Cada segundo domingo de mayo, millones de cubanos celebran el Día de las Madres con flores, llamadas familiares, almuerzos, visitas al cementerio y recuerdos que atraviesan generaciones. Es una de las pocas tradiciones que ha sobrevivido intacta a todos los cambios políticos y sociales que ha vivido Cuba durante más de un siglo. Sin embargo, detrás de esa celebración tan arraigada existe una pregunta que todavía hoy sigue siendo motivo de debate histórico: ¿dónde comenzó realmente el Día de las Madres en Cuba?
Aunque muchas personas creen que existe una respuesta definitiva, la realidad es mucho más compleja. Varias ciudades cubanas reclaman haber sido las primeras en impulsar esta tradición, y cada versión posee elementos históricos que la sostienen. Puerto Padre, Santiago de Cuba y Santiago de las Vegas aparecen constantemente en las investigaciones relacionadas con el tema, convirtiendo el origen de esta celebración en una especie de rompecabezas histórico todavía abierto.
El origen moderno del Día de las Madres
Aunque la idea de honrar a las madres se remonta a civilizaciones antiguas como Grecia y Roma, el Día de las Madres moderno nació oficialmente en Estados Unidos a comienzos del siglo XX. La figura central de esta historia fue Anna Jarvis, una mujer profundamente afectada por la muerte de su madre en 1905. Convencida de que debía existir un día dedicado exclusivamente al reconocimiento del amor y sacrificio materno, comenzó una intensa campaña nacional enviando cartas a políticos, iglesias y organizaciones sociales.
Su esfuerzo terminó dando resultado en 1914, cuando el presidente Woodrow Wilson declaró oficialmente el segundo domingo de mayo como Día de las Madres en Estados Unidos. A partir de ese momento, la celebración comenzó a expandirse rápidamente por América y Europa. Iglesias protestantes, periódicos y asociaciones cívicas ayudaron a difundir la tradición, y Cuba, debido a sus estrechos vínculos culturales y económicos con Estados Unidos durante aquella época, no tardó en recibir esa influencia.
La Cuba republicana y el surgimiento de nuevas tradiciones
La Cuba de los años veinte era un país profundamente influenciado por las corrientes culturales estadounidenses. Después de la intervención norteamericana y la instauración de la República, crecieron las asociaciones fraternales, las logias masónicas, los clubes sociales y las iglesias protestantes. Todos esos espacios comenzaron a funcionar como centros de debate cultural y modernización social.
Fue precisamente en ese contexto donde surgieron las primeras celebraciones relacionadas con el Día de las Madres en la isla. Lo interesante es que no nacieron desde un único lugar, sino aparentemente desde distintos espacios al mismo tiempo, lo que explica por qué todavía hoy existen varias versiones sobre su verdadero origen.

Puerto Padre y la logia “Los Perseverantes”
La versión más conocida señala a Puerto Padre, en Las Tunas, como la verdadera cuna del Día de las Madres cubano. Según esta historia, el doctor Eduardo Kheirallá presentó en abril de 1920 una propuesta dentro de la logia masónica “Los Perseverantes” para dedicar un día especial a honrar a las madres cubanas. La iniciativa habría sido aprobada rápidamente y comenzó a celebrarse con homenajes locales y actos públicos.
Con el paso del tiempo, numerosos investigadores tuneros defendieron esta versión como el primer homenaje organizado oficialmente en Cuba dedicado específicamente a las madres. La importancia de esta historia también radica en el papel que tenía la masonería dentro de la sociedad cubana republicana. Las logias no eran solamente espacios rituales; funcionaban además como centros de pensamiento cívico, beneficencia y modernización social. Por eso no resulta extraño que una celebración de este tipo pudiera surgir precisamente allí.
Santiago de Cuba y las celebraciones bautistas
Sin embargo, Santiago de Cuba posee otra versión que algunos historiadores consideran incluso más antigua. Varias investigaciones sostienen que ya desde 1918 se realizaban homenajes relacionados con las madres dentro de iglesias bautistas santiagueras. Según esta línea histórica, algunas de esas celebraciones fueron organizadas por Sara Pais, media hermana de Frank País.
Aquí el origen del Día de las Madres no estaría relacionado con logias ni asociaciones civiles, sino con comunidades protestantes influenciadas directamente por costumbres religiosas estadounidenses. El oriente cubano mantenía una fuerte conexión con iglesias bautistas norteamericanas, por lo que muchas celebraciones culturales llegaron precisamente a través de esas congregaciones.
Esta teoría resulta especialmente interesante porque plantea que el Día de las Madres pudo haber comenzado primero como una celebración religiosa y familiar antes de convertirse en un acto cívico nacional.
Santiago de las Vegas y el monumento olvidado
La tercera gran versión sitúa el origen en Santiago de las Vegas, cerca de La Habana. Allí comenzaron a realizarse grandes homenajes públicos a las madres alrededor de 1920, y con el paso de los años la celebración ganó tanta fuerza que terminó convirtiéndose en una de las más visibles del país.
Lo más importante de esta historia es el monumento levantado en el Parque Martí de Santiago de las Vegas, considerado uno de los primeros monumentos dedicados a las madres en Cuba. La obra se convirtió en símbolo de aquellos homenajes y ayudó a consolidar públicamente la celebración.
Muchos investigadores consideran que este detalle fortalece la versión habanera, porque demuestra que allí existió una institucionalización temprana del homenaje a las madres. Sin embargo, con el paso del tiempo, gran parte de la memoria histórica relacionada con el monumento fue desapareciendo y hoy muchas personas desconocen completamente su significado.
La oficialización nacional de 1928
Más allá de cuál ciudad celebró primero el Día de las Madres, lo cierto es que la tradición se expandió rápidamente por toda la isla. En 1928, el Congreso cubano oficializó la celebración nacional siguiendo el modelo estadounidense y estableciendo el segundo domingo de mayo como fecha definitiva.
Desde entonces ocurrió algo verdaderamente curioso: el Día de las Madres logró sobrevivir intacto a todos los cambios políticos y sociales de Cuba. Sobrevivió a la República, a la dictadura de Batista, a la Revolución de 1959, al Período Especial y a la separación de millones de familias cubanas por el exilio. Pocas tradiciones han mantenido ese nivel de continuidad emocional dentro de la historia cubana contemporánea.
Anna Jarvis y la ironía de la historia
Uno de los detalles más sorprendentes de toda esta historia es que Anna Jarvis, la creadora del Día de las Madres moderno, terminó rechazando la celebración. Con el paso de los años comenzó a molestarse profundamente por la comercialización de la fecha y criticó duramente a las empresas de flores, tarjetas y regalos que transformaron el homenaje en un negocio.
Ella defendía un día íntimo y espiritual, centrado en el agradecimiento sincero hacia las madres. Paradójicamente, pasó buena parte de sus últimos años intentando combatir la misma celebración que había ayudado a crear.
Una tradición que todavía une a los cubanos
Quizás ahí está la verdadera razón por la que el Día de las Madres sigue teniendo tanta fuerza emocional dentro de Cuba y entre los cubanos emigrados. Porque incluso en medio de diferencias políticas, crisis económicas o distancias geográficas, todavía existe algo que logra unir emocionalmente a millones de personas al mismo tiempo: la figura de la madre.
La llamada telefónica desde otro país, la flor llevada al cementerio, la foto vieja guardada en un álbum familiar o simplemente el recuerdo de una madre ausente forman parte de una memoria colectiva que atraviesa generaciones enteras.
Y tal vez por eso nunca quedó completamente definido dónde comenzó realmente esta tradición en Cuba. Porque más allá de Las Tunas, Santiago o La Habana, el Día de las Madres terminó convirtiéndose en algo mucho más grande: una celebración profundamente cubana que pertenece emocionalmente a toda la nación.







