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El licenciamiento del Ejército Libertador Cubano: qué ocurrió realmente con los mambises después de la guerra

El problema que quedó después de la guerra

Cuando terminó la Guerra de Independencia de Cuba en 1898, la isla estaba devastada. Los campos habían sido incendiados durante años de combate, muchas ciudades se encontraban parcialmente destruidas y miles de familias habían quedado sin recursos. Pero existía otro problema enorme que pocas veces se explica con profundidad: más de 69 mil hombres armados pertenecientes al Ejército Libertador Cubano seguían distribuidos por todo el país.

Aquellos hombres llevaban años luchando contra España. Muchos habían perdido sus casas, tierras y familiares. Otros prácticamente ya no tenían una vida civil a la cual regresar. Por eso, una vez terminada la guerra, comenzó una de las discusiones más delicadas del nacimiento de la futura República cubana: cómo desmovilizar al Ejército Libertador sin provocar otra crisis militar o política.

La ocupación norteamericana entendía que mantener miles de combatientes armados en una isla destruida podía convertirse en un problema peligroso. Al mismo tiempo, muchos veteranos esperaban que el Ejército Libertador se transformara en el futuro ejército nacional de Cuba. Sin embargo, eso nunca ocurrió. Estados Unidos inició rápidamente un proceso de desarticulación de las instituciones creadas durante la guerra independentista, incluyendo el propio Ejército Libertador.

Los famosos 75 dólares

En mayo de 1899 fueron publicadas oficialmente las reglas del licenciamiento. Según esas disposiciones, cada soldado que entregara sus armas y equipos militares recibiría 75 dólares en moneda estadounidense. Aquella suma provenía de un fondo cercano a los tres millones de dólares acordado entre el gobierno interventor norteamericano y Máximo Gómez.

Con el paso del tiempo, muchas personas terminaron creyendo que esos 75 dólares habían sido el único pago recibido por los mambises. Pero la realidad fue mucho más compleja. Aquel dinero funcionaba más como un alivio inmediato mientras se intentaba resolver el verdadero problema económico relacionado con los llamados haberes de guerra.

Incluso desde esa época existían fuertes discusiones sobre cómo debía interpretarse ese dinero. Muchos líderes cubanos rechazaban la idea de verlo como una simple limosna estadounidense y defendían que debía entenderse como un adelanto relacionado con las futuras rentas de Cuba.

El ambiente además estaba lejos de ser completamente estable. Algunos veteranos desconfiaban del proceso y no quisieron entregar sus armas. Existen testimonios de unidades enteras que escondieron fusiles y machetes en cuevas antes que entregarlos oficialmente. Eso demuestra que el licenciamiento estuvo lleno de tensiones y dudas sobre el futuro político de la isla.

La República comenzó endeudada

La verdadera gran compensación económica llegó después. Cuando la República de Cuba fue instaurada oficialmente en 1902, el nuevo gobierno decidió asumir la deuda política y moral con los veteranos independentistas. Para lograrlo, la joven República negoció un empréstito de 35 millones de pesos en oro americano, utilizando como garantía parte de los ingresos de las aduanas cubanas.

En otras palabras, Cuba comenzó su vida republicana endeudada para poder pagarle a quienes habían luchado por la independencia.

Aquellos pagos no fueron iguales para todos. Las cantidades variaban según el grado militar, la antigüedad, los años de servicio e incluso las responsabilidades políticas desempeñadas durante la guerra. Mientras algunos soldados comunes recibieron cantidades relativamente pequeñas, los altos oficiales llegaron a cobrar sumas enormes para la época. Los mayores generales podían superar promedios de 12 mil dólares, e incluso en algunas regiones las cifras fueron todavía más altas.

De mambises a figuras de poder

El dinero recibido transformó profundamente la vida de muchos veteranos. Algunos pasaron de vivir prácticamente en la pobreza a convertirse en propietarios de tierras, comerciantes, empresarios o políticos locales. Muchos invirtieron en fincas, negocios y propiedades, mientras otros comenzaron a ocupar cargos dentro de ayuntamientos y gobiernos provinciales.

Fue precisamente en ese contexto donde comenzó a surgir parte del llamado “caciquismo político” de la República. Antiguos jefes mambises, convertidos ahora en figuras de poder local, comenzaron a controlar redes políticas y económicas dentro de sus regiones. En varios casos terminaron vinculados a empresas azucareras y compañías extranjeras que crecían en Cuba durante las primeras décadas republicanas.

Por supuesto, esto no significa que todos los veteranos se enriquecieran ni que desaparecieran las desigualdades. Muchos antiguos combatientes continuaron enfrentando dificultades económicas y algunos jamás alcanzaron posiciones importantes dentro de la nueva República. Pero tampoco es completamente cierto que el Ejército Libertador fuera abandonado totalmente o que nunca recibiera compensación alguna.

Una historia mucho más compleja

Con el paso del tiempo, el licenciamiento del Ejército Libertador terminó siendo simplificado en muchas versiones de la historia cubana. Algunas narrativas presentaron a todos los veteranos como hombres olvidados y miserables; otras intentaron mostrar el proceso como un cierre completamente exitoso y ordenado.

Sin embargo, los documentos históricos muestran una realidad mucho más compleja. Hubo tensiones políticas, miedo a nuevas insurrecciones, negociaciones internacionales, endeudamiento nacional y profundas transformaciones sociales. Pero también hubo pagos reales, ascenso económico para parte de los veteranos y una integración importante de antiguos mambises dentro de la estructura política y económica de la nueva República cubana.

El licenciamiento del Ejército Libertador no fue simplemente el final de una guerra. Fue también el inicio de una nueva etapa en la historia de Cuba.

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