Figuras y Personajes 13 de febrero de 1948

Laura Pollán: de las aulas cubanas a símbolo de la resistencia pacífica

Por Elieser El Bayardo 13 min de lectura

Una mujer de Manzanillo que dedicó su vida a enseñar

Laura Inés Pollán Toledo nació el 13 de febrero de 1948 en Manzanillo, en la antigua provincia de Oriente. Mucho antes de que su nombre apareciera en periódicos internacionales, había dedicado buena parte de su vida a la enseñanza, una profesión que consideraba su verdadera vocación.

Se formó en el ámbito del Español y la Literatura y trabajó como educadora durante décadas. Entre sus últimas responsabilidades profesionales estuvo la participación en los cursos de superación integral para jóvenes, programas educativos impulsados en Cuba para personas que habían abandonado los estudios o se encontraban desvinculadas del trabajo.

En una entrevista concedida años después, aseguró que, si volviera a nacer, elegiría nuevamente ser profesora. Aquella afirmación reflejaba una parte esencial de su personalidad, frecuentemente eclipsada por su posterior actividad política. Laura había construido su vida alrededor de las aulas, la familia y las responsabilidades cotidianas.

También disfrutaba de las plantas y los animales. En su hogar convivía con dos gatos, Ricky y Blacky, que adquirieron especial importancia durante los años en que su esposo permaneció encarcelado. Según testimonios recogidos en entrevistas biográficas, esperaba retirarse de la enseñanza para dedicar más tiempo a su casa y a una vida tranquila.

Había tenido una hija de una relación anterior y, ya en su madurez, contrajo matrimonio con Héctor Maseda Gutiérrez, ingeniero y periodista independiente. Cuando se casaron, Laura tenía aproximadamente 44 años y Maseda 49. Ambos llegaban a aquella unión con experiencias familiares anteriores y con una vida profesional ya desarrollada.

Nada parecía indicar que aquella profesora, que se acercaba a la edad de jubilación, terminaría encabezando un movimiento de mujeres reconocido internacionalmente.

Héctor Maseda y el comienzo de una nueva etapa

La trayectoria de Héctor Maseda también ayuda a comprender el cambio que experimentó la vida de Laura Pollán. Ingeniero de formación, Maseda había pertenecido al Partido Comunista de Cuba, pero terminó distanciándose del sistema político.

Según relató Laura en una entrevista, su esposo perdió la militancia comunista después de negarse a participar en actos de repudio contra personas relacionadas con el éxodo del Mariel de 1980. Aquella decisión, siempre de acuerdo con el testimonio de su esposa, tuvo consecuencias en su vida profesional y contribuyó a su posterior evolución hacia el periodismo independiente.

Con el tiempo, Maseda comenzó a desarrollar actividades periodísticas críticas con el Gobierno cubano. Su trabajo lo colocó entre las personas vigiladas y cuestionadas por las autoridades, en un contexto en el que la prensa independiente carecía de reconocimiento legal dentro de la isla.

Laura conocía las posiciones políticas de su esposo, pero no había desarrollado una trayectoria pública semejante. Su vida continuaba centrada en la enseñanza hasta que los acontecimientos de marzo de 2003 alteraron definitivamente el rumbo de la familia.

La Primavera Negra de 2003: el acontecimiento que cambió su destino

Entre el 18 y el 20 de marzo de 2003, las autoridades cubanas desarrollaron una amplia operación de detenciones contra periodistas independientes, bibliotecarios, activistas y opositores. Setenta y cinco personas fueron procesadas y condenadas a penas de entre seis y veintiocho años de prisión, en unos acontecimientos conocidos posteriormente como la Primavera Negra.

El Gobierno cubano justificó las detenciones alegando actividades contra la seguridad del Estado y vínculos con intereses estadounidenses. Sin embargo, organizaciones internacionales como Amnistía Internacional denunciaron que los encarcelados habían sido castigados por ejercer pacíficamente sus derechos de expresión y asociación.

Héctor Maseda fue uno de los detenidos y recibió una condena de veinte años de prisión. Laura tenía entonces 55 años y se encontró ante una situación que nunca había imaginado enfrentar. Comenzaron las visitas a instituciones oficiales, las gestiones ante las autoridades y la búsqueda de información sobre el paradero y las condiciones de reclusión de su esposo.

En ese recorrido coincidió con otras mujeres que atravesaban circunstancias semejantes. Eran esposas, madres, hijas y hermanas de los detenidos, que inicialmente se encontraban en instalaciones como Villa Marista para intentar obtener noticias de sus familiares.

Aquellos encuentros, surgidos de una necesidad compartida, terminaron convirtiéndose en el punto de partida de un movimiento que alcanzaría reconocimiento internacional.

Las Damas de Blanco: una protesta nacida del dolor familiar

En la primavera de 2003 comenzaron a organizarse las Damas de Blanco, una agrupación de mujeres que decidió reclamar públicamente la libertad de sus familiares encarcelados. Su forma de manifestarse se distinguió por la sencillez: vestidas de blanco, acudían a misa en la iglesia de Santa Rita de Casia, en Miramar, y posteriormente caminaban por la Quinta Avenida de La Habana llevando gladiolos en las manos.

El color blanco representaba la paz, mientras que las flores se convirtieron en uno de los símbolos del movimiento. Aquellas caminatas silenciosas ofrecían una imagen diferente de la protesta política tradicional, protagonizada por mujeres que reclamaban la liberación de esposos, hijos y hermanos.

Laura Pollán fue adquiriendo un papel central en la organización. Su experiencia como profesora, su facilidad para comunicarse y su disposición para acompañar a otras familias contribuyeron a consolidar el grupo. No fue una organización que naciera bajo el mando de una sola persona, pero con el tiempo Laura terminó convirtiéndose en una de sus principales portavoces y coordinadoras.

Las manifestaciones se desarrollaban en un ambiente de vigilancia y frecuentes tensiones con las autoridades. Sus integrantes denunciaron detenciones temporales, restricciones de movimiento, agresiones y actos de repudio. A pesar de ello, las marchas continuaron durante años y atrajeron la atención de periodistas, diplomáticos y organizaciones internacionales de derechos humanos.

Neptuno 963: la casa que se convirtió en refugio y centro de organización

Uno de los aspectos menos conocidos de la obra de Laura Pollán fue la transformación de su vivienda, situada en Neptuno 963, en Centro Habana, en un lugar de encuentro para las Damas de Blanco.

En aquella casa comenzaron a celebrarse los llamados Tés Literarios, reuniones en las que se leían cartas y poemas enviados desde las prisiones, se compartían noticias sobre los encarcelados y se organizaban actividades de apoyo a sus familiares. Los encuentros tenían lugar los días 18, 19 y 20 de cada mes, en recuerdo de las detenciones de marzo de 2003.

La vivienda también servía de alojamiento y acogida para mujeres que viajaban desde otras provincias. Muchas debían recorrer largas distancias para visitar a sus familiares presos o participar en las actividades del movimiento, por lo que disponer de un espacio donde reunirse y compartir información resultaba especialmente importante.

Laura no se limitaba a encabezar manifestaciones. Colaboraba en la identificación de periodistas encarcelados que necesitaban asistencia, mantenía comunicación con sus familiares y ayudaba a documentar problemas de salud y dificultades económicas relacionadas con las visitas penitenciarias.

El Comité para la Protección de los Periodistas reconoció posteriormente esa labor de coordinación y asistencia. Su trabajo cotidiano, menos visible que las caminatas dominicales, fue una de las contribuciones fundamentales para mantener unido al movimiento.

Los años de separación y la resistencia familiar

Durante el encarcelamiento de Héctor Maseda, Laura tuvo que afrontar prolongados períodos de separación. Según explicó en entrevistas, su esposo llegó a renunciar a determinadas visitas familiares y conyugales como protesta por las condiciones penitenciarias.

En una ocasión, las llamadas telefónicas de Maseda fueron trasladadas al domingo, precisamente cuando Laura participaba en las actividades de las Damas de Blanco. Ella relató que su esposo la animó a continuar asistiendo a las manifestaciones, aunque aquello significara perder oportunidades de hablar con él.

La separación también convirtió los pequeños detalles de la vida doméstica en elementos importantes de su rutina. Sus gatos, sus plantas y la correspondencia con su esposo formaban parte de una existencia dividida entre las responsabilidades personales y el creciente compromiso público.

Su actividad fue más allá de reclamar la libertad de Maseda. Con el tiempo, Laura asumió la defensa de otras familias y continuó trabajando por los presos incluso cuando comenzaron a producirse las primeras excarcelaciones.

El reconocimiento internacional y el Premio Sájarov

La perseverancia de las Damas de Blanco comenzó a recibir reconocimiento fuera de Cuba. En 2005, el Parlamento Europeo concedió al movimiento el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, uno de los principales reconocimientos internacionales dedicados a la defensa de los derechos humanos.

El premio fue otorgado a la organización en su conjunto, no exclusivamente a Laura Pollán, aunque su papel como representante del movimiento contribuyó a convertirla en una de sus figuras más conocidas.

Las restricciones de viaje impidieron que las representantes de las Damas de Blanco acudieran entonces a recogerlo personalmente. La entrega presencial no pudo realizarse hasta 2013, cuando integrantes del movimiento, entre ellas Laura María Labrada Pollán, hija de Laura, viajaron a Europa.

Mientras tanto, las marchas continuaron en Cuba. Organizaciones internacionales documentaron episodios de hostigamiento contra sus integrantes y denunciaron agresiones, amenazas y limitaciones al ejercicio de la protesta pacífica.

Laura también mantuvo contactos con representantes diplomáticos y defendió la necesidad de mantener abiertos los canales de diálogo. Esa disposición generó diferencias con algunos sectores opositores, pero formaba parte de su manera de abordar la situación de los presos.

La liberación de su esposo y una lucha que no terminó

En 2010 comenzó un proceso de excarcelación de los integrantes del Grupo de los 75 que todavía permanecían encarcelados. Las negociaciones involucraron al Gobierno cubano, la Iglesia católica y el Gobierno español, y permitieron la salida de numerosos detenidos, muchos de los cuales viajaron posteriormente a España.

Durante años, las Damas de Blanco habían mantenido la situación de aquellos presos en la atención internacional. Aunque las liberaciones fueron resultado de un proceso diplomático y político más amplio, la presión pública ejercida por las mujeres formó parte del contexto que precedió a aquellas decisiones.

Héctor Maseda recuperó la libertad en febrero de 2011, después de casi ocho años en prisión. Laura pudo reencontrarse con el hombre cuya detención había provocado su incorporación al activismo.

Sin embargo, no abandonó las Damas de Blanco. Continuó participando en sus actividades y defendiendo la necesidad de reclamar la libertad de otros presos políticos. Para entonces, su compromiso había dejado de depender exclusivamente de la situación personal de su esposo.

Apenas ocho meses después de aquel reencuentro, una grave enfermedad terminaría con su vida.

Octubre de 2011: la enfermedad y los últimos días de Laura Pollán

El 7 de octubre de 2011, Laura Pollán fue ingresada en el Hospital Calixto García de La Habana después de presentar fiebre, dificultades respiratorias y alteraciones importantes de la glucosa. Su esposo informó que sufría una inflamación pulmonar y una infección aguda que requerían atención especializada.

Durante los días siguientes, su estado se agravó. Se informó que el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí había solicitado muestras para identificar el agente infeccioso responsable de la enfermedad. Posteriormente circularon informaciones médicas y periodísticas que mencionaban el virus respiratorio sincitial y, en algunos reportes, dengue tipo 4.

Laura necesitó ventilación mecánica, transfusiones y tratamientos para enfrentar las complicaciones respiratorias. También padecía diabetes, una condición que podía aumentar el riesgo de complicaciones ante una infección grave.

El 14 de octubre se informó que había sido sometida a una traqueotomía. Aquella misma noche, a las 7:50, falleció a los 63 años.

El doctor Armando Elías González Rivera, identificado como jefe de cuidados intensivos del Hospital Calixto García, explicó que había presentado una neumonía asociada al virus respiratorio sincitial, una sobreinfección bacteriana y una insuficiencia respiratoria aguda. Según la versión médica difundida, recibió tratamiento con antibióticos, antivirales y ventilación artificial, pero su estado continuó deteriorándose.

Su muerte provocó numerosas reacciones dentro y fuera de Cuba. También dio lugar a sospechas y acusaciones que comenzaron a circular entre algunos opositores y personas cercanas al movimiento.

Las sospechas sobre su muerte: pinchazos, infecciones y versiones contradictorias

Las dudas sobre las circunstancias de su fallecimiento no aparecieron únicamente años después. Durante su hospitalización ya circulaban denuncias relacionadas con posibles agresiones contra integrantes de las Damas de Blanco.

Algunos testimonios afirmaban que determinadas mujeres habían sentido pinchazos durante actos de hostigamiento y que posteriormente habían presentado problemas de salud. A partir de aquellas denuncias surgió la sospecha de que pudiera haberse utilizado algún agente infeccioso contra participantes del movimiento.

El periodista independiente Carlos Ríos Otero difundió informaciones relacionadas con esas acusaciones, mientras que otros comunicadores denunciaron las presiones que enfrentaban quienes investigaban o divulgaban tales versiones.

Sin embargo, las denuncias de pinchazos y las sospechas de una inoculación deliberada nunca fueron acompañadas de pruebas clínicas públicas concluyentes que demostraran que Laura Pollán hubiera sido infectada intencionalmente.

Otro elemento que alimentó los cuestionamientos fue la información médica difundida durante su hospitalización. Algunos reportes mencionaron dengue tipo 4, mientras que la explicación ofrecida después de su muerte se concentró en el virus respiratorio sincitial, la neumonía y la sobreinfección bacteriana.

Estas diferencias generaron interrogantes entre personas cercanas a la oposición, aunque no constituyen por sí mismas una prueba de irregularidad. En medicina, los diagnósticos iniciales pueden modificarse a medida que avanzan las pruebas y se obtiene información más precisa sobre una enfermedad.

La periodista Mary Anastasia O’Grady abordó el asunto en un artículo publicado poco después del fallecimiento. En su análisis señaló que, según declaraciones atribuidas a Berta Soler, el certificado de defunción mencionaba diabetes tipo II, bronconeumonía y virus sincitial. También cuestionó la ausencia de una autopsia independiente que permitiera examinar las circunstancias de la muerte.

La falta de una evaluación forense independiente fue uno de los elementos utilizados por quienes reclamaban una investigación más profunda. No obstante, esa ausencia tampoco demuestra que se produjera un asesinato.

Hasta donde permite establecer la documentación pública consultada, no existe una conclusión forense independiente que confirme que Laura Pollán fue envenenada, infectada deliberadamente o asesinada por orden de las autoridades cubanas.

Lo que sí está documentado es que había sufrido hostigamiento durante su actividad pública, que murió después de una enfermedad respiratoria grave y que su fallecimiento provocó sospechas que no pudieron ser verificadas de manera concluyente.

La distinción resulta fundamental para reconstruir su historia: las acusaciones forman parte del contexto de su muerte, pero no pueden presentarse como hechos demostrados.

El legado de una mujer que encontró su causa a los 55 años

Después de su fallecimiento, Berta Soler asumió el principal liderazgo de las Damas de Blanco. El movimiento continuó desarrollando actividades y enfrentando nuevas dificultades, mientras el nombre de Laura Pollán permaneció asociado a sus primeros años de organización.

Su contribución no se encuentra principalmente en libros publicados, cargos institucionales o una carrera política tradicional. Su obra fue esencialmente social y cívica: ayudó a organizar una red de mujeres, contribuyó a establecer una forma de manifestación pacífica reconocible internacionalmente y convirtió su propia vivienda en un espacio de encuentro y solidaridad.

También dejó un ejemplo de participación femenina en la historia política cubana contemporánea. Muchas integrantes de las Damas de Blanco no procedían de organizaciones opositoras, sino de familias que comenzaron a movilizarse después de las detenciones de marzo de 2003.

Laura Pollán había dedicado décadas a enseñar y esperaba disfrutar de una jubilación tranquila. Sin embargo, el encarcelamiento de su esposo la llevó a iniciar una etapa completamente distinta cuando tenía 55 años. Durante los ocho años siguientes pasó de las aulas a las manifestaciones, de las responsabilidades familiares a las reuniones con diplomáticos y periodistas, y de una vida relativamente anónima a convertirse en una figura conocida internacionalmente.

Su muerte, ocurrida el 14 de octubre de 2011, dejó interrogantes que continúan formando parte de los relatos sobre sus últimos días. Pero su trayectoria no puede explicarse únicamente a través de aquellas sospechas.

Laura Pollán Toledo fue una profesora que comenzó reclamando la libertad de su esposo y terminó ayudando a organizar un movimiento de mujeres que alcanzó reconocimiento internacional. Su historia quedó vinculada a las marchas de Santa Rita, a los gladiolos blancos y a una casa de Centro Habana donde las preocupaciones de numerosas familias encontraron un espacio común