Cuando hoy se menciona Ayestarán en La Habana, lo más probable es que se piense primero en la conocida calzada. Sin embargo, el nombre de esa vía procede de Luis de Ayestarán y Moliner, un joven abogado habanero que se incorporó a la Guerra de los Diez Años, combatió junto a las fuerzas de Ignacio Agramonte, participó en la organización política de la República en Armas y murió ejecutado en 1870, cuando apenas tenía 24 años.
De una familia acomodada a la carrera de Derecho
Luis de Ayestarán y Moliner nació en La Habana el 16 de abril de 1846. Era hijo de Joaquín de Ayestarán y Diago y María Josefa Moliner y Alfonso. Su padre estuvo vinculado a la propiedad del ingenio azucarero La Amistad, de manera que Luis creció dentro de una familia con una posición económica favorable. Durante parte de su infancia recibió educación en Estados Unidos y, ya en Cuba, estudió en el colegio El Salvador, institución dirigida por José de la Luz y Caballero. Posteriormente cursó estudios universitarios y se graduó de abogado en la Universidad de La Habana.
Antes de marcharse a la guerra comenzó a ejercer su profesión junto al reconocido abogado José Morales Lemus, quien también terminaría desempeñando un papel importante dentro del independentismo cubano. Ese detalle permite entender mejor la situación personal de Ayestarán en 1868: tenía 22 años, estudios universitarios terminados y una carrera profesional que apenas comenzaba cuando decidió abandonar La Habana para incorporarse a una guerra que se desarrollaba a cientos de kilómetros de la capital.
Su incorporación a la Guerra de los Diez Años
La insurrección iniciada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 comenzó en Oriente y rápidamente se extendió hacia Camagüey y posteriormente Las Villas. Ayestarán salió para incorporarse al movimiento revolucionario el 20 de noviembre de aquel mismo año. Las biografías consultadas lo reconocen como el primer habanero que acudió a sumarse a las fuerzas libertadoras, aunque su incorporación efectiva se produjo después de varios contratiempos, hacia mediados de diciembre, en las cercanías de Nuevitas, Camagüey.
La condición de “primer habanero” debe entenderse dentro de aquel contexto. La guerra no había comenzado en La Habana y para un joven residente en la capital incorporarse al levantamiento implicaba conseguir salir del territorio controlado por las autoridades españolas y llegar hasta las regiones donde operaban los insurrectos. Ayestarán consiguió hacerlo apenas unas semanas después del inicio de la contienda.
De la manigua a la política de la República en Armas
Su participación en la insurrección no se limitó al campo militar. En marzo de 1869 formó parte de una comisión camagüeyana que debía entrevistarse con representantes de Las Villas para discutir la organización política que tendría el movimiento revolucionario. Las diferentes regiones levantadas contra España no compartían inicialmente una misma estructura de gobierno, y una de las grandes cuestiones de aquellos primeros meses consistía precisamente en establecer cómo se organizaría el poder dentro de los territorios insurrectos.
Aquellas conversaciones condujeron a la reunión de Tínima del 7 de abril de 1869 y formaron parte del proceso político que desembocó pocos días después en la Asamblea de Guáimaro. Allí se aprobó la primera Constitución de la República de Cuba en Armas y se estableció una estructura institucional para la revolución. Ayestarán quedó incorporado como miembro de la Cámara de Representantes, por lo que con apenas 23 años participaba tanto en la guerra como en las instituciones políticas creadas por los independentistas.
Los combates junto a Ignacio Agramonte
Su actividad política no significó que dejara de combatir. Las reseñas biográficas le atribuyen participación en un total de 23 acciones militares, muchas de ellas bajo las órdenes de Ignacio Agramonte. Entre las acciones documentadas se destaca el combate de Minas de Juan Rodríguez, en Guáimaro, ocurrido el 1 de enero de 1870.
Diversas fuentes presentan a Ayestarán con el grado de coronel del Ejército Libertador. Existe, sin embargo, una precisión documental que merece conservarse: una de las recopilaciones biográficas señala que obtuvo ese grado por su desempeño revolucionario, pero advierte que su nombre no figura en el escalafón conocido de coroneles del Ejército Libertador. Por ello, el grado aparece reiteradamente asociado a su biografía, aunque existe esa salvedad en la documentación militar disponible.
Una misión secreta en Nueva York
En mayo de 1870 la trayectoria de Ayestarán tomó un rumbo diferente. El día 8, la Cámara de Representantes decidió enviarlo a Nueva York para cumplir una misión descrita en las fuentes como secreta y delicada. El contexto estaba relacionado con las fuertes diferencias políticas que existían dentro de la propia revolución, especialmente alrededor de Manuel de Quesada, quien había sido destituido como general en jefe del Ejército Libertador y posteriormente enviado al exterior por Carlos Manuel de Céspedes.
Una de las versiones sostiene que Ayestarán debía neutralizar las gestiones que Quesada desarrollaba en Nueva York sin la aprobación de la Cámara. También circularon interpretaciones según las cuales la misión estaba relacionada con movimientos políticos contra la presidencia de Céspedes. Las fuentes no son completamente coincidentes sobre ese punto, por lo que resulta más preciso presentar el viaje como una misión política vinculada a las disputas internas de la República en Armas, además de las gestiones relacionadas con el apoyo exterior a la guerra.
Ayestarán no salió inmediatamente después de recibir el encargo. El 14 de julio de 1870 abandonó Cuba en una pequeña embarcación con destino a Nassau, en las Bahamas. Desde allí tomó el vapor Morro Castle y llegó a Nueva York el 29 de julio. Después de realizar sus gestiones, salió de Estados Unidos el 10 de agosto a bordo del vapor Magnolia y regresó a Nassau, desde donde debía preparar su retorno a Cuba.
El último viaje hacia Cuba
El 7 de septiembre de 1870 Ayestarán partió desde Nassau en la goleta Guanahaní. La embarcación transportaba armas y municiones destinadas a las fuerzas independentistas, pero el viaje se complicó cuando el 14 de septiembre sus tripulantes divisaron un buque español. Ante la posibilidad de ser capturados con el cargamento, arrojaron las armas al mar y buscaron la manera de alcanzar la costa cubana.
Los expedicionarios desembarcaron en Cayo Arenoso, entre Cayo Romano y la costa norte de Camagüey. Ayestarán consiguió internarse en Cayo Romano e intentó escapar de las fuerzas españolas que operaban en la zona, pero cuatro días después del desembarco, el 18 de septiembre, fue descubierto y hecho prisionero. Desde allí fue conducido bajo custodia hasta La Habana, la misma ciudad que había abandonado para incorporarse a la insurrección en 1868.
El juicio, la carta a su madre y la ejecución
Una vez trasladado a La Habana, Ayestarán fue sometido a juicio por las autoridades españolas. El 23 de septiembre de 1870 recibió la sentencia de muerte, que debía cumplirse al día siguiente. Durante esas últimas horas escribió una carta dirigida a su madre en la que expresó su tranquilidad ante la muerte y su convencimiento de haber actuado de acuerdo con su deber. La carta se convirtió posteriormente en uno de los documentos más citados al reconstruir sus últimos momentos.
La mañana del 24 de septiembre de 1870 se ejecutó la sentencia en las faldas del Castillo del Príncipe, en La Habana. Fuentes históricas como la obra de Rafael Morales y González, Hombres del 68, sitúan allí su muerte, mientras otras referencias posteriores especifican que fue ejecutado mediante garrote. Luis de Ayestarán tenía 24 años. Desde su incorporación a la insurrección en noviembre de 1868 hasta su ejecución habían transcurrido menos de dos años.
El origen de la Calzada de Ayestarán
El nombre de Ayestarán permaneció asociado a la historia independentista después de su muerte y, décadas más tarde, llegó a la nomenclatura de La Habana. Emilio Roig de Leuchsenring registró la vía como “Ayestarán, Calzada de” y señaló que llevaba desde 1904 el nombre de Luis Ayestarán y Moliner.
El acuerdo municipal tiene además una curiosidad. El 12 de diciembre de 1904 el Ayuntamiento de La Habana decidió cambiar el nombre de una vía que aparecía identificada como Martí o Gutiérrez de la Vega para homenajear al independentista, pero escribió su apellido incorrectamente como “Ayesterán”. Roig señalaría posteriormente el error y propondría conservar la denominación, pero con la escritura correcta: Ayestarán. De esa decisión municipal procede el nombre con el que terminaría siendo conocida la Calzada de Ayestarán.
La biografía del personaje continuó siendo objeto de investigación durante la República. En 1936, el historiador José Manuel Pérez Cabrera publicó Vida y martirio de Luis de Ayestarán y Moliner (1846-1870) bajo los auspicios de la Academia de la Historia de Cuba. El trabajo, de unas 80 páginas y acompañado de material documental, fue presentado originalmente como un discurso en la sesión solemne celebrada por la Academia el 10 de octubre de aquel año y constituye una de las investigaciones monográficas dedicadas específicamente a su vida.







