en una situación extremadamente vulnerable.

Bernal Díaz habla de más de treinta españoles y dos mujeres. Su narración sitúa el episodio cerca del lugar que posteriormente sería conocido como Matanzas y asegura que el acontecimiento fue precisamente la razón por la cual aquel puerto recibió ese nombre.

Las canoas y la emboscada

Los supervivientes necesitaban atravesar las aguas de la zona. De acuerdo con la versión transmitida por Bernal Díaz, los indígenas se ofrecieron a transportarlos utilizando sus canoas.

La situación, inicialmente pacífica, habría cambiado cuando las embarcaciones se encontraban en el agua.

Según el cronista, las canoas fueron volcadas deliberadamente y numerosos españoles murieron. Para hombres que llevaban encima ropa pesada, espadas y diferentes pertenencias, caer inesperadamente al agua podía convertirse rápidamente en una sentencia de muerte.

Bernal Díaz sostiene que sobrevivieron solamente tres hombres y una mujer. Incluso proporciona los nombres de los hombres: Gonzalo Mejía, Juan de Santisteban y Cascorro, y afirma que posteriormente llegó a conocerlos.

La importancia de su testimonio está precisamente en que no presenta el episodio simplemente como una leyenda relacionada con el nombre de una ciudad, sino como un acontecimiento del que asegura haber conocido personalmente a algunos supervivientes.

La versión de Bartolomé de las Casas

Bartolomé de las Casas, conocido por exagerar mucho algunos de sus relatos, dejó una versión todavía más dramática del acontecimiento.

Según su narración, mientras algunos españoles trataban de sobrevivir en el agua, los indígenas los golpeaban utilizando los remos de las canoas. Las Casas relata además que siete españoles consiguieron alcanzar tierra nadando y conservando sus espadas.

La historia no terminaría allí.

Según esta versión, después de llegar a una comunidad indígena fueron persuadidos para entregar sus armas. Una vez desarmados, habrían sido apresados y posteriormente ahorcados de una ceiba.

Las diferencias entre las distintas narraciones son importantes. Los cronistas no coinciden en todos los números, circunstancias ni supervivientes, algo bastante común cuando se estudian acontecimientos de comienzos del siglo XVI transmitidos posteriormente por diferentes autores.

Por eso conviene distinguir entre el núcleo histórico del episodio y cada uno de los detalles aportados posteriormente por las crónicas.

Una historia anterior a la conquista de Cuba

Hay otro elemento que hace particularmente interesante este episodio: ocurrió antes de que Diego Velázquez iniciara la conquista española de Cuba.

Por tanto, no estamos hablando todavía de una rebelión contra un gobierno colonial establecido en la isla.

Lo que encontramos es un enfrentamiento entre habitantes indígenas de Cuba y españoles que habían llegado accidentalmente a aquella región. Visto desde esa perspectiva, puede considerarse uno de los primeros episodios documentados de resistencia indígena frente a la presencia española en territorio cubano.

Las experiencias de los pueblos del Caribe con los europeos tampoco habían comenzado en Cuba. Para 1510 habían transcurrido casi dos décadas desde el primer viaje de Colón y en La Española y otras islas ya se habían producido conquistas, explotación laboral, violencia y expediciones destinadas a capturar indígenas.

Ese contexto ayuda a comprender por qué la presencia de españoles no necesariamente era interpretada por las comunidades indígenas como la llegada de simples viajeros.

¿De aquella matanza surgió realmente el nombre?

La tradición histórica ha relacionado durante siglos el nombre de Matanzas con aquel acontecimiento.

Bernal Díaz del Castillo es particularmente claro al establecer esa relación. En su obra explica que por aquel suceso se puso al lugar el nombre de puerto de Matanzas.

Bartolomé de las Casas también establece la asociación, aunque lo hace con una expresión más prudente, señalando que, según creía, de aquel caso procedía el nombre.

Sin embargo, cuando se profundiza en la historia local aparece un problema interesante: identificar exactamente el lugar del episodio y reconstruir la evolución de nombres indígenas como Guanima, Guanímar o Yucayo resulta mucho más complicado de lo que permite imaginar la tradición popular.

Investigaciones arqueológicas e historiográficas modernas han señalado que diferentes topónimos, relatos indígenas y tradiciones fueron relacionados entre sí durante los siglos posteriores. Esto obliga a tener cuidado cuando se presenta “Yucayo” como una localización absolutamente demostrada del acontecimiento.

Lo que sí resulta evidente es que el nombre Matanzas ya estaba asociado al territorio muchísimo antes de que allí se fundara oficialmente una ciudad.

Casi dos siglos antes de la ciudad

Este detalle suele provocar confusión.

Matanzas como nombre geográfico es mucho más antiguo que Matanzas como ciudad.

Durante los siglos XVI y XVII la bahía adquirió una enorme importancia estratégica. Su posición relativamente cercana a La Habana y las características naturales de su puerto la convertían en un punto que debía ser vigilado.

A finales del siglo XVII la Corona española decidió establecer allí una población permanente y acompañarla de un sistema defensivo. Investigaciones realizadas a partir de documentación del Archivo General de Indias muestran que el proceso de fundación estuvo estrechamente relacionado con la necesidad de fortificar y controlar militarmente la bahía.

Los preparativos no comenzaron de un día para otro. Durante años se realizaron reconocimientos, proyectos y mediciones. En enero de 1693 ya se trabajaba directamente sobre el terreno y algunas de las familias destinadas a poblar la futura ciudad comenzaron a instalarse meses antes de las ceremonias oficiales.

Nace San Carlos y San Severino de Matanzas

En octubre de 1693 llegó el momento decisivo.

Una expedición encabezada por el capitán general Severino de Manzaneda salió de La Habana el 5 de octubre y llegó al puerto de Matanzas pocos días después. Comenzaron entonces los trabajos para establecer físicamente la nueva población: se realizaron mediciones, se trazaron espacios urbanos y se determinó la ubicación de instalaciones fundamentales.

El 12 de octubre ha quedado tradicionalmente establecido como la fecha oficial de fundación de la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas. Ese día se celebró la primera misa en el lugar destinado a la iglesia y se colocó una cruz de madera.

El nombre unía diferentes elementos.

“San Carlos” estaba relacionado con el rey Carlos II de España, mientras “San Severino” evocaba al gobernador Severino de Manzaneda. A ellos se incorporaba aquel antiguo nombre de Matanzas que ya llevaba mucho tiempo identificando la región.

Investigaciones más recientes han demostrado, además, que la fundación debe entenderse como un proceso que ocupó varios días de octubre y no únicamente como un acontecimiento ocurrido durante unas horas del día 12.

Las familias que levantaron la nueva población

Tradicionalmente se ha repetido que Matanzas nació con treinta familias procedentes de las Islas Canarias. La investigación documental moderna ha permitido matizar también esta afirmación.

Los documentos muestran una realidad demográfica más compleja. Entre los pobladores había numerosas familias canarias y muchos de sus integrantes habían llegado recientemente a Cuba. Había labradores, carpinteros, constructores, sastres y personas dedicadas a diferentes oficios indispensables para poner en funcionamiento una nueva comunidad.

Algunas familias inicialmente seleccionadas finalmente no participaron y otras ya se encontraban en el territorio antes de los actos oficiales. Por eso establecer una cifra absolutamente cerrada de “treinta familias fundadoras” simplifica un proceso mucho más dinámico.

La nueva ciudad no apareció terminada en 1693. Aquello fue el comienzo de un proceso de construcción, organización y poblamiento que continuaría durante los años siguientes.

De una bahía indígena a una ciudad colonial

La historia de Matanzas tiene así dos momentos separados por casi dos siglos.

El primero pertenece a una Cuba todavía indígena, anterior a la conquista española, cuando un naufragio y un enfrentamiento quedaron grabados en las primeras crónicas del Caribe.

El segundo pertenece a 1693, cuando la Corona española decidió convertir aquella estratégica bahía en el centro de una nueva población: San Carlos y San Severino de Matanzas.

Entre ambos momentos existe una continuidad extraordinaria: el nombre.

Cuando finalmente nació la ciudad, “Matanzas” ya cargaba con generaciones de historias, versiones y recuerdos. Detrás de ese nombre estaba un episodio ocurrido en los primeros años del encuentro entre dos mundos, transmitido por cronistas que no siempre coincidieron entre ellos y transformado posteriormente en parte inseparable de la memoria de la región.

Quizás por eso conocer Matanzas exige mirar mucho más atrás de 1693.

Porque la ciudad fue fundada aquel año, pero la historia de su nombre había comenzado muchísimo antes.

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