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El que corta el bacalao: la frase que convirtió una ración de comida en símbolo de poder

Hay frases que parecen simples, casi graciosas, pero cargan más historia de la que aparentan. “El que corta el bacalao” es una de ellas. En el habla popular significa una cosa muy clara: quien corta el bacalao es quien manda, quien decide, quien tiene la última palabra. La Real Academia Española recoge la expresión como una locución coloquial con el sentido de “mandar o disponer de hecho”.

La frase se conserva en España y en varios países de Hispanoamérica, incluyendo Cuba, donde convive con otras formas más criollas de decir lo mismo: “el que manda”, “el que lleva las riendas”, “el que tiene la sartén por el mango” o, en lenguaje más popular, “el que más mea”.


Entre la tienda, el cuchillo y la autoridad

Una de las explicaciones más repetidas sitúa el origen en las antiguas tiendas de ultramarinos. El bacalao salado era un producto común, duro, seco y difícil de partir. No se cortaba con cualquier cuchillito, sino con herramientas grandes, a veces parecidas a una guillotina de mostrador. Cortarlo requería fuerza, práctica y cierta autoridad dentro del negocio.

Por eso, según esta versión, no lo hacía el aprendiz ni el ayudante, sino el dueño o encargado. En otras palabras: quien cortaba el bacalao era quien controlaba la mercancía, el precio, la porción y la venta. De ahí habría pasado al lenguaje popular como metáfora del poder cotidiano. Esta es una de las teorías que varios autores consideran más aceptada.

Pero hay otra versión más dura, más social y más incómoda.


La versión de la esclavitud

La segunda explicación lleva la frase al mundo colonial y esclavista. Desde el siglo XVI, el bacalao salado se volvió un alimento muy útil para los viajes largos y para los territorios ultramarinos, porque podía conservarse durante mucho tiempo sin refrigeración. En el Caribe y en zonas esclavistas, el pescado salado, junto con el tasajo y otros alimentos baratos, formó parte de la dieta impuesta a los esclavizados.

Según esta tradición, al terminar las jornadas de trabajo, los esclavos recibían raciones de comida. El bacalao no se repartía libremente. Había un encargado, capataz o responsable que lo cortaba y distribuía. Esa persona decidía quién recibía más, quién recibía menos y qué parte le tocaba a cada cual. En ese pequeño acto de cortar y repartir estaba concentrado un poder enorme.

En Cuba, esta lectura tiene sentido histórico porque el bacalao y el tasajo aparecen asociados a la alimentación de las dotaciones esclavas. Investigaciones sobre la dieta esclava en la isla mencionan el funche, las viandas, el maíz y las carnes o pescados salados como parte de ese sistema alimentario impuesto por los amos.

Por eso, cuando se dice que “el que corta el bacalao” es quien manda, la frase no solo habla de autoridad. También puede leerse como una memoria del reparto desigual: alguien arriba decide, y los demás esperan la porción que les toque.


Una frase con dos posibles caminos

Lo más honesto es decir que no existe una prueba única y definitiva que cierre el origen de la expresión. Las dos teorías principales —la de las tiendas de ultramarinos y la de la esclavitud— explican bien el sentido final de la frase: cortar el bacalao era controlar algo valioso y decidir sobre los demás.

La primera versión habla del poder comercial: el dueño del negocio, el producto, el mostrador y la autoridad del oficio. La segunda habla del poder social: el capataz, la ración, el hambre y la dependencia. En ambas, el bacalao no es solo comida. Es símbolo de control.

Y tal vez por eso la expresión sobrevivió tanto. Porque resume una realidad que no ha desaparecido: en toda familia, empresa, partido, gobierno o grupo humano, siempre hay alguien que decide cómo se reparte el bacalao.


Lo que queda detrás del dicho

Hoy usamos la frase casi sin pensar. La decimos en tono de broma, en una conversación de trabajo o hablando de política. Pero detrás de esas palabras hay una historia de comercio, escasez, jerarquía y, posiblemente, esclavitud.

“El que corta el bacalao” no es solo el que manda. Es el que tiene el cuchillo, el producto y la autoridad para repartir. Y esa imagen, tan sencilla como poderosa, explica por qué una frase nacida alrededor de un pescado salado terminó convirtiéndose en una de las metáforas más claras del poder en el mundo hispano.

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