Cuando se habla de los hombres vinculados a la creación de los símbolos nacionales cubanos, el nombre de Miguel Teurbe Tolón suele aparecer reducido a una frase: fue el hombre que plasmó gráficamente la bandera concebida en el círculo de Narciso López y diseñó una primera versión del escudo. Sin embargo, detrás de esa descripción existe una figura bastante más compleja: poeta, dramaturgo, profesor, periodista, traductor, conspirador y exiliado político, pero también miembro destacado del movimiento anexionista cubano del siglo XIX.
Su vida fue además extraordinariamente corta. Las fuentes consultadas presentan discrepancias en algunas fechas de su biografía; EcuRed sitúa su nacimiento en Matanzas el 29 de septiembre de 1820 y su muerte allí el 16 de octubre de 1857. Otras referencias digitales ofrecen fechas diferentes, por lo que conviene advertir esa discrepancia. Para este artículo seguimos la cronología cubana de 1820-1857.
Un intelectual matancero con una formación poco común
Miguel Teurbe Tolón y de la Guardia nació en una Cuba que todavía estaba bajo dominio español y varias décadas antes del comienzo de la Guerra de los Diez Años. Desde joven recibió una formación amplia: estudió latín, retórica, ciencias naturales y filosofía, y aprendió inglés, francés e italiano. Esa preparación le permitió desempeñarse posteriormente en campos muy diferentes.
Fue intérprete de la Real Hacienda y ejerció como profesor de retórica, historia, inglés, filosofía y hasta esgrima. También enseñó Filosofía Natural en la Sociedad Filarmónica de Matanzas e impartió literatura en una escuela auxiliar de la Universidad de La Habana. En 1848 fue nombrado socio facultativo del Liceo Artístico y Literario de La Habana.
Su actividad intelectual no quedó limitada a las aulas. Participó activamente en el periodismo matancero, colaboró con publicaciones como Aguinaldo Matancero y llegó a ocupar la jefatura de redacción de La Aurora del Yumurí. Su interés por las letras también lo llevó al teatro: escribió Un casorio y Una noticia, piezas que fueron representadas en Matanzas.
Era, por tanto, mucho más que el dibujante al que décadas después se recordaría por la bandera cubana. Antes de cumplir los treinta años ya había construido una carrera vinculada a la enseñanza, la literatura y el periodismo.
De intelectual a perseguido político
La política terminó alterando completamente aquella trayectoria. A finales de la década de 1840, Teurbe Tolón se vinculó al movimiento separatista que buscaba terminar con el dominio español sobre Cuba. En 1848 abandonó la isla y se estableció en Estados Unidos, donde continuó desarrollando actividades políticas contra el gobierno colonial. Sobre él llegó a pesar una condena a muerte que años después sería anulada.
Nueva York se había convertido entonces en uno de los principales centros de reunión de emigrados cubanos. Allí Teurbe Tolón tuvo que reconstruir su vida. Dio clases, realizó traducciones y continuó escribiendo y trabajando como periodista. Llegó a encargarse de la sección hispanoamericana del New York Herald y escribió poesía en inglés publicada en Waverley Magazine. Parte de su producción poética aparecería posteriormente en El laúd del desterrado, publicado en Nueva York en 1858.
Pero aquella emigración no era solamente un círculo de escritores cubanos desterrados. También era un espacio de conspiración política.
El aspecto más incómodo de su biografía: el anexionismo
Es aquí donde la figura de Teurbe Tolón se vuelve especialmente interesante. No basta con describirlo simplemente como un precursor de la independencia cubana, porque ocupó el cargo de secretario de la Junta Cubana Anexionista de Nueva York y estuvo vinculado directamente al movimiento encabezado por Narciso López.
El anexionismo cubano de mediados del siglo XIX pretendía separar la isla de España, pero sectores de ese movimiento contemplaban posteriormente su incorporación a Estados Unidos. Eso lo diferencia del proyecto de una república cubana plenamente soberana que terminaría dominando las guerras independentistas posteriores.
Este contexto ayuda a entender por qué la historia de Teurbe Tolón no encaja perfectamente dentro de una narración lineal del independentismo cubano. Sin embargo, afirmar que se habla poco de él exclusivamente por haber sido anexionista sería ir más allá de lo que permiten demostrar las fuentes. Lo que sí puede documentarse es esa militancia y el contraste entre sus ideas políticas de aquel momento y el significado nacional que posteriormente adquirieron los símbolos en cuya creación participó.
Narciso López, Teurbe Tolón y el nacimiento de la bandera
La relación con Narciso López es precisamente la que terminó colocando a Teurbe Tolón en la historia de Cuba.
La bandera de la estrella solitaria surgió en 1849 dentro del ambiente conspirativo de los emigrados cubanos de Nueva York. Las fuentes atribuyen a Narciso López la concepción fundamental de la enseña y a Miguel Teurbe Tolón su plasmación gráfica. En aquel círculo participaron también otros emigrados, y Emilia Teurbe Tolón, esposa de Miguel, quedó asociada históricamente a la confección en tela de la bandera.
El resultado fue el diseño que conocemos: cinco franjas horizontales alternadas, tres azules y dos blancas, un triángulo rojo y una estrella blanca de cinco puntas.
Lo extraordinario es que aquella bandera nació antes de la Guerra de los Diez Años y en un ambiente político donde el anexionismo tenía una presencia evidente. Sin embargo, sobrevivió a Narciso López y al propio Teurbe Tolón. Durante la Asamblea de Guáimaro de 1869, en plena guerra contra España, la bandera de la estrella solitaria fue adoptada como enseña de la República de Cuba en Armas, mientras la bandera levantada por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua quedó preservada con un lugar de honor.
Así comenzó la transformación de su significado. Un símbolo nacido dentro de un movimiento político del exilio de 1849 terminó integrado al proyecto de una Cuba independiente.
También estuvo detrás del primer escudo
La bandera no fue la única contribución gráfica de Teurbe Tolón. En 1849 realizó también un escudo para el movimiento de Narciso López. Su finalidad inicial estaba relacionada con los documentos, despachos y bonos emitidos por aquel proyecto revolucionario.
Y aquí aparece un detalle fundamental: aquel escudo no era idéntico al actual Escudo de la Palma Real.
La composición original incluía elementos que posteriormente fueron eliminados y que podían asociarse con el contexto político anexionista de sus creadores. El diseño evolucionó hasta llegar al escudo nacional que conocemos actualmente, cuyas especificaciones fueron establecidas oficialmente durante la República.
Por eso, cuando observamos el grabado original de Teurbe Tolón, estamos viendo algo más que una versión antigua del escudo cubano. Estamos viendo una pieza política creada para un movimiento concreto de mediados del siglo XIX que posteriormente fue transformada y reinterpretada como símbolo nacional.
La paradoja de Teurbe Tolón
Ahí está probablemente la parte más interesante de toda su historia. Teurbe Tolón murió antes de la Guerra de los Diez Años, antes de Céspedes, Agramonte y Maceo como grandes figuras de las guerras independentistas, antes de Martí y más de cuatro décadas antes del nacimiento de la República.
Nunca vio una Cuba independiente.
Y, sin embargo, estuvo involucrado en la creación gráfica de dos símbolos que terminarían representándola.
La bandera concebida en el ambiente político de Narciso López sobrevivió a aquel movimiento, fue adoptada durante la lucha independentista y terminó ondeando oficialmente con el establecimiento de la República en 1902. El escudo también sufrió modificaciones importantes hasta convertirse en otro de los símbolos oficiales del Estado cubano.
Por eso resulta demasiado simple presentar a Teurbe Tolón solamente como un “independentista” o solamente como un “anexionista”. Fue un separatista contrario al dominio español que participó de una corriente anexionista concreta de su época. La historia posterior terminó otorgando a sus diseños un significado diferente y mucho más amplio que el contexto político en el que habían nacido.
El regreso a Matanzas
Después de varios años en Estados Unidos, su salud comenzó a deteriorarse. En agosto de 1857 pudo finalmente regresar a Cuba después de que fuera anulada la condena a muerte que pesaba sobre él. El regreso, sin embargo, llegó demasiado tarde. Según la cronología cubana que seguimos, murió en Matanzas el 16 de octubre de 1857, apenas unas semanas después de volver y con solo 37 años.
Su producción literaria continuó apareciendo incluso después de su muerte. Algunos de sus poemas fueron incluidos en El laúd del desterrado, publicado en Nueva York en 1858, de modo que su legado quedó repartido entre dos historias: la de las letras cubanas del siglo XIX y la de la construcción de los símbolos nacionales.
Miguel Teurbe Tolón resulta precisamente interesante porque su biografía rompe con una historia contada únicamente en blanco y negro. Fue intelectual y conspirador, escritor y dibujante, exiliado y anexionista. Y aquel hombre que murió con apenas 37 años terminó dejando su huella en dos imágenes que generaciones posteriores convertirían en representaciones de una Cuba independiente.







