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Los cinco entierros de José Martí: el largo peregrinar del Apóstol

La muerte de José Martí el 19 de mayo de 1895 no terminó en Dos Ríos. Después del combate comenzó otra historia menos conocida: la del largo recorrido de su cadáver, las exhumaciones, los traslados y las distintas sepulturas que recibió antes de descansar definitivamente en el Mausoleo de Santa Ifigenia. Diversas investigaciones coinciden en que sus restos fueron sepultados cinco veces, desde Remanganagua hasta el monumento funerario inaugurado en Santiago de Cuba en 1951.

La primera sepultura: Remanganagua, 1895

Un día después de caer en combate, el cuerpo de Martí fue llevado por las tropas españolas hacia Remanganagua. Allí, el 20 de mayo de 1895, recibió su primera sepultura en un cementerio humilde, cercano al lugar donde había muerto. Según el Portal José Martí, fue enterrado directamente en tierra y sobre su cadáver colocaron también el cuerpo del sargento español Joaquín Ortiz Galisteo.

Aquella primera sepultura fue precaria y dolorosa. El cadáver permaneció más de setenta y dos horas en contacto con la tierra, lo que aceleró su deterioro. El 23 de mayo, por orden de las autoridades españolas, se procedió a la exhumación para comprobar su identidad y preparar el traslado hacia Santiago de Cuba. El médico Pablo Aureliano Valencia y Forns intentó conservar los restos, aunque el avanzado estado de descomposición impedía un embalsamamiento completo.

El segundo entierro: nicho 134 de Santa Ifigenia

Tras pasar por Palma Soriano, San Luis y otros puntos del trayecto, el cadáver llegó a Santiago de Cuba. El 27 de mayo de 1895 fue enterrado por segunda vez en el cementerio Santa Ifigenia, específicamente en el nicho 134 de la Galería Sur. Allí quedó depositado en un ataúd tosco, bajo custodia y en condiciones que todavía no correspondían a la dimensión histórica del hombre que había organizado la Guerra Necesaria.

Ese nicho fue concedido inicialmente por un plazo de cinco años. Con el tiempo, se convirtió en el primer sitio de veneración martiana dentro de Santa Ifigenia. En 1898, Emilio Bacardí colocó una lápida de mármol donada por emigrados cubanos en Jamaica, con la frase: “Martí, los cubanos te bendicen”.

El tercer entierro: el templete de 1907

El tercer entierro ocurrió el 24 de febrero de 1907. La razón fue una disposición sanitaria que ordenó la demolición de antiguos nichos del cementerio. Para evitar que los restos del Apóstol quedaran en una situación indigna, se creó una comisión integrada por figuras como Emilio Bacardí, Francisco Pérez Carbo, José Bofill Cayol y el general Rafael Portuondo Tamayo.

Ese día, los restos fueron exhumados del nicho 134 y colocados en una nueva tumba o templete. Fue considerado por algunos como el primer entierro verdaderamente solemne de Martí, porque participaron veteranos de la Guerra de Independencia y estuvo presente su hijo, José Francisco Martí.

El cuarto entierro: el Retablo de los Héroes, 1947

Durante la República creció la idea de que Martí necesitaba una tumba más digna. En 1943 se creó el comité “Una tumba digna para Martí”, y luego se impulsó una ley para construir un mausoleo. En 1946 se convocó un concurso nacional al que se presentaron 18 proyectos. El ganador fue el proyecto del escultor Mario Santí y el arquitecto Joaquín Benavent.

Mientras se construía el nuevo monumento, fue necesario mover nuevamente los restos. El 8 de septiembre de 1947 se realizó el cuarto entierro, esta vez en el Retablo de los Héroes del propio cementerio Santa Ifigenia. Allí quedaron de forma provisional, protegidos en una hornacina, mientras avanzaban las obras del mausoleo definitivo.

El quinto entierro: el Mausoleo de Santa Ifigenia, 1951

El quinto y último entierro ocurrió el 30 de junio de 1951. La víspera, el 29 de junio, los restos fueron colocados en una nueva caja metálica y trasladados al Gobierno Provincial de Santiago de Cuba, donde se les rindieron honores póstumos durante toda la noche. Al día siguiente fueron conducidos solemnemente hasta el nuevo Mausoleo de Santa Ifigenia.

La obra fue financiada en parte con una colecta popular de 20 centavos por cada cubano, además de gestiones oficiales y aportes de distintas personalidades. El mausoleo, inaugurado durante la presidencia de Carlos Prío Socarrás, quedó como la morada definitiva del Apóstol.

Una muerte que siguió caminando por Cuba

La historia de los cinco entierros de José Martí revela algo más profundo que una simple sucesión de traslados funerarios. Muestra cómo el cuerpo del Apóstol fue primero tratado como prueba militar por las autoridades españolas, luego como reliquia patriótica por los cubanos, y finalmente como símbolo nacional dentro de la memoria republicana.

Martí murió en Dos Ríos, pero sus restos recorrieron un camino de tierra, guerra, abandono, veneración y homenaje. Por eso su tumba definitiva en Santa Ifigenia no representa solo el final de un peregrinaje físico. Representa también el intento de una nación por darle al más universal de sus hijos el lugar que la historia le debía.

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