Hubo una época en que decir Pijuán en Camagüey era hablar de industria, comercio, refrescos, licores, fósforos y emprendimiento. El apellido aparecía en botellas, cajas de fósforos, almacenes y anuncios publicitarios. También estaba presente en el lenguaje cotidiano de los camagüeyanos.
Sin embargo, con el paso de las décadas, aquella historia fue quedando relegada a la memoria de quienes alcanzaron a vivirla. Hoy, pocas personas recuerdan que detrás de una de las empresas más importantes del Camagüey republicano estuvieron cuatro inmigrantes catalanes que llegaron a Cuba con poco más que su capacidad de trabajo y terminaron construyendo un auténtico imperio industrial.
De Cataluña a Puerto Príncipe

La historia comienza con los hermanos José, Ramón, Hermenegildo y Joaquín Pijuán Ventura, originarios de Cataluña.
Como muchos inmigrantes españoles del siglo XIX, llegaron a Cuba buscando oportunidades económicas. Su recorrido por la isla fue largo. Pasaron por Baracoa, Guantánamo y Santiago de Cuba antes de establecerse definitivamente en Puerto Príncipe, la actual ciudad de Camagüey.
Fue allí donde encontraron el escenario ideal para desarrollar sus negocios.
En una ciudad que comenzaba a crecer económicamente gracias al comercio y a la actividad agropecuaria de la región, los hermanos Pijuán identificaron un mercado con enormes posibilidades de expansión.
La Moderna: el nacimiento de una industria
Durante la década de 1880 los Pijuán comenzaron la producción industrial de refrescos, una actividad todavía poco desarrollada en gran parte de Cuba.
Su primera fábrica recibió el nombre de La Moderna.

Los inicios fueron modestos. La producción comenzó en una pequeña cochera ubicada en la calle Los Pobres, hoy Padre Olallo. Sin embargo, el éxito llegó rápidamente.
La demanda obligó a trasladar las instalaciones en varias ocasiones. La empresa pasó por diferentes sedes hasta terminar ocupando un importante complejo industrial en la ciudad.
Cada mudanza reflejaba el crecimiento de una compañía que no dejaba de expandirse.
Para comienzos del siglo XX, los productos Pijuán ya formaban parte de la vida cotidiana de miles de cubanos.
La Piñita Pijuán y la conquista del mercado
Entre todos los productos elaborados por la empresa, ninguno alcanzó tanta popularidad como la Piñita Pijuán.
La bebida llegó a convertirse en una de las marcas más reconocidas de Cuba oriental y central. Durante las décadas de 1940 y 1950 era habitual encontrar sus botellas en escuelas, cafeterías, bodegas y pequeños comercios.
Muchos camagüeyanos de aquella época recordaban la Piñita Pijuán como una competencia directa de Coca-Cola.
La empresa producía además refrescos de naranja, limón, pera, fresa, melocotón, vainilla, cola champagne y otras variedades que lograron una amplia distribución por varias provincias cubanas.
En una época en que las marcas locales competían con grandes compañías internacionales, Pijuán logró construir una identidad propia y un fuerte vínculo con sus consumidores.
Mucho más que refrescos
Aunque los refrescos dieron fama a la familia, los Pijuán nunca limitaron sus negocios a una sola actividad.
Ramón Pijuán, con conocimientos de química, desarrolló fórmulas para la elaboración de rones, aguardientes y licores que alcanzaron una enorme popularidad.
La calidad de estos productos hizo que el apellido Pijuán trascendiera el ámbito empresarial para convertirse en parte del lenguaje popular.

En Camagüey comenzó a utilizarse la expresión “estar apijuanado” para referirse a alguien que había bebido demasiado.
Pocas marcas comerciales han logrado algo semejante: transformarse en una palabra incorporada al habla cotidiana de una ciudad.
La fábrica de fósforos y el empleo femenino
Uno de los proyectos más importantes de la familia fue la creación de una fábrica de fósforos alrededor de 1910.
Además de representar una importante fuente de ingresos, esta industria tuvo un impacto social notable.
La fábrica empleaba principalmente mujeres, algo relativamente poco común dentro de la industria cubana de la época.
Mientras muchas actividades productivas permanecían dominadas por trabajadores masculinos, la empresa abrió espacios laborales para numerosas camagüeyanas, convirtiéndose en una fuente de empleo estable para cientos de familias.
Un conglomerado empresarial camagüeyano
Con el paso de los años los Pijuán diversificaron cada vez más sus inversiones.
Además de los refrescos, licores y fósforos, participaron en negocios vinculados al tostado de café, almacenes de vinos españoles, importaciones comerciales y distribución de diversos productos.
También estuvieron involucrados en la creación de una importante compañía jabonera y licorera.
Para mediados del siglo XX, el grupo empresarial funcionaba como uno de los conglomerados privados más relevantes de la región.
Su influencia económica se extendía mucho más allá de las bebidas.
Camagüey presente en la Exposición Universal de París
El prestigio alcanzado por la empresa quedó demostrado en el año 1900, cuando enviaron varios de sus productos a la Exposición Universal de París.
Rones, aguardientes y otras elaboraciones producidas en Camagüey viajaron hasta Europa para formar parte de uno de los eventos internacionales más importantes de la época.
Aquello representó una vitrina extraordinaria para mostrar la capacidad productiva cubana y el desarrollo industrial que comenzaba a experimentar la isla.
El final de una época
La llegada del proceso revolucionario iniciado en 1959 cambió radicalmente el destino de la empresa.
Las fábricas, almacenes y demás propiedades fueron intervenidas y posteriormente nacionalizadas por el Estado.
Con ello desapareció la gestión privada de una familia que durante décadas había construido una de las marcas más reconocidas de Camagüey.
Lo que durante generaciones había sido una empresa familiar terminó absorbido por el nuevo modelo económico.
Poco a poco, muchos de aquellos productos desaparecieron del mercado y el apellido Pijuán comenzó a desvanecerse de la memoria colectiva.
Un legado que merece ser recordado
La historia de los Pijuán es también la historia de una parte importante del desarrollo económico de Camagüey.
Su legado no se limita a una fábrica de refrescos ni a una marca de bebidas. Representa el esfuerzo de una familia inmigrante que encontró oportunidades en Cuba y contribuyó al crecimiento industrial de una ciudad entera.
Pocas familias lograron convertir su apellido en tres cosas al mismo tiempo: una marca comercial, una expresión popular y un símbolo de identidad local.
Hoy, cuando muchos de sus edificios y productos han desaparecido, la historia de los Pijuán sigue siendo un recordatorio de una etapa de emprendimiento, innovación y prosperidad que dejó una profunda huella en Camagüey.







