Fechas Históricas

El secuestro del vuelo 482 por el Movimiento 26 de Julio

Por Elieser El Bayardo 5 min de lectura

El 5 de noviembre de 1958, cuando faltaban menos de dos meses para la caída del gobierno de Fulgencio Batista, un avión comercial Douglas DC-3 de Cubana de Aviación fue secuestrado durante un vuelo entre Manzanillo y Holguín, en el oriente de Cuba. La operación fue ejecutada por cinco jóvenes vinculados al Movimiento 26 de Julio, quienes consiguieron desviar la aeronave hacia una zona controlada por las fuerzas rebeldes de Raúl Castro.

El episodio, identificado como el secuestro del vuelo 482, formó parte de una serie de acciones contra la aviación comercial cubana durante los últimos meses de la guerra revolucionaria. Aunque en esta ocasión no se registraron víctimas mortales, la operación puso en peligro a pasajeros y tripulantes ajenos al conflicto armado y obligó a realizar gestiones humanitarias para facilitar su regreso.

La historia quedó documentada tanto en la prensa internacional de noviembre de 1958 como en un relato publicado posteriormente en la revista Bohemia, en septiembre de 1959.

Cinco jóvenes y una operación organizada

Los protagonistas del secuestro fueron Alberto Pérez, Marcos Suñe, Enrique Molina, Nidia Pérez y Consuelo Massó. Según una investigación que recoge el testimonio publicado por Bohemia el 6 de septiembre de 1959, los cinco recibieron instrucciones de la dirección de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en La Habana para apoderarse del DC-3 y conducirlo hasta el Segundo Frente Oriental Frank País.

La presencia de dos mujeres entre los cinco participantes constituye uno de los detalles menos conocidos de aquel episodio. No se trataba de una operación militar convencional contra instalaciones del ejército de Batista, sino de la toma de una aeronave destinada al transporte de pasajeros civiles, utilizada como instrumento dentro de la estrategia revolucionaria.

La orden atribuida a la estructura de Acción y Sabotaje permite situar el secuestro dentro de una operación organizada, aunque la documentación consultada no permite establecer con certeza qué dirigente específico autorizó personalmente la misión.

El vuelo que nunca llegó a Holguín

La aeronave estaba bajo el mando del capitán Armando Piedra, un piloto de 40 años que ya había vivido otro secuestro aéreo meses antes. El avión despegó de Manzanillo con destino a Holguín, transportando a 25 pasajeros y tres tripulantes, pero nunca llegó al aeropuerto previsto.

La revista estadounidense TIME, en su edición del 17 de noviembre de 1958, describió el aeropuerto de Manzanillo como una pequeña instalación marcada por los efectos de la guerra. La región oriental se encontraba entonces profundamente afectada por los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes, que controlaban territorios montañosos y algunas zonas rurales.

Durante el trayecto, los secuestradores tomaron el control del vuelo y obligaron a modificar su destino. La aeronave terminó aterrizando en territorio rebelde, dentro de la zona de operaciones del Segundo Frente Oriental Frank País, comandado por Raúl Castro. Al día siguiente, los rebeldes comunicaron que el avión y sus ocupantes se encontraban a salvo.

Un pasajero especialmente delicado: el hijo del general cantillo

Entre los ocupantes del DC-3 se encontraba Amado Cantillo, quien trabajaba como sobrecargo de Cubana de Aviación y era hijo del mayor general Eulogio Cantillo, uno de los principales mandos militares de Batista en la provincia de Oriente.

La presencia de Amado Cantillo añadía una dimensión política particularmente sensible al secuestro. Su padre dirigía fuerzas gubernamentales que combatían precisamente contra las tropas rebeldes en aquella región, por lo que el hijo de un alto jefe militar había quedado bajo control de los adversarios de su padre.

También viajaba a bordo un miembro de la Marina de Estados Unidos, circunstancia que introducía un elemento internacional en el incidente. Ambos detalles fueron destacados por TIME en su cobertura contemporánea.

La intervención de la Cruz Roja

Una vez confirmado que el avión había aterrizado en territorio rebelde, comenzó el proceso para gestionar el regreso de sus ocupantes. La situación era especialmente delicada porque los pasajeros y tripulantes habían quedado en una región donde el gobierno cubano no ejercía un control efectivo.

Según informó TIME, hacia mediados de noviembre los rebeldes mantenían negociaciones a través de la Cruz Roja para devolver a los pasajeros y miembros de la tripulación. Un registro histórico incorporado al Congressional Record estadounidense en 1977 señala que los 25 pasajeros fueron devueltos, aunque no precisa la fecha exacta ni las condiciones de su liberación.

A diferencia de otro secuestro ocurrido pocos días antes, el vuelo 482 no terminó en una catástrofe. Sin embargo, el aterrizaje sin víctimas no eliminaba la gravedad de lo sucedido: una aeronave civil había sido desviada por la fuerza y sus ocupantes habían quedado involuntariamente involucrados en una operación de guerra.

Un episodio poco conocido de la historia revolucionaria

El secuestro del vuelo 482 permite observar una dimensión menos difundida de la lucha revolucionaria cubana: el empleo de aeronaves comerciales y de sus ocupantes como parte de las operaciones contra el gobierno.

El hecho ocurrió el 5 de noviembre de 1958, según el relato publicado posteriormente en Bohemia, aunque algunas cronologías estadounidenses lo registran el 6 de noviembre, probablemente por la fecha en que se conoció o consignó el incidente. La documentación disponible no permite resolver definitivamente esa diferencia.

Los cinco participantes consiguieron llevar el avión hasta territorio rebelde sin provocar una tragedia como la del vuelo 495. No obstante, la operación dejó a 25 pasajeros y tres tripulantes expuestos a una situación de peligro, obligó a intervenir a la Cruz Roja y evidenció hasta qué punto la guerra había alcanzado también al transporte civil.

El secuestro del DC-3 de Manzanillo a Holguín constituye, por tanto, un episodio documentado de la historia de Cuba que debe estudiarse junto a las demás operaciones del Movimiento 26 de Julio, sin confundir los objetivos políticos de sus protagonistas con las consecuencias que sus acciones podían tener sobre la población civil.

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