Mucho antes de que los grandes complejos cinematográficos ofrecieran numerosas películas bajo un mismo techo, La Habana ya experimentaba con una fórmula semejante. En plena calle San Rafael, una de las arterias comerciales más concurridas de la capital cubana, funcionó un establecimiento que combinaba entretenimiento, información y tecnología cinematográfica.
Se trataba del Rex-Dúplex, un complejo integrado por dos salas que permitía al espectador escoger entre diferentes tipos de programación sin necesidad de desplazarse a otro edificio. Su historia comenzó en 1938, pero alcanzó un momento decisivo el 25 de octubre de 1947, cuando se inauguró la segunda sala y quedó conformado el conjunto que hoy se recuerda como el primer multicine cubano.
El cine Rex: noticias del mundo antes de la televisión
El 20 de julio de 1938, a las nueve de la noche, abrió sus puertas el cine Rex, ubicado en la calle San Rafael, entre Industria y Amistad. A diferencia de la mayoría de los cines habaneros, su principal atractivo no eran las películas de ficción, sino los noticieros cinematográficos, documentales, dibujos animados y cortometrajes.
En aquellos años, cuando todavía no existía la televisión cubana, las salas cinematográficas constituían una importante ventana hacia los acontecimientos internacionales. Los espectadores podían observar imágenes de ciudades extranjeras, sucesos políticos, avances científicos y acontecimientos deportivos que hasta entonces conocían principalmente por la prensa escrita y la radio.
El Rex ofrecía funciones continuas desde las once de la mañana hasta las once de la noche. La entrada costaba quince centavos hasta las cinco de la tarde y veinte centavos después de esa hora, lo que permitía disfrutar de una programación informativa y recreativa a un precio relativamente accesible.
La propuesta despertó curiosidad e incertidumbre. En su edición del 21 de julio de 1938, el periódico Diario de la Marina reseñó la inauguración y cuestionó si existía en La Habana suficiente público interesado en sostener un cine dedicado exclusivamente a ese tipo de producciones. Durante aquella primera función también participó Rita Montaner, una de las figuras más importantes de la cultura cubana.
Con el tiempo, el Rex encontró su público y se convirtió en un espacio para exhibir documentales nacionales sobre la historia, la geografía y las tradiciones de Cuba.

El 25 de octubre de 1947: nace el Rex-Dúplex
Nueve años después de la apertura del Rex, sus propietarios decidieron ampliar el negocio mediante la construcción de una segunda sala cinematográfica. El nuevo espacio recibió el nombre de Dúplex y fue inaugurado el 25 de octubre de 1947.

La diferencia fundamental estaba en la programación. Mientras el Rex mantenía su orientación hacia los noticieros, documentales y cortometrajes, el Dúplex se dedicaba principalmente a las películas de ficción. Ambos establecimientos compartían un vestíbulo común, aunque conservaban sus respectivos accesos y espacios de proyección.
Las reseñas históricas más difundidas atribuyen al Rex unas 750 butacas y al Dúplex aproximadamente 500, para un total de 1.250 espectadores. Sin embargo, otras fuentes arquitectónicas ofrecen cifras ligeramente diferentes, por lo que estas capacidades deben entenderse como aproximadas.
La nueva sala también incorporó comodidades que resultaban especialmente atractivas para la época, entre ellas aire acondicionado, un sistema acústico de calidad y una distribución interior concebida para mejorar la experiencia del público.
Aquella combinación de dos salas independientes, una administración compartida y diferentes alternativas cinematográficas anticipaba algunas de las características que décadas después identificarían a los multicines modernos.
Los empresarios y arquitectos detrás del proyecto
El Rex-Dúplex fue una iniciativa empresarial vinculada a la sociedad Vives & Compañía Ltd., cuyos propietarios eran Eduardo Vives Romagosa y José Rovira Rovira. Ambos también mantenían intereses en el sector de la publicidad cinematográfica, lo que demuestra que su actividad comercial no se limitaba a la explotación de salas de exhibición.

El proyecto arquitectónico estuvo a cargo de Luis Bonich, mientras que la decoración interior del Dúplex fue realizada por Manolo Álvarez. El arquitecto Pedro Palli participó en la ejecución de las obras, según documenta Juan de las Cuevas Toraya en su libro 500 años de construcciones en Cuba, publicado en 2001.
La ampliación exigió intervenir inmuebles existentes y adaptar los espacios para garantizar una buena visibilidad desde las butacas. El Dúplex contó con platea y balcón, aire acondicionado y un sistema acústico especialmente cuidado. Su entrada incorporó mármoles de Georgia y el vestíbulo fue reorganizado para permitir el acceso independiente a las dos salas.
El conjunto representaba una combinación de arquitectura comercial, tecnología y comodidad, en una época en la que las empresas cinematográficas competían por atraer espectadores mediante instalaciones cada vez más modernas.
Una inauguración acompañada de música clásica
Uno de los detalles menos conocidos de esta historia es que la inauguración del Dúplex incluyó una demostración musical para exhibir la calidad de su sistema de sonido. Según el libro Cronología del cine cubano, de Arturo Agramonte y Luciano Castillo, la empresa preparó una audición de aproximadamente treinta minutos con grabaciones de obras de Franz Liszt, Frédéric Chopin, Antonín Dvořák y Richard Wagner.
Entre las interpretaciones seleccionadas figuraban piezas ejecutadas por reconocidos músicos internacionales, como los pianistas György Sándor y José Iturbi, además del violonchelista Emanuel Feuermann.
La elección de aquel programa no fue casual. En una industria que había experimentado grandes transformaciones desde la llegada del cine sonoro, la fidelidad acústica se había convertido en un argumento comercial. Los empresarios querían demostrar que el público no solamente encontraría buenas películas, sino también condiciones técnicas capaces de mejorar la experiencia cinematográfica.
El acontecimiento quedó registrado en la prensa de la época. Un anuncio publicado el 26 de octubre de 1947 agradecía la asistencia del público a la inauguración celebrada el día anterior.
El Rex-Dúplex y la cultura cinematográfica cubana
Durante las décadas de 1940 y 1950, La Habana desarrolló una importante infraestructura de exhibición cinematográfica. Salas como el América, el Fausto, el Campoamor y el propio Rex-Dúplex formaban parte de una ciudad donde el cine ocupaba un lugar destacado en la vida cultural y comercial.
La arquitectura de estos establecimientos reflejaba diferentes corrientes modernas, especialmente el art déco y el racionalismo. La incorporación de aire acondicionado, mejores sistemas de proyección y asientos más cómodos transformó progresivamente la experiencia de asistir al cine. El Rex-Dúplex figura entre los complejos habaneros que introdujeron asientos reclinables, según investigaciones sobre la arquitectura cinematográfica de la capital.
Su importancia también estuvo relacionada con la diversidad de contenidos. El Rex ofrecía una programación informativa y documental, mientras el Dúplex permitía disfrutar del cine de ficción. Esta diferenciación ampliaba las posibilidades de elección del espectador y representaba una alternativa al modelo tradicional de las grandes salas con una sola programación.
La nacionalización y el cierre de las salas

Después del triunfo de la Revolución de 1959, el sistema de exhibición cinematográfica cubano experimentó profundas transformaciones. El Estado asumió progresivamente el control de las salas y de la distribución cinematográfica, dentro de un proceso de reorganización cultural que modificó el funcionamiento de una industria anteriormente integrada por numerosos empresarios privados.
Los cines Rex y Dúplex fueron nacionalizados, aunque continuaron ofreciendo funciones durante varias décadas. Su desaparición no ocurrió inmediatamente después de 1959, sino mucho tiempo más tarde, cuando el deterioro del inmueble y la crisis económica de los años noventa contribuyeron al cierre definitivo de ambos establecimientos.
Tras perder su función cinematográfica, el edificio tuvo diferentes usos y sufrió un progresivo abandono. En 2019, durante las iniciativas relacionadas con el aniversario 500 de La Habana, el inmueble fue destinado al proyecto cultural Habana Light, dedicado a recuperar la tradición de los anuncios luminosos de la capital.
Se realizaron trabajos en la fachada, incluido su característico reloj, aunque posteriormente se reportaron problemas de conservación. La información histórica consultada no permite confirmar el estado actual de todas las instalaciones ni que las antiguas salas hayan recuperado su función cinematográfica.
Un capítulo de la modernización de La Habana
La historia del Rex-Dúplex permite comprender una faceta de la Cuba republicana que suele quedar fuera de los grandes acontecimientos políticos: la evolución de sus empresas, sus espacios culturales y las innovaciones que transformaron la vida cotidiana.
Detrás de aquellas dos salas existieron inversiones privadas, proyectos arquitectónicos, trabajadores especializados y una apuesta comercial por ofrecer nuevas experiencias al público. El complejo no fue el primer establecimiento cinematográfico de Cuba ni el primer ejemplo mundial de salas múltiples, pero sí constituye un antecedente importante del modelo de multicine en el país.
El 25 de octubre de 1947, los habaneros pudieron disfrutar de dos programaciones cinematográficas independientes dentro de un mismo conjunto. Aquella posibilidad, hoy habitual en numerosos países, representaba entonces una propuesta novedosa en el panorama cultural cubano.
Casi ocho décadas después, el Rex-Dúplex permanece como parte de la memoria arquitectónica y cinematográfica de La Habana. Su historia recuerda que el desarrollo de una ciudad también puede estudiarse a través de sus cines, sus comercios y los lugares donde varias generaciones encontraron entretenimiento, información y nuevas formas de relacionarse con el mundo.
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