Fechas Históricas

Palmas y Cañas: el programa más longevo de la televisión cubana

Por Elieser El Bayardo 9 min de lectura

Durante más de seis décadas, Palmas y Cañas ha ocupado un lugar singular en la historia de la televisión cubana. Para generaciones de familias, especialmente entre los espectadores de mayor edad, los domingos a las siete de la noche representaban una cita con la música campesina, las controversias entre repentistas y las tradiciones del campo. Aquella escenografía que evocaba los guateques, acompañada de tonadas, décimas y actuaciones musicales, terminó convirtiéndose en una imagen familiar para millones de cubanos.

Estrenado el 19 de octubre de 1962, el programa logró una permanencia excepcional dentro de la televisión nacional. Su importancia, sin embargo, no se limita a la cantidad de años que ha permanecido en pantalla. Palmas y Cañas heredó una tradición artística que ya existía en la radio y la televisión republicanas, reunió a algunas de las figuras más destacadas del repentismo y se convirtió en un espacio de representación de la cultura campesina, aunque también reflejó las transformaciones políticas y económicas que experimentó Cuba durante su historia.

Antes de Palmas y Cañas: los guateques de la televisión republicana

La presencia de la música campesina en los medios de comunicación cubanos comenzó mucho antes de 1962. Durante la República, la radio había contribuido a popularizar el punto cubano, las tonadas y las controversias entre improvisadores, permitiendo que numerosos artistas procedentes de zonas rurales alcanzaran reconocimiento nacional.

Con el nacimiento de la televisión cubana en 1950, aquellas expresiones culturales encontraron un nuevo escenario. Programas como El guateque de Apolonio, Alma guajira y Tierra cubana llevaron a las pantallas actuaciones musicales y enfrentamientos poéticos que reproducían el ambiente de las fiestas campesinas.

Uno de los antecedentes más conocidos fue El guateque de Apolonio, transmitido por el Canal 4. En él aparecían personajes como Liborito, interpretado por Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, y Manengue, encarnado por Adolfo Alfonso. Sus controversias mezclaban la improvisación con el humor, una fórmula que posteriormente se convertiría en uno de los grandes atractivos de Palmas y Cañas.

Estos antecedentes permiten establecer una distinción histórica importante: el programa estrenado en 1962 no creó la tradición campesina televisada. Su principal mérito consistió en recoger aquella experiencia artística, desarrollar un formato reconocible y mantenerlo durante generaciones.

El estreno del 19 de octubre de 1962: Canal 6 y sus primeros protagonistas

El viernes 19 de octubre de 1962 salió al aire por primera vez Palmas y Cañas, a través del Canal 6 de la televisión cubana, posteriormente identificado como Cubavisión. Su primer director fue Antonio Vázquez Gallo, mientras que Ramón Veloz y Coralia Fernández estuvieron entre sus presentadores iniciales.

El programa nació en un contexto particularmente complejo. Apenas tres días después de su estreno, el presidente estadounidense John F. Kennedy anunciaría públicamente la presencia de misiles soviéticos en Cuba, dando comienzo a la fase más conocida de la Crisis de los Misiles. Mientras el país atravesaba uno de los momentos de mayor tensión internacional de su historia, la televisión estrenaba un espacio dedicado a las expresiones tradicionales del campesinado.

La propuesta consistía en trasladar al estudio televisivo la atmósfera de un guateque. Las actuaciones combinaban punto cubano, décimas improvisadas, tonadas, seguidillas, bailes y humor. El escenario reproducía elementos asociados con la vida rural y permitía presentar a los artistas en un ambiente cercano al de las fiestas campesinas.

Desde sus primeras etapas, Ramón Veloz desempeñó un papel importante en la identidad musical del espacio. Su voz estuvo vinculada al tema de presentación, mientras Coralia Fernández contribuyó a popularizar una expresión que quedó asociada al programa: «¡Ramón, el guateque!».

De los primeros guateques a un formato televisivo consolidado

La estructura de Palmas y Cañas no permaneció completamente inalterada desde su nacimiento. Durante sus primeros años se produjeron ajustes en la programación campesina de la televisión cubana que terminaron reuniendo experiencias procedentes de espacios anteriores.

El director de televisión Pedraza Ginori recordó que El guateque de Apolonio, transmitido por el Canal 4, y Palmas y Cañas, del Canal 6, fueron integrados por razones económicas. De aquella reorganización surgió una propuesta conocida como Guateque Palmas y Cañas, que incorporó elementos de ambos programas y contribuyó a consolidar su formato.

Existen testimonios que permiten conocer cómo funcionaba el espacio durante esa etapa. El 27 de abril de 1969, Pedraza Ginori dirigió una emisión desde el Estudio 10 de Radiocentro, transmitida por el Canal 6 a las siete de la noche. Aquella presentación tuvo una duración aproximada de 58 minutos y contó con público dentro del estudio, además de músicos y repentistas.

Este dato resulta interesante porque muestra que Palmas y Cañas no era simplemente una sucesión de actuaciones grabadas. El contacto con los espectadores, las intervenciones de los presentadores y la dinámica entre los improvisadores contribuían a reproducir el ambiente participativo de los guateques tradicionales.

Aunque el estreno de 1962 ocurrió un viernes, el programa terminó consolidándose en el horario dominical de las siete de la noche, una franja que quedaría estrechamente relacionada con su identidad televisiva.

Justo Vega, Adolfo Alfonso y las figuras que marcaron su historia

Una de las mayores fortalezas de Palmas y Cañas fue reunir a artistas capaces de convertir la música tradicional en un espectáculo atractivo para públicos de distintas generaciones. Entre sus protagonistas sobresalieron Justo Vega y Adolfo Alfonso, cuya pareja artística alcanzó una extraordinaria popularidad gracias a las controversias improvisadas.

Justo Vega solía representar al poeta serio, dispuesto a responder con precisión y habilidad, mientras Adolfo Alfonso utilizaba el humor, la ironía y las provocaciones para desarrollar enfrentamientos verbales que parecían auténticas discusiones. Aquella combinación generaba momentos de gran espontaneidad y permitía demostrar el dominio que ambos tenían de la décima.

Aunque sus controversias aparentaban una rivalidad permanente, fuera del escenario mantenían una relación de amistad y complicidad artística. Durante aproximadamente veinticinco años, sus actuaciones se convirtieron en una de las señas de identidad más reconocibles del programa.

También participaron figuras como Celina González, una de las voces fundamentales de la música campesina cubana, y Radeúnda Lima, junto a numerosos cantantes, laudistas, guitarristas, tresistas y repentistas que contribuyeron a mantener la diversidad musical del espacio.

Entre los presentadores que dejaron una huella duradera destacó Fernando Guardado, incorporado en 1975. Durante 39 años estuvo vinculado a la conducción del programa, convirtiéndose en uno de sus rostros más familiares. Su estilo de presentación y sus despedidas quedaron asociados a los recuerdos de varias generaciones de espectadores. Guardado falleció el 29 de septiembre de 2026, apenas veinte días antes del aniversario 64 de Palmas y Cañas.

Los domingos a las siete: una tradición familiar

La permanencia de Palmas y Cañas no puede explicarse únicamente por la calidad de sus artistas. El programa consiguió integrarse en las costumbres familiares de numerosos hogares cubanos, particularmente entre quienes habían crecido escuchando música campesina o mantenían vínculos afectivos con la vida rural.

Durante décadas, los domingos a las siete de la noche se convirtieron en un momento esperado por muchos espectadores. Los abuelos reconocían las tonadas que habían escuchado desde jóvenes, los padres disfrutaban las controversias y los más pequeños descubrían una forma de poesía improvisada que combinaba rapidez mental, ingenio y humor.

La televisión permitía trasladar simbólicamente el guateque al interior de las casas. No era necesario vivir en el campo para disfrutar de aquellas actuaciones. Las canciones, los instrumentos y las expresiones de los artistas formaban parte de una identidad cultural compartida por cubanos de diferentes regiones.

Esa relación explica por qué, para una parte importante del público, recordar Palmas y Cañas significa también recordar a sus padres, abuelos y reuniones familiares. El programa terminó convirtiéndose en una referencia afectiva que trascendió su contenido musical.

Palmas y Cañas: entre la tradición campesina y el discurso oficial

Además de su valor cultural, Palmas y Cañas también fue utilizado para divulgar los proyectos agrícolas y los mensajes políticos del Gobierno revolucionario. Las cooperativas, los planes de producción, las cosechas y los llamados sobrecumplimientos comenzaron a compartir espacio con las décimas, las tonadas y las controversias campesinas.

Un ejemplo documentado ocurrió en enero de 1968, cuando el programa dedicó espacio al Cordón de La Habana, un proyecto agrícola impulsado por el Gobierno. Aunque inicialmente se había previsto transmitir desde el Vivero Gigante del Wajay, las condiciones meteorológicas obligaron a trasladar la presentación al estudio, donde trabajadores del proyecto y dirigentes de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) explicaron sus actividades. Aquella emisión evidenció cómo el programa servía también para promocionar las iniciativas económicas oficiales.

Con el tiempo, las referencias a cooperativas destacadas, cosechas exitosas y planes sobrecumplidos contribuyeron a proyectar una imagen triunfalista de la agricultura cubana, aunque los resultados anunciados no siempre contaban con una verificación independiente. El repentismo tampoco quedó al margen de los mensajes institucionales. Una investigación del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana sobre el programa radial Guateque en la Agricultura recoge testimonios de artistas que explicaron cómo la ANAP proporcionaba temas y noticias para las controversias, demostrando la influencia de las instituciones en determinados espacios campesinos.

En Palmas y Cañas, la música tradicional convivió así con la promoción de proyectos gubernamentales y mensajes ideológicos. Sin embargo, esa utilización política no disminuye el valor de sus artistas ni de una tradición cultural que existía mucho antes de 1959.

Más de seis décadas en la memoria de Cuba

La permanencia de Palmas y Cañas durante más de seis décadas constituye uno de los capítulos más significativos de la historia de la televisión cubana. Su continuidad permitió registrar actuaciones de distintas generaciones de músicos y repentistas, creando un patrimonio audiovisual que conserva estilos interpretativos, controversias y expresiones tradicionales de considerable valor histórico.

En 2017, la UNESCO inscribió el punto cubano en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un reconocimiento a la importancia de esta manifestación artística y a su transmisión entre generaciones. Aunque la distinción no corresponde específicamente al programa, permite dimensionar el valor cultural de las expresiones que difundió durante tantos años.

Más allá de sus transformaciones y de las circunstancias políticas que acompañaron su trayectoria, Palmas y Cañas dejó una huella en la memoria familiar de numerosos cubanos. Su historia demuestra cómo un espacio televisivo puede convertirse en testimonio de las costumbres, los recuerdos y la identidad cultural de un país.

Porque la música campesina, la décima y el repentismo no pertenecen a ningún gobierno ni a ninguna ideología. Son patrimonio de nuestra cultura y de nuestra historia.