El 20 de octubre de 1868, la ciudad de Bayamo fue escenario de uno de los acontecimientos más significativos de la historia de Cuba. Tras la capitulación de las fuerzas españolas ante los independentistas encabezados por Carlos Manuel de Céspedes, los habitantes celebraron la victoria entonando una marcha patriótica que, con el tiempo, terminaría convirtiéndose en el Himno Nacional cubano.
Aquella composición, conocida como La Bayamesa, había sido creada musicalmente por Pedro Figueredo, conocido popularmente como Perucho. Sin embargo, aunque su melodía ya se había escuchado públicamente meses antes, fue durante aquella jornada cuando, según la tradición histórica, el pueblo la cantó por primera vez con los versos que la convertirían en símbolo de la independencia.
Bayamo, una victoria que dio voz a un himno
Los combates por Bayamo comenzaron el 18 de octubre de 1868. Durante los días siguientes, las fuerzas independentistas consiguieron imponerse a la guarnición española, comandada por el teniente coronel Julián de Udaeta, hasta alcanzar su capitulación el día 20.
La victoria convirtió a Bayamo en la primera ciudad importante ocupada por los insurrectos durante la Guerra de los Diez Años. En medio de las celebraciones, combatientes y habitantes que apoyaban la independencia se reunieron para festejar el triunfo, mientras una marcha patriótica comenzaba a adquirir un significado que trascendería aquella jornada.
La música de La Bayamesa había sido compuesta por Perucho Figueredo en 1867, a petición de otros conspiradores independentistas que deseaban contar con una marcha revolucionaria. El músico Manuel Muñoz Cedeño realizó su instrumentación y el 11 de junio de 1868 fue interpretada públicamente durante las celebraciones del Corpus Christi en la Iglesia Mayor de Bayamo.
Curiosamente, entre quienes escucharon aquella composición se encontraba Julián de Udaeta, el mismo jefe militar español que meses después tendría que rendir la ciudad. Según los relatos históricos, Udaeta sospechó del carácter revolucionario de la marcha y cuestionó su interpretación por considerarla demasiado guerrera.
Por tanto, el 20 de octubre no fue el estreno de la música, sino la fecha tradicionalmente reconocida como la primera interpretación popular de su letra, en un contexto de victoria independentista.
Una marcha que llamaba a luchar por la independencia
La letra original de La Bayamesa tenía seis estrofas de cuatro versos, aunque el Himno Nacional que conocemos actualmente conserva solamente las dos primeras.
Su contenido respondía directamente a las circunstancias de la guerra. No era una composición destinada a ceremonias oficiales, sino una exhortación a combatir por la independencia y a rechazar el dominio colonial español. Sus primeros versos estaban dirigidos a los habitantes de Bayamo, pero el mensaje terminó extendiéndose al conjunto del movimiento independentista.
La importancia de aquella interpretación radicaba precisamente en que sus palabras acompañaban una victoria real. Los cubanos que cantaban no celebraban una independencia definitivamente conquistada, sino un triunfo que alimentaba las esperanzas de alcanzarla.
Con el tiempo, aquella marcha se consolidó como uno de los principales símbolos de la nación cubana. Por su significado histórico y cultural, el 20 de octubre fue declarado oficialmente Día de la Cultura Cubana mediante el Decreto 74 del Consejo de Ministros, aprobado el 22 de agosto de 1980.
Perucho Figueredo en su caballo y la posible participación de Isabel Vázquez
Una de las escenas más conocidas sobre el nacimiento del himno presenta a Pedro Figueredo montado en su caballo Pajarito, mientras la multitud le pedía la letra de aquella marcha. Según la tradición, Perucho sacó papel y lápiz, escribió los versos y estos comenzaron a circular entre los presentes, que los copiaban y cantaban.
Sin embargo, esa versión ha sido cuestionada por testimonios históricos que sugieren que la letra pudo haberse elaborado meses antes. Uno de los más interesantes apareció el 5 de noviembre de 1897 en el periódico Diario Comercial, de Veracruz, México. Carlos Manuel de Céspedes y Céspedes, hijo del Padre de la Patria y yerno de Figueredo, recordó una reunión celebrada en marzo de 1868 en el ingenio Las Mangas.
Según su testimonio, Perucho interpretó una marcha al piano y fue su esposa, Isabel Vázquez Moreno, quien adaptó las palabras a la música. Céspedes hijo aseguró que Isabel tenía habilidades para escribir versos patrióticos, lo que ha llevado a investigadores como Mario Cobas-Sanz y Julio César Guanche a examinar su posible participación en la autoría del himno.
No obstante, existen interpretaciones diferentes. El historiador Eduardo Torres-Cuevas ha sostenido que Isabel pudo interpretar la letra e incluso aportar sugerencias, sin que ello demuestre que fuera su autora. Por tanto, la participación exacta de Isabel continúa siendo objeto de debate y no puede presentarse como un hecho definitivamente establecido.
Este testimonio también plantea dudas sobre la conocida escena del caballo. Si los versos ya existían antes del 20 de octubre, aquella jornada habría sido fundamentalmente el momento de su difusión pública y no necesariamente el de su composición.
La importancia histórica de la fecha, sin embargo, permanece intacta. Aquel 20 de octubre de 1868, Bayamo no solamente celebró la rendición de las fuerzas españolas. Sus habitantes convirtieron una marcha patriótica en un canto colectivo que terminaría identificando a toda una nación.
