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José Martí: cónsul de tres naciones

José Martí pasó buena parte de su vida adulta intentando conseguir algo que todavía no existía: una Cuba independiente. Sin embargo, mientras su propia patria continuaba siendo colonia española, tres repúblicas latinoamericanas llegaron a confiarle oficialmente la defensa de sus intereses en Nueva York.

Uruguay, Argentina y Paraguay. Tres países sudamericanos representados, en distintos momentos y simultáneamente durante un período, por un cubano exiliado que ni siquiera había visitado esas naciones.

La historia parece contradictoria, pero dice mucho sobre el prestigio que Martí había alcanzado dentro de los círculos intelectuales y diplomáticos latinoamericanos de Nueva York.

Nueva York era mucho más que el lugar donde vivía

Martí se estableció definitivamente en Nueva York en 1880 y desde allí construyó una enorme red de relaciones con periodistas, escritores, comerciantes y diplomáticos latinoamericanos. No era todavía el Martí de Dos Ríos convertido en símbolo nacional; era un intelectual que necesitaba trabajar para vivir y que observaba de cerca una sociedad estadounidense en plena transformación.

Su conocimiento de Estados Unidos terminó convirtiéndose en uno de sus principales valores. Escribía sobre política, economía, tecnología, conflictos laborales, elecciones y costumbres estadounidenses para lectores de distintos países latinoamericanos.

Argentina es probablemente el mejor ejemplo. Desde 1882 comenzó a colaborar con La Nación de Buenos Aires. El propio periódico argentino recuerda que durante casi nueve años, entre 1882 y 1891, Martí actuó como corresponsal desde Nueva York y llegó a enviar varias colaboraciones mensuales. Lo curioso es que nunca estuvo físicamente en Argentina.

Uruguay fue el primero

La entrada de Martí en el mundo consular comenzó gracias a su amistad con Enrique Estrázulas, cónsul general de Uruguay en Nueva York. En 1884 Martí llegó a desempeñar interinamente funciones consulares durante una ausencia de Estrázulas. Aquello fue inicialmente temporal, pero le permitió conocer desde dentro el funcionamiento de un consulado.

El paso definitivo ocurrió el 16 de abril de 1887. El Poder Ejecutivo uruguayo lo designó oficialmente cónsul en Nueva York. La Cancillería de Uruguay conserva documentación sobre aquella etapa y sitúa su representación oficial desde esa fecha.

Y no era simplemente un título para adornar una tarjeta de presentación. Martí atendía problemas de ciudadanos, correspondencia oficial y asuntos comerciales. En 1888 redactó incluso una memoria consular en la que estudiaba detalladamente las relaciones comerciales entre Uruguay y Estados Unidos.

En cartas relacionadas con el consulado aparecen problemas muy cotidianos: viajeros que habían perdido sus pertenencias, ciudadanos que solicitaban ayuda y personas que llegaban buscando asistencia consular. Es decir, detrás del gran escritor también había un Martí ocupado con el trabajo práctico de una oficina diplomática.

Argentina llegó después

Para 1890 Martí ya era conocido entre numerosos lectores argentinos gracias a sus crónicas de La Nación. El vínculo intelectual terminó convirtiéndose también en vínculo oficial.

El 24 de julio de 1890, el gobierno argentino promulgó el decreto que lo nombraba cónsul en Nueva York, en sustitución de Adolfo G. Calvo. Y aquí existe un error repetido en algunas publicaciones: no fue Nicolás Avellaneda quien lo nombró.

El documento original está firmado por el entonces presidente Miguel Juárez Celman y por el ministro de Relaciones Exteriores Roque Sáenz Peña. El decreto es explícito: “Nómbrase Cónsul en Nueva York, á D. José Martí”.

El Centro de Estudios Martianos conserva además documentación procedente de la Embajada argentina relacionada con las actividades que Martí desarrolló como cónsul y con las circunstancias que posteriormente rodearon su renuncia.

Resulta llamativo que Argentina confiara su representación consular a un hombre que jamás había pisado Buenos Aires. Martí conocía el país a través de sus lecturas, correspondencia, amistades y relaciones periodísticas, mientras los argentinos llevaban años conociendo a Martí a través de sus textos.

Seis días después apareció Paraguay

La acumulación de cargos ocurrió con una rapidez sorprendente. El 24 de julio llegó el nombramiento argentino y la cronología martiana sitúa el nombramiento como cónsul de Paraguay el 30 de julio de 1890, apenas seis días después.

Martí ya mantenía contacto con figuras paraguayas. Unos meses antes había escrito desde Nueva York a José Segundo Decoud, importante intelectual y político paraguayo, comentando un libro que este le había enviado. Esa relación ayuda a entender que Paraguay tampoco apareciera de manera completamente accidental en su trayectoria.

Así se produjo una situación extraordinaria: Martí podía actuar en Nueva York en representación de Uruguay, Argentina y Paraguay mientras continuaba siendo un cubano expatriado cuya isla permanecía bajo soberanía española.

¿Cómo podía un hombre ser cónsul de tres países?

Porque el cónsul del siglo XIX no debe confundirse automáticamente con un embajador moderno. Buena parte de la actividad consular estaba relacionada con comercio, navegación, documentación y protección de los ciudadanos e intereses del país representado.

En una ciudad comercial internacional como Nueva York, además, resultaba valioso contar con alguien que dominara el inglés, conociera profundamente la sociedad estadounidense, tuviera relaciones entre la comunidad hispanoamericana y pudiera moverse entre comerciantes, periodistas y funcionarios.

Martí reunía muchas de esas condiciones. Su actividad periodística había hecho que su nombre circulara por América antes incluso de que comenzara a ocupar simultáneamente aquellos consulados.

El momento más importante de su carrera diplomática

Su relación con Uruguay llevó a Martí más allá del trabajo cotidiano de un consulado. A finales de 1890 fue escogido por ese país para representarlo como delegado ante la Comisión Monetaria Internacional Americana que se reunió en Washington en 1891.

Este punto es importante porque suele contarse incorrectamente que Martí representó allí simultáneamente a Uruguay, Argentina y Paraguay. No fue así. En la Comisión Monetaria su representación oficial era la de Uruguay.

Lo interesante es que las instrucciones uruguayas le pedían armonizar posiciones con los representantes de Argentina, Brasil y Paraguay. El asunto que se discutía era enorme: la posibilidad de avanzar hacia una moneda internacional americana y una mayor integración monetaria entre las economías del continente.

Martí escribió después sobre aquel debate. Para él no se trataba solamente de monedas; detrás de las relaciones económicas veía también relaciones de poder entre naciones. Su texto sobre la conferencia monetaria de 1891 es una de las piezas que permiten entender cómo vinculaba economía, soberanía e independencia política.

El problema: Martí también conspiraba por Cuba

Aquí aparece la contradicción inevitable. Martí podía representar oficialmente a países que mantenían relaciones diplomáticas normales con España, pero al mismo tiempo estaba dedicando cada vez más energía a organizar la independencia cubana frente a España.

Aquellas dos vidas terminaron chocando.

La documentación conservada por el Centro de Estudios Martianos señala que las actividades de Martí provocaron gestiones españolas ante las autoridades argentinas. Para un gobierno latinoamericano, tener como cónsul en Nueva York a uno de los principales organizadores de una revolución contra otro Estado con el que mantenía relaciones diplomáticas podía convertirse en un problema.

Por eso conviene tener cuidado con una simplificación frecuente: no todos sus cargos terminaron exactamente el mismo día. Las cronologías sitúan la salida de los consulados argentino y paraguayo en el contexto de 1891, mientras la Cancillería uruguaya establece oficialmente que Martí representó a Uruguay como cónsul hasta el 1 de marzo de 1892.

Para entonces su prioridad estaba cada vez más clara. En 1892 quedaría constituido el Partido Revolucionario Cubano y Martí concentraría sus esfuerzos en organizar la nueva guerra independentista.

Cónsul de países que nunca había visitado

Tal vez ese sea el detalle más curioso de toda la historia. Martí no necesitó conocer físicamente Uruguay, Argentina o Paraguay para establecer una relación profunda con ellos. En el caso argentino, La Nación confirma expresamente que nunca estuvo en el país, aunque escribió durante años para sus lectores.

Su América era en buena medida una América construida mediante libros, periódicos, correspondencia, amistades y contactos personales. Nueva York funcionó como un enorme punto de encuentro desde el cual Martí podía observar Estados Unidos y mantener comunicación permanente con distintas repúblicas latinoamericanas.

Y ahí está la paradoja que mejor resume esta etapa de su vida: antes de que existiera la República de Cuba, José Martí ya había recibido la confianza oficial de tres repúblicas americanas.

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