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Voló como Matías Pérez: La historia detrás de la frase

Hay frases que sobreviven al paso del tiempo mucho después de que las personas que les dieron origen hayan desaparecido. En Cuba existe una que prácticamente todos han escuchado alguna vez: “Voló como Matías Pérez”.

Hoy se utiliza cuando alguien desaparece sin dejar rastro o cuando un objeto simplemente no aparece por ninguna parte. Sin embargo, muy pocos conocen que detrás de esa expresión existe una historia completamente real, protagonizada por un hombre que desafió los cielos en una época en la que volar parecía un acto de magia.

El nacimiento de la aerostática en Cuba

La fascinación de los cubanos por los globos aerostáticos comenzó mucho antes de Matías Pérez.

El 19 de marzo de 1828, durante las celebraciones por la inauguración de El Templete de La Habana, el aeronauta francés Eugenio Robertson realizó la primera ascensión en globo documentada en la isla. Aquel espectáculo reunió a miles de personas que contemplaron, con asombro, cómo un hombre lograba elevarse sobre la ciudad. Para una sociedad donde aún no existían los aviones y la tecnología moderna, aquello parecía un milagro.

El éxito fue tan grande que durante las décadas siguientes comenzaron a llegar otros aeronautas europeos, convirtiendo las ascensiones en uno de los mayores espectáculos públicos de La Habana colonial.

El hombre conocido como “El Rey de los Toldos”

Matías Pérez no nació en Cuba. Era un inmigrante portugués que llegó a La Habana durante la primera mitad del siglo XIX buscando oportunidades comerciales.

Gracias a su talento para fabricar marquesinas, lonas y toldos para comercios y viviendas, logró construir una próspera empresa ubicada en la calle Neptuno. Su prestigio fue tal que terminó siendo conocido por todos como “El Rey de los Toldos”, un apodo que todavía aparece en numerosas crónicas de la época.

Pero detrás del exitoso comerciante existía un hombre apasionado por la aventura.

La llegada de Eugène Godard cambió su vida

En 1856 arribó a Cuba el célebre aeronauta francés Eugène Godard, considerado uno de los mejores constructores y pilotos de globos de Europa.

Matías quedó fascinado con sus exhibiciones. No solo se convirtió en su amigo, sino también en su ayudante durante varios vuelos. Incluso ambos realizaron una ascensión juntos el 21 de mayo de 1856, experiencia que terminó de convencer al comerciante portugués de convertirse él mismo en aeronauta.

Poco después compró a Godard el famoso globo Ville de Paris, por una suma cercana a los 1,200 pesos, una verdadera fortuna para la época. Antes de despegar solicitó autorización oficial al capitán general de Cuba, José Gutiérrez de la Concha, tal como exigían las autoridades españolas.

El primer vuelo: un triunfo absoluto

El 12 de junio de 1856, Matías Pérez realizó su primer vuelo como propietario del globo.

Las condiciones meteorológicas eran ideales. Despegó desde el antiguo Campo de Marte, conocido también como la Plaza de Toros, en el lugar donde hoy se encuentra el Parque de la Fraternidad.

Miles de habaneros acudieron para presenciar el acontecimiento. La ciudad prácticamente se paralizó. Había música, vendedores, carruajes y una multitud que observaba cómo el enorme globo comenzaba a elevarse lentamente sobre los tejados de La Habana.

El recorrido fue completamente exitoso. Matías sobrevoló varios kilómetros y consiguió aterrizar cerca del Torreón de La Chorrera sin sufrir ningún incidente. La multitud lo recibió como un héroe y la prensa elogió su valentía.

El vuelo que nunca terminó

El éxito hizo que Matías quisiera repetir la hazaña apenas 17 días después.

El 29 de junio de 1856, volvió a preparar el globo para una nueva exhibición.

Desde horas antes, el viento soplaba con una intensidad preocupante. Los periódicos de la época señalaron que el despegue tuvo que retrasarse mientras muchos presentes intentaban convencerlo de cancelar el vuelo. Sin embargo, alrededor de las siete de la tarde decidió despegar.

Al principio todo parecía normal.

Pero el globo comenzó a ascender cada vez más alto.

Las fuertes corrientes de aire lo empujaron rápidamente hacia el norte, en dirección al estrecho de la Florida. Algunos pescadores afirmaron haberlo visto pasar cerca del Torreón de La Chorrera antes de perderse definitivamente en el horizonte. Ese fue el último avistamiento confirmado de Matías Pérez.

Una búsqueda sin respuestas

Las autoridades españolas organizaron inmediatamente una intensa búsqueda por las provincias de La Habana y Pinar del Río, esperando encontrar restos del globo o al propio aeronauta.

Nunca apareció absolutamente nada.

Ni el globo.

Ni la cesta.

Ni el cuerpo de Matías Pérez.

Ni una sola evidencia que permitiera reconstruir lo sucedido.

Las hipótesis más aceptadas sostienen que el viento arrastró el globo mar adentro, posiblemente sobre el estrecho de la Florida o el golfo de México, donde habría terminado cayendo al mar. Sin embargo, al no existir pruebas materiales, su desaparición continúa siendo uno de los mayores misterios de la historia cubana.

El nacimiento de una frase inmortal

Con el paso del tiempo, la tragedia dejó de recordarse únicamente como un accidente aeronáutico para convertirse en parte del folclore cubano.

Cada vez que una persona desaparecía inesperadamente o cuando algún objeto no podía encontrarse, comenzó a repetirse una frase que terminó atravesando generaciones:

“Voló como Matías Pérez.”

Más de siglo y medio después, la expresión sigue viva en el lenguaje popular, incluso entre personas que desconocen quién fue realmente el hombre que le dio origen.

Mucho más que una leyenda

Matías Pérez no fue un personaje inventado ni una simple anécdota del folclore.

Fue un inmigrante portugués que encontró prosperidad en Cuba, un comerciante exitoso, un apasionado de la innovación y uno de los primeros aeronautas de la isla. Su desaparición convirtió un hecho histórico en una de las expresiones más conocidas del español hablado en Cuba.

Quizás nunca sepamos exactamente qué ocurrió aquella tarde del 29 de junio de 1856, pero su nombre consiguió algo que muy pocas personas logran: permanecer vivo en la memoria colectiva de todo un país.

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