Hay expresiones que un cubano no necesita explicar. Basta decir que algo “acabó como la Fiesta del Guatao” para imaginar el desenlace: discusión, gritos, golpes, gente corriendo y aquello convertido en un desastre.
Lo curioso es que, aunque la frase sobrevivió durante generaciones, nadie ha podido demostrar con absoluta certeza cuál fue aquella fiesta que le dio origen. Las investigaciones y testimonios recopilados a lo largo del siglo XX ofrecen varias historias: una fiesta afrocubana en casa de Mamá Kindimba, una bronca provocada por celos, unos campesinos furiosos con un zapatero y, en el trasfondo de todo, una matanza ocurrida durante la Guerra de Independencia. El periodista Ciro Bianchi Ross recogió varias de estas tradiciones y reconocía precisamente esa dificultad: sabemos lo que significa la frase, pero no con certeza qué episodio concreto la originó.
El Guatao antes de convertirse en una frase
El Guatao era una pequeña localidad rural situada al oeste de La Habana. Mucho antes de quedar inmortalizada por una bronca legendaria, la zona tenía una vida campesina marcada por la agricultura, los pequeños establecimientos y las fiestas populares.
Con el tiempo, el nombre del pueblo trascendió completamente su geografía. “La Fiesta del Guatao” dejó de necesitar fecha, protagonistas o explicación. Se convirtió en una manera cubanísima de describir cualquier situación que comienza tranquilamente y termina fuera de control.
Pero ¿qué ocurrió realmente?
Aquí empieza el problema.
Primera versión: Mamá Kindimba y el Tambor de Yuca
Una de las historias más pintorescas sitúa el origen mucho antes de la famosa pelea entre cubanos y antiguos voluntarios españoles.
Según esta tradición oral, una mujer conocida como Mamá Kindimba —el nombre aparece también escrito de otras maneras en fuentes secundarias— organizaba reuniones o guateques a los que acudían trabajadores de los ingenios de los alrededores. Algunas versiones mencionan específicamente a personas procedentes de Taoro o Tahoro, Maurín, San Joaquín y San Antonio de Macastá.
La celebración aparece vinculada en los relatos al llamado Tambor de Yuca. Había música, baile, conversación y abundante aguardiente.
Y ahí comienza el ingrediente fundamental de casi todas las versiones de esta historia: la fiesta se calentó.
Una tradición asegura que surgieron controversias entre asistentes procedentes de diferentes ingenios. Lo que comenzó con palabras pasó a los golpes y terminó convirtiéndose en una pelea colectiva. Algunas narraciones posteriores adornaron todavía más el episodio con taburetes destrozados y numerosos lesionados.
¿Ocurrió exactamente así? No podemos asegurarlo. Estamos ante una tradición transmitida durante décadas y recogida posteriormente por cronistas, no ante un parte contemporáneo que permita reconstruir la pelea minuto a minuto.
Pero esa es solo la primera Fiesta del Guatao.
Segunda versión: unos zapatos que no sobrevivieron a la lluvia
Existe una explicación todavía más peculiar.
Cuando el periodista Gregorio Ortega investigó el origen de la expresión en la década de 1950, recogió el testimonio de Alberico Martínez. Este decía conocer una historia transmitida por Ramona, una antigua esclava que habría vivido más de cien años.
Según aquella versión, varios campesinos habían comprado zapatos baratos en Punta Brava. Regresaron al Guatao, cayó un fuerte aguacero y el calzado terminó prácticamente deshecho.
Después apareció el zapatero en una fiesta.
Los compradores, convencidos de que habían sido estafados, decidieron ajustar cuentas con él. La reclamación degeneró en una pelea y el festejo acabó convertido en una batalla campal.
Una vez más tenemos los mismos elementos: fiesta, alcohol, una disputa aparentemente pequeña y una reacción colectiva desproporcionada.
Pero todavía falta la versión que parece escrita para una película.
Tercera versión: los celos de Ángel
Esta historia tiene nombres propios.
Ciro Bianchi reproduce una versión que Gregorio Ortega había recogido de Nicolás Larrinaga. Según ese relato, después de terminada la guerra contra España se organizó un baile en El Guatao. A la celebración acudieron también antiguos voluntarios y elementos que hasta poco antes habían estado vinculados al bando español.
En el pueblo mantenían relaciones Ángel Bildosa y Merced Amador —así aparecen sus nombres en el relato reproducido por Bianchi; otras publicaciones presentan pequeñas variaciones ortográficas—. Ángel estaba casado, pero mantenía una relación con Merced.
Llegó el día de la fiesta y Ángel le prohibió asistir.
Merced fue de todas formas.
Y no solo fue.
Según la historia, cuando Ángel apareció en el baile la encontró bailando con un teniente que había pertenecido a las fuerzas paramilitares españolas.
Imagínate prohibirle ir a una fiesta a una cubana y después aparecer allí para comprobar si te hizo caso.
La escena terminó mal.
Del vestido rasgado a los taconazos
En la versión detallada recogida por Bianchi, Ángel reaccionó violentamente y rasgó el vestido de Merced. Ella tampoco se quedó quieta: se quitó un zapato y respondió a taconazos.
Cuando el teniente intervino en defensa de Merced, la discusión dejó de ser solamente un problema de pareja.
Los habitantes del Guatao tenían cuentas pendientes con los antiguos elementos proespañoles. La pelea proporcionó la oportunidad perfecta para cobrarlas y aquello terminó en una bronca colectiva.
Hay, sin embargo, otra variante de la misma historia en la que no aparece el teniente como detonante principal. Ángel insulta a Merced, ella responde con el zapato y los asistentes comienzan a tomar partido por uno u otro hasta convertir una discusión doméstica en una pelea general.
Hasta aquí podría parecer simplemente una extraordinaria historia de pueblo.
Pero existe un acontecimiento histórico documentado que cambia por completo el tono de la expresión.

1896: la verdadera tragedia del Guatao
El 22 de febrero de 1896, en plena Guerra de Independencia, ocurrió en El Guatao un episodio mucho más grave.
Según el relato recogido posteriormente por Gregorio Ortega y reproducido por Bianchi, una columna de aproximadamente 200 hombres, formada por guardias civiles, soldados y fuerzas paramilitares españolas, salió de Marianao para operar en la zona. Después de enfrentarse cerca de Punta Brava con fuerzas insurrectas sin conseguir destruirlas, la columna llegó al Guatao.
El pueblo tenía fama de simpatizar intensamente con la insurrección.
Un testigo de aquellos acontecimientos, Ireno Gutiérrez, relató años después que numerosos vecinos fueron apresados, concentrados en la iglesia y posteriormente sacados de allí. Su testimonio describió ejecuciones y prisioneros muertos durante la retirada de la columna. Él consiguió escapar hacia el monte y tenía entonces apenas 15 años.
Las cifras varían según las narraciones. Algunas fuentes hablan inicialmente de 18 muertos y 32 heridos graves que posteriormente fallecieron; otras tradiciones elevan el balance total a alrededor de cincuenta víctimas. Esa discrepancia es precisamente una razón para no presentar una cifra única como indiscutible.
¿La matanza fue realmente “la Fiesta del Guatao”?
Aquí es importante separar historia de tradición popular.
La matanza del Guatao de 1896 es un acontecimiento histórico, pero que haya sido exactamente ese episodio el que originó la expresión “acabó como la Fiesta del Guatao” es otra cuestión.
Algunas versiones conectan directamente ambos hechos y aseguran que de aquella tragedia surgió el dicho. Otras colocan la célebre fiesta antes o después de la guerra. Y la historia de Ángel Bildosa y Merced Amador, por ejemplo, se sitúa después del conflicto y convierte precisamente el recuerdo de la matanza de 1896 en una de las razones por las que los vecinos estaban dispuestos a enfrentarse con los antiguos voluntarios.
Eso hace especialmente interesante esta versión: la matanza y la fiesta no serían el mismo acontecimiento, sino dos episodios conectados por las heridas que dejó la guerra.
Incluso existe otra mujer en la historia
Las variantes no terminan ahí.
Una tradición atribuida a referencias recogidas por el escritor y folklorista cubano Samuel Feijóo habla simplemente de un gran baile en El Guatao que terminó en una riña monumental.
En una de esas narraciones aparece una mujer llamada Fela Cuesta, cuyas atenciones hacia varios hombres habrían provocado celos entre asistentes que ya habían bebido bastante. Una vez más, una discusión individual habría arrastrado al resto de la fiesta.
Es decir, dependiendo de quién cuente la historia, la protagonista puede ser Mamá Kindimba, Merced Amador, Fela Cuesta… o puede no haber protagonista alguna porque el origen estaría en la matanza de 1896.
Entonces, ¿cuál fue la verdadera Fiesta del Guatao?
La respuesta más rigurosa es también la menos espectacular:
No lo sabemos con certeza.
No existe suficiente evidencia para señalar una de estas narraciones y afirmar que las demás son falsas. Buena parte de lo que conocemos procede de testimonios orales recopilados décadas después de los supuestos acontecimientos.
Eso no le resta interés. Al contrario.
La expresión parece haber absorbido diferentes recuerdos del Guatao: fiestas populares, alcohol, controversias, rivalidades entre trabajadores, celos personales, resentimientos políticos y la violencia real sufrida por el pueblo durante la guerra.
Con el paso del tiempo todos esos relatos terminaron mezclándose.
Y quizás por eso la frase sobrevivió incluso cuando los cubanos dejaron de saber quiénes fueron Ángel, Merced o Mamá Kindimba.
Porque para entenderla ya no hacía falta conocer la historia.
Si alguien decía:
“Esto va a acabar como la Fiesta del Guatao…”
todo cubano sabía exactamente lo que venía.






