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Central Preston: de pantano en uno de los pueblos más modernos de Cuba

Hoy se llama Guatemala y pertenece al municipio de Mayarí, en la provincia de Holguín. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX fue conocido como Central Preston, un nombre que llegó a ser sinónimo de progreso industrial, planificación urbana y desarrollo económico en el oriente cubano.

Su historia demuestra que, mucho antes de la Revolución, el desarrollo de Cuba no estaba concentrado únicamente en La Habana. En pleno corazón de la Bahía de Nipe surgió una comunidad que llegó a contar con servicios, infraestructura y calidad de vida poco comunes para la época.

De manglares y esteros a una ciudad industrial

A finales del siglo XIX el lugar donde hoy se encuentra Guatemala era prácticamente un territorio virgen. Grandes manglares, esteros, bosques tropicales, júcaros, mosquitos y terrenos pantanosos hacían muy difícil el asentamiento humano. Los pocos habitantes sobrevivían de la pesca, la caza y pequeños cultivos de subsistencia.

Todo comenzó a cambiar a inicios del siglo XX, cuando empresas norteamericanas identificaron el enorme potencial azucarero de la región.

La llegada de la United Fruit y el nacimiento de Preston

En 1905 la Nipe Bay Company, que posteriormente pasaría a formar parte de la United Fruit Company, inició la construcción del Central Preston. Al mismo tiempo comenzaron las obras para levantar un pueblo completo destinado a miles de trabajadores.

No solo se construyó el ingenio. También se drenaron pantanos, se rellenaron esteros, se combatió la malaria, se instalaron sistemas de alcantarillado, acueducto y agua potable, y se levantaron cientos de viviendas.

El nombre Preston fue escogido en honor a Andrew W. Preston, uno de los principales fundadores de la United Fruit Company.

Uno de los ingenios más modernos de Cuba

La primera zafra comenzó el 19 de enero de 1907 y concluyó el 30 de mayo, con una duración de 132 días y una producción de 97 320 sacos de azúcar. Aquella fue apenas la primera etapa del crecimiento de un ingenio que terminaría convirtiéndose en uno de los más importantes del país.

Durante sus mejores años el central alcanzó una capacidad cercana a las 100 000 arrobas de caña diarias, contaba con enormes almacenes, modernos talleres mecánicos, laboratorios industriales, una potente planta eléctrica, puerto propio para exportar azúcar y una extensa red ferroviaria que comunicaba los campos cañeros con el ingenio y con el resto de Cuba.

Una ciudad planificada

Preston fue mucho más que un central azucarero.

Fue una comunidad diseñada desde sus cimientos.

Sus calles fueron pavimentadas, se instalaron sistemas de alcantarillado y agua potable, existía una moderna planta eléctrica, cuerpo de bomberos, oficina de correos y telégrafos, grandes almacenes comerciales, panadería industrial, lavandería moderna y laboratorios científicos.

Para la década de 1940 muy pocos pueblos cubanos podían ofrecer una infraestructura semejante.

Un aeropuerto, puerto y comunicaciones de primer nivel

La empresa comprendía que el transporte era fundamental para el desarrollo.

Por eso construyó un puerto de gran capacidad sobre la Bahía de Nipe, dragó canales para recibir barcos de gran calado, amplió la red ferroviaria y levantó un aeropuerto con vuelos diarios, que posteriormente sería sustituido por otro de mayor tamaño para recibir aeronaves más grandes.

Incluso Preston contaba con una estación privada de radio que permitía mantener comunicación directa con Estados Unidos.

Viviendas inspiradas en el sur de Estados Unidos

Las casas no seguían el estilo tradicional cubano.

Muchas fueron diseñadas siguiendo modelos arquitectónicos del sur de Estados Unidos e incluso llegaron prefabricadas desde ese país. Hoy constituyen uno de los conjuntos de arquitectura norteamericana en madera mejor conservados de Cuba.

Los barrios también reflejaban esa influencia, con nombres como Brooklyn, New York y Washington.

El tamaño de cada vivienda dependía de la responsabilidad del trabajador dentro de la empresa, reflejando una organización jerárquica característica de las ciudades industriales de aquella época.

Un hospital que estaba entre los mejores del país

Uno de los mayores orgullos de Preston era su hospital.

Contaba con cien camas, capacidad para duplicar esa cifra en emergencias, departamentos de radiología, electrocardiografía, fisioterapia, laboratorio bacteriológico, cirugía y atención especializada para la tuberculosis. El propio estudio de 1946 afirmaba que sus instalaciones podían compararse con las mejores de La Habana.

Los trabajadores contribuían con apenas un dos por ciento de su salario para recibir atención médica junto a sus familias.

Educación, deporte y vida cultural

La prosperidad económica también se reflejaba en la vida social.

Preston contaba con escuelas públicas y privadas, biblioteca, teatro, cine, iglesias católica y metodista, clubes sociales, piscina, estadio de béisbol, campos de golf, canchas de tenis, baloncesto, voleibol y otras instalaciones deportivas.

La empresa apoyó además programas de educación técnica, cursos industriales y formación profesional que preparaban a muchos jóvenes para trabajar en distintas especialidades.

Una comunidad formada por inmigrantes

El crecimiento del central atrajo trabajadores procedentes de numerosos lugares.

Llegaron cubanos de distintas provincias, además de españoles, haitianos, jamaicanos, bahameses, trinitarios y chinos, convirtiendo a Preston en una comunidad multicultural donde convivían diversas tradiciones e idiomas.

Prosperidad incluso durante el tiempo muerto

A diferencia de muchos otros bateyes azucareros, Preston mantenía una intensa actividad incluso cuando terminaba la zafra.

Miles de trabajadores continuaban empleados reparando maquinaria, construyendo edificios, pavimentando calles, manteniendo el ferrocarril o cultivando parcelas agrícolas facilitadas por la propia empresa. Esa estabilidad permitió que la comunidad mantuviera durante décadas un elevado nivel de prosperidad económica.

El declive después de 1959

Tras el triunfo de la Revolución comenzaron profundas transformaciones.

El antiguo Central Preston pasó a llamarse Guatemala y, con el paso de los años, muchas de las instalaciones que habían convertido al poblado en uno de los centros industriales más modernos del oriente cubano fueron deteriorándose.

El central dejó de operar, gran parte de la infraestructura desapareció y numerosos edificios quedaron abandonados. Muchas viviendas históricas aún sobreviven como testimonio de una época en la que Preston representó uno de los proyectos urbanísticos e industriales más ambiciosos desarrollados en Cuba.

Hoy, entre las antiguas casas de madera, las chimeneas que todavía dominan el paisaje y los restos de sus instalaciones industriales, permanece la memoria de una comunidad que demuestra que el desarrollo económico de la Cuba republicana también floreció lejos de la capital.

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