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Juan Bautista Spotorno: el presidente que casi fue víctima de su propio decreto

La historia de las guerras de independencia cubanas está llena de personajes que no caben fácilmente dentro de las categorías de héroe o traidor. Juan Bautista Spotorno Georovich es uno de los mejores ejemplos. Fue conspirador separatista, mambí, coronel del Ejército Libertador, representante político, presidente interino de la República de Cuba en Armas y defensor radical de la independencia. Sin embargo, terminó participando en el proceso que condujo al Pacto del Zanjón y, años después, convertido en autonomista, intentó convencer a los nuevos insurrectos de 1895 de abandonar las armas.

La contradicción llegó a tal extremo que algunos mambises plantearon aplicarle una disposición que él mismo había impulsado veinte años antes: el Decreto Spotorno.

Un cubano de familia italiana

Juan Bautista Spotorno nació en Trinidad, Cuba, el 13 de septiembre de 1832. Era cubano de nacimiento, aunque procedía de una familia italiana acomodada. Sus padres habían nacido en Italia, en la región de Liguria, cerca de Génova, y durante su juventud fue enviado a Europa. Algunas biografías señalan que allí conoció el ambiente político del Risorgimento, el movimiento de unificación y emancipación italiana que marcó profundamente el siglo XIX.

Posteriormente pasó por Estados Unidos, donde comenzó estudios de medicina que no terminó y se dedicó al comercio. Aquellos viajes le permitieron conocer sociedades y sistemas políticos muy diferentes del orden colonial que existía en Cuba.

Su vinculación con las ideas separatistas comenzó mucho antes del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en 1868. Spotorno estuvo relacionado con la conspiración encabezada en Trinidad por Isidoro de Armenteros en 1851. Tras la represión española tuvo que refugiarse temporalmente en Estados Unidos.

Por tanto, cuando comenzó la Guerra de los Diez Años, Spotorno no era un recién llegado a la causa separatista.

De conspirador a mambí

Con el estallido revolucionario de 1868, Spotorno se incorporó a la insurrección en Las Villas. La situación de los revolucionarios villareños fue especialmente difícil y durante un tiempo quedaron prácticamente aislados y con pocos recursos.

Spotorno terminó marchando hacia Camagüey, donde estuvo bajo la jefatura militar de Ignacio Agramonte. Su trayectoria dentro de la revolución le permitió alcanzar el grado de coronel del Ejército Libertador.

Pero su carrera no quedó limitada al campo militar. También pasó a formar parte de la estructura política de la República de Cuba en Armas y llegó a integrar su Cámara de Representantes. Las semblanzas sobre su trayectoria destacan precisamente su reputación de hombre de posiciones firmes, radicales y, al mismo tiempo, personalmente honesto.

Presidente de la República de Cuba en Armas

En medio de las fuertes divisiones internas que afectaron a la revolución, Spotorno terminó ocupando interinamente la presidencia de la República en Armas.

Su mandato comenzó el 1 de julio de 1875, sucediendo a Salvador Cisneros Betancourt, y terminó el 29 de marzo de 1876, cuando entregó la presidencia a Tomás Estrada Palma.

Fue, por tanto, uno de los hombres que ejercieron la jefatura política del Estado revolucionario cubano décadas antes del establecimiento de la República de 1902.

Sin embargo, su nombre quedaría especialmente asociado a una decisión mucho más polémica.

El Decreto Spotorno

El llamado Decreto Spotorno fue una de las medidas más severas adoptadas por la revolución durante la Guerra de los Diez Años.

El decreto, propuesto por Spotorno y adoptado en junio de 1875, establecía esencialmente que cualquier emisario, español o cubano, que se presentara en territorio insurrecto con proposiciones de paz que no estuvieran basadas en los principios revolucionarios podía ser condenado a muerte. Entre esos principios estaban la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud.

La lógica era brutal, pero respondía a una preocupación real dentro del movimiento revolucionario: impedir que España utilizara negociaciones, promesas y emisarios para dividir o desmoralizar a los combatientes.

Para Spotorno, en aquel momento, la posición era prácticamente innegociable: no podía existir una paz aceptable mientras Cuba continuara bajo dominio español.

La historia terminaría colocando al propio Spotorno frente a esa misma idea.

La primera gran contradicción: el Zanjón

Para 1877 y comienzos de 1878, la Guerra de los Diez Años estaba profundamente debilitada. El desgaste militar, las divisiones políticas y la falta de recursos habían colocado a la revolución en una situación crítica.

Para poder negociar, el Decreto Spotorno tuvo que dejar de constituir un obstáculo. Finalmente fue derogado durante la fase final de la guerra y se abrió el camino para las conversaciones con el general español Arsenio Martínez Campos.

El 8 de febrero de 1878 se creó el llamado Comité del Centro, integrado por siete miembros. Entre ellos estaba el coronel Juan Bautista Spotorno. También figuraban Manuel Suárez, Rafael Rodríguez, Emilio Luaces, Ramón Roa, Enrique Collazo y Ramón Pérez Trujillo. El organismo asumió la tarea de conducir las negociaciones que desembocaron en el Pacto del Zanjón.

Aquí aparece la primera gran paradoja de su trayectoria: el hombre asociado al decreto que amenazaba con la muerte a quien propusiera una paz sin independencia terminó formando parte del organismo encargado de negociar precisamente el final de la guerra sin haber conseguido la independencia.

Esto no significa necesariamente que Spotorno hubiera renunciado de inmediato a todo aquello por lo que había luchado. La Guerra Grande estaba prácticamente exhausta y numerosos revolucionarios entendieron el Zanjón como una salida ante una situación militar que consideraban insostenible. Otros, como Antonio Maceo, rechazaron aquella solución.

Del independentismo al autonomismo

Después de la guerra ocurrió un cambio todavía más profundo.

Spotorno ingresó en el Partido Autonomista. Ya no defendía una nueva guerra para separar inmediatamente a Cuba de España, sino una transformación política que concediera a los cubanos amplias facultades de autogobierno manteniendo el vínculo con la monarquía española.

Una historia de Trinidad aporta un detalle especialmente revelador sobre su pensamiento posterior. Spotorno consideraba que una nueva lucha armada era demasiado desigual y confiaba en que Cuba pudiera evolucionar mediante un régimen autonómico semejante al modelo británico hasta alcanzar una preparación política suficiente. Incluso algunos jóvenes de Trinidad le reprochaban haber perdido la fe revolucionaria que lo había llevado a las armas décadas antes.

Eso ayuda a comprenderlo mejor. No parece tratarse simplemente de un hombre que un día decidió defender exactamente lo contrario. Spotorno había vivido el fracaso de una guerra de diez años y terminó convencido de que repetir aquella experiencia no conduciría necesariamente a la independencia.

José Martí llegó precisamente a una conclusión opuesta.

1895: frente a Bartolomé Masó

Cuando comenzó la Guerra de Independencia en febrero de 1895, Spotorno tenía 62 años y era adversario político de la nueva insurrección organizada por Martí.

El autonomismo intentó detener el levantamiento. Bartolomé Masó se había alzado en Oriente y representantes autonomistas fueron enviados para convencerlo de abandonar la revolución.

Uno de aquellos hombres fue Juan Bautista Spotorno.

El 7 de marzo de 1895 se presentó ante el campamento de Masó con la intención de persuadir a los insurrectos para que regresaran a la legalidad española.

La escena contenía una ironía difícil de ignorar.

Veinte años antes, Spotorno había impulsado una disposición que condenaba a quienes aparecieran ante los revolucionarios proponiendo una paz sin independencia. Ahora era él quien llegaba a un campamento revolucionario intentando convencer a sus ocupantes de abandonar las armas.

Los mambises recordaban perfectamente aquel decreto.

Cuando su propio decreto regresó contra él

El teniente coronel Dimas Zamora reaccionó recordándole precisamente aquella disposición. Las reconstrucciones del episodio sostienen que se llegó a proponer que Spotorno fuera ejecutado aplicándole su propia doctrina de 1875.

No sucedió.

La seguridad de Spotorno y de sus acompañantes había sido garantizada para permitir la entrevista. Según una reconstrucción del episodio, la palabra empeñada por el coronel Celedonio Rodríguez fue determinante para impedir que se actuara contra ellos.

De esta manera, el antiguo presidente de la República en Armas estuvo frente a una de las situaciones más paradójicas de nuestras guerras independentistas: pudo convertirse en víctima de la misma lógica represiva que había defendido cuando ocupaba el poder revolucionario.

Un hombre que vivió varias Cubas

Spotorno no volvió a convertirse en protagonista de una guerra independentista. Vivió lo suficiente para contemplar acontecimientos que probablemente parecían inimaginables cuando se levantó en armas en 1868.

Vio terminar el dominio colonial español en 1898 y alcanzó a conocer la República instaurada en 1902.

Murió en Trinidad el 29 de octubre de 1917, a los 85 años.

Su trayectoria había recorrido posiciones extraordinariamente diferentes: conspirador separatista, exiliado, mambí, coronel, representante, presidente de la República en Armas, defensor de una política radical contra cualquier negociación sin independencia, participante en el proceso del Zanjón y finalmente autonomista contrario a la guerra organizada por Martí.

Reducir toda esa evolución a una sola palabra sería perder precisamente lo más interesante del personaje.

Juan Bautista Spotorno permite observar las profundas fracturas que dejaron treinta años de lucha por el futuro político de Cuba. Algunos hombres mantuvieron sus posiciones hasta el final; otros cambiaron después de experimentar el fracaso, el exilio y la guerra.

Y pocas vidas representan esa complejidad mejor que la del hombre que estuvo a punto de convertirse en víctima de su propio decreto.

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