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Los cubanos del 9/11: siete vidas detrás de una tragedia que cambió al mundo

El 11 de septiembre de 2001 quedó grabado en la memoria colectiva como uno de los días más trágicos de la historia contemporánea. Las imágenes de los aviones, las Torres Gemelas envueltas en humo, el derrumbe de los edificios y las calles de Nueva York cubiertas de polvo recorrieron el planeta. Cerca de 3.000 personas murieron como consecuencia de los atentados, pero detrás de aquella cifra inmensa había miles de historias individuales, familias y vidas que aquella mañana habían comenzado como cualquier otra.

Entre esas historias existe una conexión con Cuba que pocas veces ocupa espacio cuando se recuerda el 11-S. Seis de las víctimas habían nacido en la isla y una séptima, nacida en Nueva York, era hija de inmigrantes cubanos. Sus nombres fueron Marco Motroni, Nancy E. Pérez, Niurka Dávila, George Merino, Juan Lafuente, Michael A. Díaz-Piedra III y Carlos Domínguez. Diversas publicaciones cubanas suelen referirse a ellos conjuntamente como las siete víctimas cubanas del 11-S, aunque la distinción sobre el lugar de nacimiento de Domínguez permite contar la historia con mayor precisión.

Marco Motroni: de La Habana a la música cubana de Nueva York

Marco Motroni había nacido en La Habana en 1945. Llegó siendo niño a Estados Unidos y se graduó en 1963 de George Washington High School, en Manhattan. Nueva York terminaría convirtiéndose en su ciudad, pero Cuba continuó ocupando un lugar importante en su identidad, especialmente a través de la música.

Motroni fue músico y durante más de veinte años estuvo relacionado con la Típica Novel, agrupación vinculada a la escena de la música cubana de Nueva York. Al mismo tiempo desarrolló una carrera profesional fuera de los escenarios. Su propia familia lo recordaría posteriormente como un hombre que había combinado sus facetas de atleta, músico y empresario y que había construido su vida en Estados Unidos sin abandonar sus raíces.

El 11 de septiembre de 2001, Marco se encontraba en el World Trade Center. Aquella mañana convirtió a este habanero y músico de la diáspora cubana en una de las víctimas de una tragedia que trascendió cualquier nacionalidad.

Nancy E. Pérez: una cubana que creció en Nueva York

Nancy E. Pérez tenía 36 años y vivía en Secaucus, Nueva Jersey. Había llegado desde Cuba a Nueva York junto con sus padres y hermanas en 1970, por lo que buena parte de su vida transcurrió en Estados Unidos. Trabajaba para la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, organismo estrechamente relacionado con el funcionamiento del complejo del World Trade Center.

Su nombre aparece también en los registros oficiales de las víctimas. Como ocurrió con tantos inmigrantes que hicieron de Nueva York su hogar, su historia terminó formando parte de dos geografías: la del país donde nació y la del país donde construyó su vida.

Niurka Dávila: una vida construida dentro del World Trade Center

Niurka Dávila tenía 47 años y trabajaba para la Autoridad Portuaria. Había comenzado allí como operadora de entrada de datos y fue avanzando profesionalmente hasta desempeñarse en el área de servicios tecnológicos. Compañeros suyos la recordaron como una mujer alegre, cercana y siempre dispuesta a ayudar. También estudiaba por las noches con la intención de continuar progresando profesionalmente.

La mañana del 11 de septiembre había desayunado con amigos en el piso 70 del World Trade Center. Poco después bajó hacia la planta baja. Niurka trabajaba en la Torre Norte y nunca regresó a casa. Dejó un hijo y una nieta que todavía era una bebé.

Su historia recuerda algo que a veces se pierde cuando observamos las imágenes gigantescas de aquella tragedia: dentro de aquellos edificios existían rutinas absolutamente normales. Personas desayunaban, conversaban con compañeros, tomaban café y comenzaban su jornada laboral sin imaginar lo que ocurriría minutos después.

George Merino: un matancero en el corazón financiero de Nueva York

George Merino tenía 39 años. Había nacido en Matanzas y salió de Cuba cuando era niño, en 1968. Vivía en Queens y trabajaba para Fiduciary Trust International, una compañía financiera que tenía oficinas en el World Trade Center.

Su vida representa también a una generación de cubanos que salió de la isla siendo muy joven y creció prácticamente por completo en Estados Unidos. Cuba pertenecía a sus primeros recuerdos y a su origen familiar; Nueva York fue el escenario donde transcurrieron su educación, su trabajo y su vida adulta.

El 11 de septiembre, esa trayectoria terminó en la Torre Sur del World Trade Center.

Juan Lafuente: décadas de trabajo antes de aquella mañana

Juan Lafuente tenía 61 años y residía en Poughkeepsie, Nueva York. Había nacido en Cuba y emigró a Estados Unidos para estudiar en la universidad. Desarrolló después una extensa carrera profesional: trabajó durante 31 años para IBM y posteriormente estuvo vinculado a Citibank.

Su presencia en el World Trade Center aquel 11 de septiembre tuvo una circunstancia especialmente trágica. No era simplemente otro día en una oficina habitual: Lafuente se encontraba asistiendo a una conferencia en un restaurante de la Torre Norte. Una actividad profesional que podía haber ocurrido cualquier otro día terminó colocándolo en medio del atentado.

Michael Díaz-Piedra III: un cubano encargado de prepararse para los desastres

Michael A. Díaz-Piedra III tenía 49 años. Había llegado desde Cuba a Estados Unidos cuando tenía ocho años y, según los perfiles publicados sobre su vida, mantuvo fuertes vínculos con la cultura cubana. En Nueva York alcanzó el puesto de vicepresidente del Bank of New York.

Existe una ironía particularmente dolorosa en su historia: entre sus responsabilidades profesionales estaba precisamente la planificación para la recuperación ante desastres. Su nombre figura en los registros oficiales de las víctimas del 11-S.

Como Marco, Nancy, Niurka, George y Juan, Michael había nacido en Cuba, pero su historia personal se había desarrollado entre dos países y terminó formando parte de la memoria estadounidense del 11 de septiembre.

Carlos Domínguez: estadounidense de padres cubanos

Carlos Domínguez introduce una diferencia importante cuando se habla de las “siete víctimas cubanas”. A diferencia de las otras seis, Carlos no había nacido en Cuba. Nació en Little Italy, Nueva York, y era el segundo hijo de inmigrantes cubanos. Por eso resulta más preciso definirlo como cubanoamericano o estadounidense de origen cubano.

Tenía 34 años, había estudiado en la Universidad de Nueva York y trabajaba en informática para Marsh & McLennan. Era esposo y padre de tres niñas, que entonces tenían 10 años, 6 años y apenas 20 meses. Hay un detalle particularmente estremecedor en su historia: después de trabajar durante tres años como contratista independiente para la compañía, Marsh lo convirtió en empleado permanente el 10 de septiembre de 2001, exactamente un día antes de los atentados.

Carlos representa además una dimensión diferente de la experiencia cubana en Estados Unidos. No era un emigrado de la isla, sino un hijo de esa emigración, nacido y criado en Nueva York, cuya historia familiar seguía conectándolo directamente con Cuba.

Seis nacidos en Cuba y un hijo de cubanos

Por eso, cuando se afirma que siete cubanos murieron el 11-S, conviene hacer una pequeña precisión histórica. Seis habían nacido en Cuba: Marco Motroni, Nancy Pérez, Niurka Dávila, George Merino, Juan Lafuente y Michael Díaz-Piedra III. Carlos Domínguez había nacido en Nueva York de padres cubanos. Los siete, sin embargo, forman parte de una misma historia cuando observamos el 11 de septiembre desde la experiencia de la comunidad cubana en Estados Unidos.

Sus vidas también muestran diferentes generaciones de esa emigración. Algunos llegaron siendo niños; otros construyeron largas carreras profesionales en Estados Unidos; Carlos ya pertenecía a una generación nacida en suelo estadounidense. Había músicos, especialistas en tecnología, ejecutivos, empleados públicos y profesionales de las finanzas. No fueron personajes históricos antes de aquel día. Eran personas trabajando, criando hijos, haciendo planes y construyendo sus vidas.

Siete historias dentro de casi 3.000

Más de dos décadas después, el 11 de septiembre continúa siendo recordado mediante imágenes que parecen demasiado grandes para comprenderlas: dos enormes edificios, aviones, fuego, humo y una ciudad paralizada. Pero la dimensión humana de aquella tragedia aparece cuando dejamos por un momento las imágenes y comenzamos a leer los nombres.

Para los cubanos existe también esta pequeña página dentro de aquella historia. Marco Motroni, Nancy Pérez, Niurka Dávila, George Merino, Juan Lafuente, Michael Díaz-Piedra III y Carlos Domínguez representan siete vidas vinculadas de diferentes maneras a Cuba que terminaron unidas para siempre por la misma fecha.

Porque detrás de las cifras siempre hay nombres, y detrás de cada nombre hay una historia. Estas siete estuvieron relacionadas con Cuba, pero el recuerdo no termina en ellas. En memoria de todas las víctimas del 11 de septiembre de 2001, que descansen en paz.

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