El 31 de octubre de 1815 nació en Valencia, España, Mariano de Todos los Santos Martí Navarro, hijo de Vicente Martí Guillot y Manuela Navarro Beltrán. Procedía de una familia humilde y durante su juventud estuvo vinculado a los oficios de cordelero y sastre. Tuvo al menos dos hermanos, Vicente y Antonio, y entre sus familiares establecidos en Cuba se encontraba su primo Juan Martín Navarro.
A los 29 años, Mariano se incorporó al Ejército español. El 9 de diciembre de 1844 ingresó como artillero en Barcelona y el 14 de febrero de 1845 fue destinado a La Habana, donde comenzaría una nueva etapa de su vida. En aquellos años, Cuba permanecía bajo el dominio colonial español y el Ejército desempeñaba un papel fundamental en la defensa de los intereses de la Corona.
Mariano desarrolló su carrera militar en el Cuerpo de Artillería y alcanzó el grado de sargento primero. En 1850 participó en las operaciones españolas contra la expedición de Narciso López, quien había desembarcado en Cárdenas con el propósito de separar Cuba de España. Por su actuación recibió una gratificación de las autoridades coloniales. Algunas investigaciones también lo vinculan con las operaciones de 1851, aunque no existe suficiente información para precisar todas las acciones militares en las que intervino.
Matrimonio, hijos y dificultades familiares
Establecido en La Habana, Mariano conoció a Leonor Pérez Cabrera, natural de Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias. Contrajeron matrimonio el 7 de febrero de 1852 y el 28 de enero del año siguiente nació su primer hijo, José Julián Martí Pérez, en una vivienda de la calle Paula.

El matrimonio tuvo ocho hijos: José y siete mujeres, llamadas Leonor, Mariana, María del Carmen, María del Pilar, Rita Amelia, Antonia y Dolores. Varias de las hijas fallecieron antes de alcanzar la madurez, mientras que José fue el único varón de la familia.
En diciembre de 1855 Mariano obtuvo su licencia del Ejército y comenzó a desempeñar diferentes empleos civiles. Trabajó como celador de barrio, una responsabilidad relacionada con la vigilancia y el mantenimiento del orden público. En 1857, por problemas de salud, renunció a su cargo y decidió regresar temporalmente a España con su esposa y sus tres hijos mayores.
La familia permaneció aproximadamente dos años en territorio español, hasta que en junio de 1859 regresó a La Habana. Mariano volvió a trabajar como celador, aunque los cambios de empleo y los períodos de cesantía provocaron dificultades económicas.
Sin embargo, su situación no fue siempre de pobreza. A lo largo de los años también realizó operaciones de compraventa de inmuebles, participó en negocios y llegó a poseer pequeños comercios que le proporcionaron cierta estabilidad económica.
Sus empleos y la estancia en Hanábana
En 1862 fue nombrado capitán juez pedáneo de Caimito del Hanábana, en la actual provincia de Matanzas. Se trataba de una autoridad local encargada de determinadas funciones administrativas, policiales y judiciales. Mariano no era abogado titulado, sino un funcionario que ejercía atribuciones judiciales propias de aquel cargo.
Durante su estancia en Hanábana llevó consigo a su hijo José, que entonces tenía nueve años. El pequeño lo ayudaba con la escritura de documentos y conoció directamente la vida rural cubana. Desde allí escribió a su madre, el 23 de octubre de 1862, una de las primeras cartas suyas que se conservan.

La región estaba vinculada a la economía esclavista y al tráfico ilegal de personas procedentes de África. Durante aquella experiencia, José presenció situaciones que posteriormente recordaría como parte de su rechazo a la esclavitud.
Investigaciones recientes de la historiadora Marial Iglesias Utset han documentado que Mariano también recurrió a la propiedad y explotación económica de personas esclavizadas para sostener a su familia. Estos hallazgos amplían el conocimiento sobre sus actividades y sobre las condiciones materiales en que transcurrió la infancia de José Martí.
Después de su estancia en Hanábana, Mariano realizó otros trabajos y llegó a viajar a Honduras Británica, actual Belice, acompañado nuevamente por su hijo.
La educación de José y las diferencias con su padre

Mariano era un hombre de carácter fuerte, acostumbrado a la disciplina militar y preocupado por el sostenimiento de su numerosa familia. Como José era su único hijo varón, esperaba que comenzara a trabajar y contribuyera económicamente al hogar.
El joven, sin embargo, mostraba grandes aptitudes para el estudio, la literatura y la escritura. Su maestro Rafael María de Mendive reconoció aquellas capacidades y en 1866 obtuvo el consentimiento de Mariano para ayudarlo a continuar su formación académica.
Las diferencias entre padre e hijo aumentaron durante la adolescencia de José, especialmente por las necesidades económicas familiares y su creciente participación en actividades políticas. En 1868, con el inicio de la Guerra de los Diez Años, el ambiente político cubano se volvió especialmente tenso.
Mariano había servido al Ejército español y ocupado cargos dentro de la administración colonial, mientras que José comenzaba a identificarse abiertamente con la causa independentista. No obstante, la relación familiar no puede describirse únicamente como un enfrentamiento político, pues ambos mantuvieron vínculos afectivos que se hicieron especialmente evidentes durante los años siguientes.
El presidio de José Martí
En octubre de 1869, José Martí fue detenido por las autoridades españolas acusado de infidencia. Tenía dieciséis años y su procesamiento estuvo relacionado con una carta dirigida a un antiguo compañero de estudios que se había incorporado a las fuerzas españolas.
En marzo de 1870 fue condenado a seis años de prisión y enviado a realizar trabajos forzados en las canteras de San Lázaro. Allí sufrió las durísimas condiciones del presidio, especialmente por los grilletes que le provocaron heridas en las piernas.
Mariano visitó a su hijo durante el encarcelamiento. Según los relatos recogidos por sus biógrafos, al encontrarlo encadenado y observar sus lesiones, se abrazó llorando a sus piernas. Aquel episodio ha quedado como uno de los momentos más conmovedores de la historia familiar.
El padre realizó gestiones para conseguir que las autoridades aliviaran la condena y renunció a su puesto como celador del barrio Cruz Verde, en Guanabacoa. Finalmente, gracias a diferentes intervenciones, José fue trasladado fuera del presidio y posteriormente deportado a España en enero de 1871.
Mariano continuó ocupándose de su familia en Cuba, mientras José proseguía sus estudios y actividades intelectuales en territorio español.
El traslado de la familia a México
El 22 de abril de 1874 Mariano partió hacia México acompañado por su familia, con la intención de reunirse con José, quien no podía regresar libremente a Cuba debido a su destierro.
Se establecieron en Ciudad de México, donde Mariano volvió a enfrentarse a dificultades económicas. Para obtener ingresos, la familia realizó trabajos de sastrería y confección de artículos militares.
Durante aquella etapa Mariano estableció una relación con Manuel Mercado, un funcionario y político mexicano que posteriormente se convertiría en uno de los amigos más cercanos de José Martí. Mercado ayudó a la familia y facilitó oportunidades laborales, entre ellas la confección de arreos y mochilas destinados al Ejército mexicano.
José llegó a México en febrero de 1875, después de pasar por París y Nueva York. El reencuentro familiar estuvo marcado por la muerte reciente de Mariana, una de sus hermanas, fallecida en enero de aquel año.
Mientras José desarrollaba su actividad periodística y literaria en México, Mariano continuó trabajando para sostener a los suyos. Permaneció en aquel país hasta principios de marzo de 1877, cuando decidió regresar a Cuba. Llegó a La Habana el 7 de marzo.
Sus últimos años junto a José Martí
Durante los años siguientes, Mariano residió principalmente en Cuba. Su hijo continuó desarrollando una intensa actividad política e intelectual que lo llevó por distintos países hasta establecerse en Nueva York.
A mediados de junio de 1883, Mariano viajó a esa ciudad para reunirse con José. Permaneció junto a él aproximadamente un año, hasta principios de junio de 1884.
La correspondencia de aquella época muestra una relación más cercana entre ambos. José, que ya había alcanzado la madurez, reconocía los esfuerzos realizados por su padre y procuraba atenderlo durante su vejez.
En enero de 1887, cuando Mariano se encontraba gravemente enfermo, José escribió a su amigo Manuel Mercado una carta en la que reconocía cuánto había cambiado su manera de comprenderlo. En ella confesó que había aprendido con los años a venerar y amar a su padre, a quien no había sabido entender suficientemente durante su juventud.
También expresó una de las valoraciones más significativas que dejó sobre él:
«Cuanto tengo de bueno, trae su raíz de él».
Su muerte en La Habana
Mariano Martí Navarro falleció en La Habana el 2 de febrero de 1887, a los 71 años. Su muerte ocurrió cuando José Martí tenía 34 años y residía en Estados Unidos, dedicado a su trabajo periodístico y a la organización del movimiento independentista cubano.
La noticia afectó profundamente a José, quien el 28 de febrero escribió a su amigo Fermín Valdés Domínguez:
«Mi padre acaba de morir, y gran parte de mí con él».
Mariano fue un militar español, funcionario colonial, comerciante y padre de familia cuya existencia estuvo marcada por los cambios de residencia, el trabajo y las responsabilidades domésticas. Murió ocho años antes de que su hijo cayera en combate en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, sin llegar a presenciar la última etapa de su lucha por la independencia de Cuba.
¿Qué te pareció esta historia?

Deja tu comentario