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Viví en el monstruo y le conozco las entrañas

ocas frases de José Martí han sido repetidas tanto como aquella que escribió a Manuel Mercado el 18 de mayo de 1895: «Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas». Con el paso del tiempo, la expresión ha sido utilizada para presentar a Martí como un pensador esencialmente contrario a Estados Unidos. Sin embargo, cuando se leen sus cartas, sus artículos y su actividad política en conjunto, aparece un pensamiento bastante más complejo.

Martí desconfiaba del expansionismo estadounidense y rechazaba que Cuba cambiara el dominio español por la anexión a Estados Unidos. Pero eso no significa que rechazara al pueblo estadounidense, su sociedad en bloque o incluso la posibilidad de mantener una relación estrecha con aquel país. De hecho, buena parte de su proyecto independentista fue organizada precisamente desde territorio estadounidense.

Martí conoció Estados Unidos desde dentro

Martí pasó una parte fundamental de su vida adulta en Nueva York. Allí observó de cerca las virtudes y contradicciones de aquella sociedad, desarrolló una extraordinaria carrera periodística, escribió para publicaciones de distintos países de América y utilizó la libertad que encontraba en Estados Unidos para defender públicamente la independencia cubana.

Nueva York también se convirtió en uno de los grandes centros de organización del independentismo. Allí apareció en marzo de 1892 el periódico Patria, fundado por Martí y estrechamente vinculado al proyecto del Partido Revolucionario Cubano. Desde Estados Unidos organizó emigrados, buscó recursos, pronunció discursos, escribió, conspiró contra el dominio colonial español y trabajó para reunir a los cubanos alrededor de la independencia.

Por eso resulta difícil comprender su pensamiento si Estados Unidos aparece solamente como un enemigo. Martí conoció profundamente aquel país y fue capaz de admirar determinadas características mientras criticaba otras.

Martí no quería la anexión de Cuba

Aquí su posición sí era clara. Martí aspiraba a una Cuba independiente, no a una Cuba española ni a una Cuba incorporada a Estados Unidos.

La famosa carta a Manuel Mercado, escrita en Dos Ríos el 18 de mayo de 1895, debe entenderse desde esa preocupación. Martí escribe que se encontraba diariamente «en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber» y explica inmediatamente cuál consideraba parte de ese deber: impedir que, aprovechando la situación cubana, Estados Unidos extendiera su influencia por las Antillas y desde allí sobre el resto de América.

Es dentro de ese argumento donde aparece la frase:

«Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas: y mi honda es la de David».

El «monstruo» no puede separarse de las líneas anteriores y posteriores. Martí está hablando del poder estadounidense que conocía desde dentro, de sus intereses políticos y económicos, de las corrientes anexionistas y del peligro de que la posición estratégica de Cuba terminara facilitando una expansión estadounidense sobre el Caribe y América Latina.

La carta es tan importante que frecuentemente ha sido presentada como una especie de testamento político de Martí. Pero incluso esa denominación es una interpretación historiográfica posterior. Para comprender realmente a Martí no basta con leer una carta, y mucho menos una sola oración.

Una carta de 1892 que complica la interpretación

Tres años antes aparece otro Martí que muchas veces queda fuera de la conversación. El 4 de agosto de 1892, al escribir a Gerardo Castellanos, explica la necesidad de evitar que la causa independentista se ganara innecesariamente la hostilidad estadounidense.

Martí escribe que no debían, por combatir innecesariamente el anexionismo, «captarnos la antipatía del Norte». Y agrega una afirmación extraordinariamente importante: los independentistas tenían la decisión de «merecer y solicitar, y obtener su simpatía», porque sin ella la independencia cubana sería «muy difícil de lograr y muy difícil de mantener».

No existe necesariamente una contradicción entre ambos textos.

Martí podía considerar peligroso el expansionismo estadounidense y, al mismo tiempo, comprender que una Cuba enfrentada abiertamente a Estados Unidos tendría enormes dificultades políticas, económicas y diplomáticas. Una cosa era rechazar la anexión; otra muy distinta era buscar la enemistad con el vecino del norte.

Su objetivo era una Cuba independiente capaz de relacionarse con Estados Unidos sin convertirse en una dependencia de Estados Unidos.

El mensaje que Martí quiso llevar a la prensa estadounidense

Hay otro documento todavía más revelador. El 2 de mayo de 1895, apenas dieciséis días antes de escribir a Manuel Mercado y diecisiete días antes de morir en Dos Ríos, Martí trabajó junto al corresponsal del New York Herald, George Eugene Bryson. Su propio diario registra aquel encuentro y señala que trabajó con el periodista hasta aproximadamente las tres de la madrugada.

De allí salió un manifiesto dirigido al director del New York Herald, firmado por Martí y Máximo Gómez. El periódico había ofrecido espacio para que los revolucionarios explicaran al público estadounidense las razones y objetivos de la guerra cubana.

El texto buscaba precisamente presentar la causa independentista ante Estados Unidos y el mundo.

Martí explicaba que Cuba quería ser libre para desarrollar plenamente sus capacidades y comerciar con los mercados naturales de América. Más significativo todavía resulta el lenguaje utilizado hacia Estados Unidos. Martí sostenía que una república estadounidense sensata debía preferir una Cuba independiente y amiga antes que favorecer intereses oligárquicos dentro de la Isla.

Incluso describía al futuro pueblo independiente cubano como un pueblo que apreciaría a Estados Unidos y estaría abierto a sus relaciones comerciales.

Eso fue escrito apenas semanas antes de «Viví en el monstruo».

Entonces, ¿Martí era antiamericano?

Definirlo simplemente de esa manera reduce excesivamente su pensamiento.

Martí fue un crítico severo de determinadas tendencias políticas estadounidenses, particularmente del expansionismo que podía amenazar la soberanía de Cuba y de América Latina. También realizó críticas sociales, económicas y culturales a aspectos de la sociedad norteamericana que conoció durante sus años en Nueva York.

Pero simultáneamente vivió allí, trabajó allí, publicó allí, organizó desde allí buena parte de la independencia, fundó allí el Partido Revolucionario Cubano y Patria, reunió a emigrados cubanos y consideró indispensable conquistar la simpatía estadounidense hacia la causa cubana.

No quería que Cuba perteneciera a Estados Unidos. Eso no equivale a querer una Cuba enemiga de Estados Unidos.

Precisamente ahí se encuentra una de las claves para comprenderlo: independencia sin anexión, pero también independencia sin aislamiento.

Martí no cabe dentro de una consigna

El problema comienza cuando tomamos una frase escrita en 1895 y pretendemos utilizarla como explicación absoluta de todo su pensamiento.

«Viví en el monstruo y le conozco las entrañas» es una frase poderosa porque Martí escribía con imágenes, símbolos y metáforas. Pero Martí dejó miles de páginas. Para comprender aquella oración hay que leer lo que escribió antes, lo que escribió después y, especialmente, lo que hizo durante aquellos años.

Quien lea solamente la carta a Mercado puede encontrarse con el Martí preocupado por el expansionismo estadounidense. Quien lea solamente el manifiesto al New York Herald puede encontrarse con el Martí que buscaba la simpatía estadounidense. Quien lea ambas cosas descubre algo mucho más interesante: un político que diferenciaba entre Estados Unidos como nación, su pueblo, sus instituciones y determinadas ambiciones de poder que consideraba peligrosas para Cuba.

Martí conocía las entrañas porque había vivido dentro de ellas.

Y quizás precisamente por conocerlas sabía que Cuba necesitaba dos cosas simultáneamente: impedir que Estados Unidos se convirtiera en su nuevo dueño y evitar que se convirtiera innecesariamente en su enemigo.

Reducir a Martí a «Viví en el monstruo» es sencillo. Entender por qué lo escribió requiere leerlo completo.

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